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En medio de un gran complejo dedicado a la investigación, en el que se encuentran más de media decena de telescopios, hay uno que destaca por encima del resto: la Torre Einstein. Se trata de un observatorio astronómico diseñado por Erich Mendelsohn, y constituye una de las obras más representativas del expresionismo arquitectónico. Su inauguración en 1924 contó con la presencia del famoso físico al que da nombre, y tenía como finalidad estudiar el sol y aportar pruebas que validasen su teoría de la relatividad.


 Aunque la arquitectura expresionista fue individualista y, generalmente, carente de dogmas, se pueden establecer una serie de criterios aplicables al edificio de Mendelsohn, como son: la distorsión de las formas para crear emoción, la búsqueda de la originalidad, una temática romántica de los fenómenos naturales o la concepción artística de la arquitectura, entre otros. Teniendo en cuenta estas características propias del expresionismo del siglo XX, la Torre Einstein surge como un edificio dinámico, sin ornamentos, que aparenta haber sido moldeada en un único material maleable, fluido y orgánico. Rápidamente se convirtió en un ejemplo paradigmático de una arquitectura novedosa y funcional, la quintaesencia del expresionismo arquitectónico. La sorpresa viene al analizar el edificio en cuanto al material utilizado, ya que no es en absoluto de hormigón como mucha gente piensa. En 1920, el cemento era escaso y caro en Alemania, de modo que la torre se levantó en ladrillo, aunque si hay determinados elementos estructurales realizados en hormigón.


El observatorio juega hoy un importante papel en la preparación de nuevos experimentos y para probar instrumentos que serán utilizados en modernos telescopios solares.


Adrián LOPEZ

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