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En la carretera A-124 Vitoria-Logroño, en su paso por la localidad alavesa de Samaniego, se encuentra las nuevas instalaciones de las Bodegas Baigorri. Como otras muchas bodegas familiares conservadas durante generaciones en la Rioja – Alavesa, Jesús Baigorri toma el testigo de su padre en 1987, acomodando y acondicionando la bodega a los nuevos tiempos, cuidando las condiciones higiénicas y de asepsia. Las modificaciones realizadas en la antigua bodega, ubicada en la Calle Caminos de Baños s/n de Villabuena (Alava), permitió conseguir un vino de calidad, de cosechero, pero las limitaciones de espacio impedían optar a metas más altas.


En este proyecto destaca la estrecha colaboración entre el arquitecto y el dueño de las bodegas. Tras arduas charlas,llegaron a la conclusión de que su principal objetivo sería que el proceso de elaboración fuese lo más natural posible, por lo que la gravedad primó por encima de la maquinaria pesada que se usa hoy en día en la mayoría de bodegas. Y no hay mejor frase que la de su creador para definirlo: “He asumido el reto más difícil de mi vida: crear un referente enológico mundial, donde arquitectura y enología supeditadas entre sí, contribuyan a elaborar nuestros grandes vinos de Rioja Alavesa”.


 Este nuevo proyecto se acomete con criterios encaminados a conseguir la calidad por encima de todo. En un período dilatado de estudio y elaboración del proyecto, se cuestionaron todos los aspectos de los sistemas de elaboración tomando la gravedad como aliado, evitando la utilización de bombas, tolvas, maquinaria en general etc. donde la uva puede salir dañada.


 El edificio se construye respetando al máximo su entorno natural y su implantación en el paisaje, para lo que se adapta a la fuerte pendiente de la orografía, de manera que la mayor parte de él, se encuentra soterrado, adoptando una posición sumisa y de respeto al medio donde se enclava. La única parte que sobresale es una especie de pabellón miesiano completamente acristalado de 5 m de altura, sobre una lámina de agua, que a modo de faro se erige en referencia de la zona y hace las veces de recibidor a las múltiples visitas que recibe la bodega cada año, desde el cual las vistas son inmejorables.


Por debajo del nivel de recepción de la uva, se construyen cinco niveles que corresponden al proceso de elaboración del vino, mostrando el proyecto una muy coherente claridad compositiva, sometiendo la arquitectura completamente a su función.


 Según comenzamos a descender plantas, resulta sencillo comprender a que obedece un edificio soterrado de tal envergadura, pero tan diáfano a la vez. Todo el proceso de elaboración se realiza en torno a la gravedad, de manera que al igual que nuestra visita, las uvas se introducen en la bodega desde el piso superior, y van siendo direccionadas hasta las plantas inferiores donde concluirán almacenadas para su curación.


 Esta parte del edificio, esta realizada completamente de hormigón armado visto, el cual permite crear un espacio lo suficientemente abierto como para poder realizar las distintas tareas que el vino precisa en su creación. Los distintos niveles de este enorme espacio, se muestran al exterior mediante de una especie de terrazas escalonadas.


El proyecto es el resultado de la implantación de un sistema productivo para la elaboración del vino, que pretende integrarse al entorno atractivo que ofrece el paisaje vinícola característico de la Rioja Alavesa.

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