Imprimir
Hotel Marqués de Riscal. Fotografía realizada por Beatriz Estefanía

Bodega y Hotel Marqués de Riscal

  • 1858 - 2006
  •  
  • BELLSOLA, Ricardo
  • GEHRY, Frank Owen
  • Ampliación   2003 - 2006
    A pesar de que erróneamente en muchas ocasiones se habla de Frank Gehry como el arquitecto de la Bodega Marqués de Riscal se debe aclarar que dicho arquitecto fue el encargado de realizar el hotel que se sitúa junto a dicha bodega formando lo que se denominó "la ciudad del vino"
  •  
  • Elciego. Euskadi-País Vasco (Álava/Araba)
  • España
imagenes/16766_1.jpg imagenes/16767_1.jpg obras/8908_8.jpg imagenes/16772_1.jpg imagenes/16760_1.jpg imagenes/16763_1.jpg imagenes/16762_1.jpg imagenes/16761_1.jpg imagenes/16759_1.jpg imagenes/16773_1.jpg obras/26015_8.jpg imagenes/16774_1.jpg obras/26014_8.jpg obras/26016_8.jpg obras/26017_8.jpg imagenes/16764_1.jpg imagenes/16768_1.jpg obras/26018_8.jpg obras/26105_8.jpg imagenes/16770_1.jpg obras/26109_8.jpg obras/26108_8.jpg obras/26107_8.jpg obras/26110_8.jpg imagenes/16765_1.jpg obras/26106_8.jpg obras/25953_8.jpg obras/26011_8.jpg obras/26012_8.jpg

Herederos del Marqués de Riscal es la bodega más antigua de La Rioja, aunque ahora está dispuesta a ser la más moderna. Sobre la antigua bodega de 1853, esta marca se ha convertido en pionera en la idea de combinar el espacio de producción con un espacio para el ocio.


Situada en la localidad alavesa de Elciego, la nueva obra acabada en el 2007, se ubica en un lugar elevado, al lado las antiguas bodegas, ocupando un lugar prominente frente a la parte antigua de dicha localidad. No se trata de un edificio para pasar desapercibido, sino de una referencia visual, de “recordatorio pop” en forma de zepa, que contrasta con la imagen tradicional de la villa. Este edificio emblemático, de hormigón, acero inoxidable y titanio, tiene una fuerte carga expresiva, en claro contraste con las edificaciones existentes y el paisaje circundante.


 El edificio de Gehry no tiene nada que ver en la elaboración del vino, se trata de un mero artefacto con el que publicitar su producto y crear una nueva cultura turístico-arquitectónica. De hecho, el edificio es particularmente llamativo. El programa que desarrolla, hace de él un lugar para el disfrute del vino, ya que además de un hotel, dispone de un spa de vinoterapia, restaurante y un centro para acoger salones y reuniones que complementan el resto de instalaciones propias de las bodegas.


 Al igual que sucede en el Museo Guggenheim de Bilbao, Gehry se sirve de un esqueleto metálico que posteriormente viste con placas de titanio para crear formas con un carácter de sugerencia máximo.


El edificio se levanta sobre uno de los almacenes de las bodegas, ofreciéndonos un enorme collage de bultos, alas y voladizos, de una volumetría muy accidentada, que se eleva sobre tres grandes patas, dando una increíble sensación de movimiento. Con su brillante piel metálica coloreada, recordando a las botellas de la casa “el rosa del vino, el plateado de la tapa y el dorado de la fina malla”, el elemento más característico del edificio es su revestimiento. Dicho revestimiento en voladizo de formas sinuosas, cumple una doble función: enmarca las vistas desde las estancias y protege a éstas de la insolación directa. Cada planta es diferente, altamente irregular y disminuye en dimensión a medida que se asciende en vertical, permitiendo unas espectaculares vistas en todas las plantas, de los viñedos, la Sierra de Cantabria y el mismo pueblo de Elciego.


La complicada geometría del edificio, con destacados y “arriesgados” voladizos,  fuerza una solución estructural híbrida en el que se combina acero, hormigón armado y sistemas de hormigón postensado. Las tres columnas que albergan las escaleras y ascensores, son los tres únicos pilares del edificio, y no sólo conducen las cargas verticales a la cimentación, sino que además confieren la estabilidad lateral y la resistencia ante las cargas horizontales. 


Tanto sus formas, como su compleja materialidad edificatoria, hace del edificio un reclamo desde todos los puntos de vista.


Diego SÁNCHEZ VALLE


 

Subir