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CURTIS, W., "Mitos nacionales y transformaciones clásicas" en La arquitectura moderna desde 1900. Edit. Phaidon. Hong Kong. 2006.


Pág.134-135. " El ayuntamiento de Estocolmo (1909-1923), de Ragnar Ostberg, también afronta el problema de la retórica cívica, empleando para ello un vocabulario de un carácter tradicional genérico. Se trataba de un eclecticismo simplificado que evocaba varios modelos urbanos e institucionales pertinentes de la historia de la arquitectura. El edificio se organizaba como una extensa manzana perforada por patios y colocada sobre una plataforma entre la ciudad y el mar, con una torre perturbadora y afilada de ladrillo marrón en una de las esquinas. La torre estaba coronada por una delicada aguja, una ingeniosa remodelación de una forma tradicional usada en varios períodos de la arquitectura sueca, y visible en varias metamorfosis anteriores, en la irregular silueta circundante de Estocolmo. El Ayuntamiento combinaba el tipo de palazzo público medieval italiano con algunas vagas evocaciones de Venecia,  y sin embargo contenía numerosas alusiones a las tradiciones vernáculas suecas en su volumetría, sus detalles y su ejecución. Estos gestos democráticos que son la amplia arcada y el patio abierto que comunica el lado urbano con el agua, quedan reforzados por la inexistencia de una axialidad dominante en planta. El patio está tratado como un espacio de distribución en el que al visitante se le orientaba sutilmente hacia un tramo lateral de escaleras, flanqueado por terres diagonales, antes de pasar al interior. Aunque el proyecto de Ostberg era rico en episodios decorativos y denso en imágenes locales, mantenía pese a todo un claro sentido de orden general. Las ventanas, los muros y los perfiles se reducían y se ampliaban para realzar la vida escultórica de las formas primarias".


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FRAMPTON Kenneth., Historia crítica de la  Arquitectura Moderna. Gustavo Gili. Barcelona, 1987.  


Pág.194-204. Inicialmente, el romanticismo nacionalista fue tan corriente en Suecia como en Finlandia, particularmente en la obra del arquitecto Gustaf Ferdinand Boberg, que fue responsable, en el parque de bomberos de Gävle, de la introducción en Escandinavia de la obra de Richardson. Sin embargo, en general, los arquitectos suecos fueron incapaces de transformar este gusto neorrománico en un estilo nacional convincente. Y algo similar ocurrió en Dinamarca, donde el ayuntamiento de Copenhague, neomedieval y de gran aceptación popular, construido por Martin Nyrop en 1892, seguía anclado complacientemente en una clase historicismo sumamente ecléctico pero de éxito, totalmente indiferente a la convicción y al integridad del ejemplo heroico de Richardson. En realidad los suecos y los daneses sólo fueron capaces de lograr una auténtica revitalización estilística nacional una vez que el impulso principal del movimiento cultural nacionalista ya había pasado, especialmente el Ayuntamiento, a modo de Castillo, de Estocolmo (1909-1923), de Ragnar Östberg, y en la iglesia protoexpresionista de Grundtvig, en Copenhague, de P.V. Jensen- Klinit en 1913, pero no realizada hasta 1921-1926.

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