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Se trata de un museo monográfico, dedicado al pintor, grabador y escultor abstracto francés Pierre Soulages, uno de los más representativos de la corriente del Tachismo, que es conocido también como el pintor del ultranegro. Nacido en la ciudad francesa de Rodez, donde se sitúa el museo, éste se llevó a cabo a pesar de su oposición inicial al proyecto, aceptando finalmente la realización, al asumir los mentores y patrocinadores, el compromiso de que junto a su obra, se expondrían así mismo creaciones de artistas contemporáneos, dando al contenido del nuevo museo, la vida que busca en sus obras y realizaciones. A pesar de ello, el edificio intenta establecer una sintonía con la obra del artista, acentuando aspectos como las entradas de luz, los matices cromáticos que contrastan con los lienzos, sus obras de papel, metal, tinta, tela, cartón, óleo… y las atmósferas oscuras, presentes en las realizaciones, con las que alcanzó su mayor fama. El museo permite realizar un recorrido a través de las distintas salas por las obras escogidas que el autor ha desarrollado a lo largo de la vida profesional.


En el año 2008 se convocó un concurso internacional, en el que participaron arquitectos de la talla mundial como Kengo Kuma y Paul Andreu y del que salieron ganadores RCR Arquitectes, un estudio de Olot formado por Rafael Aranda, Carme Pigen y Ramón Vilalta.


El museo ubicado un parque céntrico de Rodez, de forma almendrada, está muy próximo a la parte vieja de la ciudad y a la catedral gótica. El edificio flanquea la avenida de más tráfico y con mayor entidad urbana de la ciudad, alejándose de la Avenida Victor Hugo que es más peatonal y que se encuentra a mayor cota. Su posición, es inmejorable, dominando la ciudad con su forma volumétrica, en donde el paisaje y las montañas de Aveyron enmarcan su emplazamiento.


Un gran espacio público que precede el acceso al museo. La parcela tiene 7.500 m2 y construidos hay cerca de 6.100 m2, en los que se recogen además de las obras de arte del artista, auditorios, talleres, una librería y un café-restaurante de un chef local con gran prestigio. En el proyecto colocado paralelamente al Boulevard antes citado, se introducen cinco piezas perpendiculares de diferentes alturas que generan un ritmo interesante en fachada. Es un edificio poroso, ya que cuenta con un acceso que lo atraviesa y que conecta las dos calles, la avenida superior y la inferior. A pesar de los volúmenes independientes, el conjunto tiene un marcado carácter horizontal. Éstos módulos allá donde superan la pendiente del terreno, se proyectan en voladizo hacia el paisaje, reduciendo así su impacto visual sobre el parque. Su intención era que el edificio interfiriera lo menos posible en el entorno, que no lo modificara.


 El museo está recubierto por una piel de vidrio y por placas de acero corten de entre 8-10 mm de grosor y con juntas de 6, que con su pátina de óxido y el paso del tiempo, entablan una profunda relación con el entorno. Llama la atención la pequeña dimensión de la junta para alturas que llega a los 14 metros. El sistema constructivo es preciso y complejo. Las superficies en el interior aparecen brillantes y pulidas, dejando el acero a la vista con unos patrones variables. Las obras sobre estas paredes se cuelgan con imanes. La estructura de las salas se basa en unas jácenas de hormigón situadas cada 1,80 m que dejan una ventana abierta a las vistas exteriores. Este sistema permite una gran flexibilidad expositiva y un sistema lumínico sin transición. Los matices cromáticos que se producen tanto en el interior como en el exterior, evocan en cierta manera la pintura de Soulages.


La relación entre el interior y el exterior es un elemento clave en todos los proyectos de RCR. Traer el afuera a dentro. Crear espacios que no puedan darse dentro de edificios, espacios donde la gente pueda sentir el paso del tiempo y de los fenómenos meteorológicos durante el día, que puedan ver de qué manera la lluvia o la luz cambian. Es por eso que colocan múltiples lucernarios en las intersecciones de las piezas rectangulares, y grandes ventanales, para que la luz natural esté presente en todo el edificio. Como resultado se consiguen espacios y superficies con un marcado contraste entre luz y oscuridad, atmósferas serias y sombrías, que proporcionan un lugar óptimo para la exposición de sus obras de arte.


Ahinoa RUIZ ALFAGEME

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