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Interior

Museo Nacional de Arte Romano en Mérida

  • 1980 - 1986
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  • MONEO VALLÉS, Rafael
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  • Mérida (Badajoz)
  • España
obras/36069_8_33010202.jpg obras/36069_66.jpg imagenes/3970_1_33010215.jpg imagenes/3971_1_33010216.jpg imagenes/3939_1.jpg imagenes/3948_1.jpg imagenes/3951_1.jpg

Este edificio juntaba ruinas reales con otras metafóricas, remontándose hasta la anatomía estructural de la arquitectura antigua. Mérida se encontraba en el cruce de dos importantes vías romanas. En los comienzo del Imperio se habían construido en ella teatros, acueductos y un largo puente. El museo estaba separado del teatro y el anfiteatro por una vía, y se levantaba encima de los restos excavados de la ciudad antigua, que eran visibles en el sótano. La forma general del edificio se basa en hacer evidente la solidez de la fábrica. Se han adoptado al pie de la letra sistemas de construcción romanos a base de muros y arcos de ladrillo.


 El acceso se realiza por un cuerpo autónomo que alberga en sus distintos pisos los servicios públicos del museo así como la administración. El edificio del museo está definido por la relación dialéctica entre la estructura de los muros y los recorridos que los van atravesando, configurándose en la planta baja un enorme vacío longitudinal, creado por una secuencia de gigantescos arcos de medio punto, que otorga el carácter monumental y emocionante al espacio interior. El proyecto se apoyaba en la repetición insistente de unos muros paralelos de hormigón recubiertos de ladrillo romano, que estaban perforados por arcos de distintos tamaños y rematados por lucernarios industriales y cubiertas de teja. El resultado era una sala noble y espaciosa, donde la perspectiva de los arcos principales, con las filas de soportes en escorzo, centraba la atención en unas estatuas de mármol blanco, fragmentos antiguos y objet trouvé de la columna clásica. Las distancias eran difíciles de calibrar y el efecto de ilusión espacial quedaba dramatizado por un rayo de luz que caía sobre el muro del fondo, procedente de una fuente de luz “invisible”A uno de los lados, unos forjados de hormigón cortaban la estructura principal proporcionando niveles superiores de menor escala para la exhibición de joyería, alfarería y mosaicos, con las ventanas, las puertas y las barandillas de acero tosco. La iluminación natural, se consigue de diversas maneras para lograr diversas atmósferas dentro de la homogeneidad espacial.


 Los muros aparecían en el exterior como una hilera de contrafuertes en escorzo. La entrada estaba marcada por un arco en el ala lateral.Para los puristas de la estructura, los arcos de hormigón camuflados del Museo de Mérida resultaban inconvenientes, pero la intención de Moneo era evocar asociaciones de ideas con las construcciones antiguas, más que explicar las realidades constructivas de su propia época. El edificio se apoyaba en una serie de analogías y traslaciones en torno a los temas básicos de la ingeniería romana y la repetición de arcos aludía a los acueductos, las termas, los puentes y los contrafuertes situados bajo los teatros antiguos. En este caso el museo se concibió como una caja de resonancia de la historia local que también se hacía eco de fuentes más remotas y de los restos arqueológicos de la región. Moneo obvió las referencias al clasicismo académico, así como la imaginería gráfica superficial de la arquitectura postmoderna, estableciendo para ello un riguroso control formal y tectónico, y oscilando adelante y atrás entre lecturas abstractas y figurativas de la tradición.


 La geometría del museo estaba girada unos cuantos grados con respecto al trazado de la calle romana que pasa por debajo y esto acentuaba el contraste entre lo nuevo y lo viejo. En estas partes subterráneas, los arcos eran más compactos, más numerosos y menos regulares que arriba; estaban bañados por una débil luz de ultratumba. El resultado era como una cisterna antigua, aunque también venía a la mente Kahn y Piranesi. El enfoque de Moneo era ecléctico en todo el sentido de la palabra, tomaba imágenes e ideas de varios períodos y las fundía o las juntaba en un collage.


 El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, no encajaba fácilmente en su entorno inmediato, sino que aludía a un contexto en un sentido mucho más amplio. La lectura de un lugar y sus capas de memoria implicaba una excavación imaginativa de las fases de la civilización en el pasado.

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