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Ayuntamiento de Mondragón

  • 1755 - 1764
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  • CARRERA, Martín de
  • CARRERA, Martín de
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  • Arrasate - Mondragón (Gipuzkoa)
  • España
imagenes/7245_1_36020749.jpg imagenes/7246_1_36020750.jpg imagenes/7247_1_36020751.jpg imagenes/7248_1_36020752.jpg obras/36995_25_36020749.jpg obras/36995_26_36020750.jpg obras/36995_27_36020751.jpg obras/36995_28_36020752.jpg obras/36995_8_33021123.jpg

El actual Ayuntamiento de Arrasate-Mondragón fue proyectado en el año 1755 por Martín de Carrera. La parte fundamental de la obra ya estaba terminada en 1764, pero para la inauguración oficial del edificio hubo que esperar hasta 1766. El motivo que subyace para cambiar su antigua sede municipal sita en el nº21 de la Calle Iturrioz, es la falta de decencia que ésta tenía para recibir las Juntas Generales de la Provincia e incluso para ser ayuntamiento de la villa. Los protagonistas de tal cambio se lamentaban de que el antiguo ayuntamiento no poseía archivos, le faltaban cárceles y no cumplía debidamente las funciones de alhóndiga.


Para llevar a efecto la construcción de la nueva casa consistorial en el lugar actual, el ayuntamiento compró varias casas y solares, pidiendo un impuesto especial en forma de sisa con objeto de pagar el gasto establecido. Así la nueva casa consistorial se sitúa en uno de los lados de la plaza, frente a la iglesia parroquial de San Juan Bautista, sobre el solar de dos parcelas trazadas en época medieval.


Tenemos noticias de la inicial intervención en el proyecto de Ignacio de Ibero, quien realizó una primera traza en torno a 1750, pero a las autoridades municipales la propuesta de Ibero les pareció demasiado reducida para las pretensiones que tenía el consistorio. Fue Martín de Carrera quien tras presentar las trazas en 1755, se hizo cargo del proyecto de construcción del nuevo edificio, que contaría con “las cárceles, oficinas, picadería, alhóndigas para peso real, mesón, avitación del alcaide, carcelero, taverna de vino blanco navarro y demás generosos….”. Al parecer se trató de una adjudicación directa, puesto que se tenía cierta prevención hacia la subasta pública del proyecto: “para que no entraran muchos ignorantes sin otra reflexión que durante la obra no les falte de comer y dicha traza necesita mucha pericia y práctica”.


El edificio de dura piedra caliza procedente de las canteras locales, tiene una planta rectangular. El alzado principal de la fachada que da a la plaza, está compuesto por una planta baja porticada y dos alturas sobre ella. El frente dispone de cinco grandes arcos algo rebajados y uno abierto a cada lado de las calles laterales. A estos cinco arcos frontales corresponden en fachada cinco paños separados por pilastras gigantes, anchas y sencillas que llegan hasta la cornisa del alero, enmarcando cada uno de los paños de la composición. Ya la primera planta desarrolla al exterior la jerarquía interior de los espacios, buscando de esta manera una correspondencia interior-exterior. La decoración se concentra sobre todo en los tres cuerpos centrales, que son aquellos que corresponden a la sala de juntas del ayuntamiento. Los tres balcones comparten una misma balconada decorada de ricos herrajes que sirven como barandilla común. Los vanos de este balcón central se encuentran así mismo más ricamente decorados que los otros dos cuerpos laterales, con frontones curvos rematados con elementos decorativos como jarrones o ánforas, teniendo las jambas de estos balcones, finos elementos ornamentales. Incluso la proporción o distancia entre las pilastras de esta parte central del edificio es menor que en los paños laterales.


Esta acentuación de la centralidad, con respecto a la lateralidad de los otros paños se ve potenciado por el potente escudo de la localidad, realizado con piedra blanca de Salvatierra (Alava) por el joven hijo del arquitecto Manuel Martín de Carrera, costeando su gasto un vecino de Mondragón.


La prolongación ornamental del paño central, alcanza al potente escudo que con su gran tamaño rompe la horizontalidad del alero, abriéndose un espacio triangular a modo de frontón, acentuando además el carácter compositivo de la fachada.


Los dos paños de los extremos, no poseen el carácter representativo de ese bloque central, y se completan en sus dos alturas con balcones individuales, rematados por un putti en caso del piso inferior y por un balcón con frontón triangular ligeramente arqueado en el superior. Completa el edificio en fachada, los dos grandes huecos ovalados que se encuentran a los laterales del escudo central.


El pórtico de arcos carpaneles está recubierto en el interior por bóvedas de aristas. En el grueso muro de piedra sillar del fondo se abren ventanas y la puerta principal al edificio. La organización interna es sencilla, a los laterales se encuentran las distintas estancias administrativas que escoltan el espacio central de carácter representativo compuesto por las escaleras de acceso al Salón de plenos. La escalera principal se divide tras un descansillo en dos tramos. El hueco de la misma se cierra con una elegante bóveda de ladrillo colocada sobre pechinas que tiene forma oval y se encuentra decorada. La magnífica barandilla que acompaña la escalera de acceso al Salón principal que cuenta con casi 127,9 metros cuadrados y cuyo techo fue restaurado en 1928.


En la obra destacan los importantes motivos decorativos centrados sobre todo en fachada (molduras, volutas, puttis alados, frontones partidos, rocalla, modillones de fuerte acento geomético, festones rococós, rocallas, cartelas, contornos biselados de distintas proporciones, roleos, triglifos, placados,… y de forma especial la magnífica decoración de rejería en balcones y escaleras debida a Rafael de Amezua.


El edificio de marcado carácter francés, nos muestra que el autor se mueve entre dos lenguajes arquitectónicos que se desarrollan en este tiempo, como son el barroco clasicista y el academicismo de corte neoclásico. El interior sufrió una profunda rehabilitación a finales del siglo XX a cargo del arquitecto Miguel Garay.

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