Inprimatu

Gaudi y su amigo el constructor Josep Bayó i Font, que también sería responsable de la obra de la Casa Milá, recibieron el encargo de reestructurar un edificio de dimensiones modestas situado en una parcela rectangular del paseo de Gracia, ya convertido en arteria principal de la ciudad. En esos mismos años, en esta calle se construyeron la mayoría de los edificios modernistas más importantes. En el solar abyacente ya estaba concluida la interesante Casa Amatller, con coronamiento escalonado, realizada por otro famoso arquitecto conocido internacionalmente: Josep Puig y Cadafalch.


Gaudí amplió la planta del sótano y levantó otra planta, la quinta, destinada al personal de servicio; reestructuró por completo la planta noble, donde residía la familia Batlló, amplió y renovó el patio de luces central para acentuar la iluminación de los interiores, rehizo las fachadas exteriores y construyó el nuevo techo. En el resto de las plantas conservó el esquema planimétrico existente. 


La fachada que da a la calle, la más admirada, es de arenisca gris trabajadas con motivos florales en la planta baja y el primer piso. Estos pisos componen un sólido y plástico basamento prominente para dar cabida a la amplia galería de la planta noble. Este basamento también actúa como estructura de carga de toda la fachada, compuesta de seis pilares de piedra unidos entre sí con cinco arcos. Su articulación volumétrica, cóncava y convexa, recuerda formas óseas, que acentúan la percepción de solidez. Sobre las dos primeras plantas se desarrolla una fachada policroma iridiscente, ligeramente ondulada gracias al revestimiento de la cerámica vidriada. El mosaico se realizó bajo la entera supervisión del arquitecto y se usaron casi 200 discos de cerámica de tres dimensiones y grosores, sobre un fondo de fragmentos cerámicos de colores armoniosos con los discos. El color predominante es un luminoso azul verdoso cuya tonalidad cambía con la luz diurna. Su ligereza e irregularidad contrastan agradablemente con el rirmo recular de las ventanas y de los impresionantes balcones de hierro colado en forma de antifaz.


Dicha ondulación se acentúa al aproximarse a la Casa Amatller, donde surge la torreta que esconde la escalera de caracol hacia el tejado, temvién revestida de discos y fragmentos cerámicos. En un principio, Gaudí quiso colocar la torreta en el centro de la parte superior de la fachada, hoy ocupada por un bonito balcón de hierro colado con una polea para subir los muebles y otros  volúmenes a los distintos pisos. El despalazamiento de la torrecilla hacia un lateral le permite realizar una consciente y armónica unión con la fachada de Puig y Cadafalch a través de una peuqeña terraza.  En la torre destacan los acrónimos de cerámica esmaltada de Jesús, María y José, un homenaje devoto a la Sagrada Familia. La fachada principal concluye en un tejado abuhardillado de doble techo, siguiendo una costunbre gaudiana que le permitía contrarrestar las diferencias térmicas y gozar de una perfecta ventilación. La asimétrica cresta zoomorfa del techo, con un marcado desarrollo vertical, recuerda el lomode un dragón y está revestida con baldosas-escamas de cerámica vidriada de colores que oscilan del amarillo al azul, pasando por el verde.


Los expertos en Gaudí reconocen unánimemente en esta fachada la culmianción del brillante talento compositivo del genio, pues consiguió equilibrar con eficacia elementos diversos y autónomos; los materiales utilizados, la relación entre el interior y el exterior del edificio, los componente modulares irregulares y los juegos de pronunciada asimetría. Resulta sorprendente el efecto unitario del conjunto, que forma una unidad orgánica sometida a la continua variación de la luz diurna. 


La fachada que puede observarse hoy es la última variante del proyecto gaudiano, concluido durante las obras. Los expertos recuerdan que Gaudí había trabajado mucho en una maqueta de yeso de todo el edificio y que la ondulación superficial de la fachada sñolo se incluyó al final, tras diversas pruebas y modificciones. También las barandillas en forma de antifaz se estudiaron a partir de un modelo de yeso a escapa 1:1.


La entrada del edificio se halla en el extremo izquierdo de la fachada. Desde el vetíbulopueden sugerirse dos recorridos; uno permite acceder directamente a la escalera que conduce a la planta noble, residencia de los propietarios, y el segundo cruzo el patio de luces y permite subir a los apartamentos en alquiler y a los del servicio, a través de una escalera de doble rampaa que envuelve el hueco abierto del ascensor. El cuerpo del ascensor está envuelto por las escaleras y se halla en el centro de un patio inteior iluminado por la luz prodecente del techo de cristal de dos aguas que forma una claraboya sostenida con una estructura de hierro de perfil parabólico. A los lados se hallan unas aberturas fijas que permiten la ventilación natural, que empuja el aire a subir desde abajo mediante un efecto análogo al tiro de una chimenea. Las paredes del pario de luces, al que dan algunas ventanas de los apartamentos, están revestidas de baldosas de cerámic dipuestas en diagonal para dilatar el espacio, con una variedad de color que disminuye progresivamente de intensidad dsde arriba, donde es azul intenso, hasta la planta baj, donde es prácticamente blanco. Además, las ventanas del pario interior están enmarcadas con cenefas cerámicas de dos tonalidades y formas particulares. 


La planta noble de la familia Batlló es accesible desde el vestíbulo, donde nace na escalera de madera en forma de espina dorsal, sinuosa y orgánica. Las paredes de la escalera también presentan formas sinuosas hasta llegar al rellano de entrada del apartamento, iluminado por dos ventanas en el techo. El apartamento Batlló se articula en diversas salas de dimensiones variables, con paredes y con revestimientos orgánicos que generan una continua sensación de fluidez espacial.


El vestíbulo de la entrada, conuna chimenea de cerámica oscura empotrado en la pared, se abre a un salón donde un mueble de madera de forma odulante esconde un altar. Desde ahí, una gran puerta corredera de madera, ondulante y decorada con cristales de colores, permite unir o separar el salon de la sala abyacente. En cambio, el comedor da a la soleada fachada posterior y se abre a una amplia terraza ajardinada docorada con ornamentos cerámicos.


La fachada posterior presenta, en todas sus plantas, parapetos ondulantes de hierro que permiten una visión total del interior, mientras que los bordes perimetrales y el horizontal de la parte superior aparecen decorados con un colorido trencadís.


Entre los años 1936 y 1939 el edificio fue utilizado como casa para refugiados de la Guerr Civil. En 1940 fue vendido a una compañía de seguros, que realizó una pirmera restauración antes de pasar a manos de propietarios particulares. 


Maria Antonietta CRIPPA

Igo