Inprimatu

La tan repetida asociación entre Movimiento Moderno y democracia, entre arquitectura tradicional y regímenes totalitarios, se replantea en el análisis de edificios como La Casa del Fascio. En palabras del mismo Terragni sobre esta obra: “He aquí el concepto mussoliniano de que el fascismo es una casa de cristal a la que todos pueden asomarse y que da origen a la interpretación arquitectónica que es complemento de esa metáfora; ninguna traba, ninguna barrera, ningún obstáculo entre la jerarquía política y el pueblo”.


Casa del Fascio, sede local del partido fascista en Como, se halla no muy lejos de las instituciones urbanas tradicionales, dando a una plaza. Obtiene parte de su tensión visual del contraste entre su geometría rectangular y la curvatura hacia arriba de la plaza. La articulación externa refuerza la idea de un frente, una espalda y dos lados, y controla la transición a través del plano de fachada hasta llegar a las capas activas de la estructura interna.


 La idea del edificio obedece a los términos empleados por Le Corbusier de “Une maison , un palace” (una casa, un palacio),para referirse a una institución ennoblecida, trascendiendo su arquitectura a la situación social que había generado el movimiento fascista, siendo esta la razón por la que el edificio ha podido suscitar la admiración de personas que consideraban repugnante el sistema político que representaba.


 En la obra existe una voluntad por conciliar una especie de figuración clásica con las nuevas técnicas constructivas y la abstracción que a Terragni le parecían sinónimos de modernidad, pensando que los valores arquitectónicos esenciales podían replantearse e incorporarse con éxito a una modalidad de expresión moderna.


 La fachada del edificio, está concebida en términos espaciales modernos con un pórtico reelaborado para dar una imagen convenientemente abierta a una institución moderna situada en un emplazamiento urbano. La tensión vital y creativa entre lo moderno y lo clásico se extiende desde la disposición general de la planta hasta la imagen de la fachada, la elección de los materiales y el carácter de las proporciones.


 El atrio interno, un espacio para las concentraciones públicas fácilmente comunicado con la plaza exterior, está colocado de manera que recuerda el cortile de un palazzo renacentista, mientras que el edificio está revestido de mármol con un delicado despiece, lo que evita referencias mecanicistas e indica un carácter honorífico, aunque los detalles están tratados de tal forma que se elimina ese banal aspecto macizo del neoclasicismo fascista.


 No cabe duda de que éste es un edificio hecho a partir de materiales modernos y con esbeltos componentes estructurales, pero también da la impresión de ser un bloque mural del que se han extraído y recortado los huecos. Detalles como los antepechos o los alféizares, o juntas de la piedra, se modelan con precisión para recoger acentos de luz y líneas de sombra.


 En este edificio propagandista, la cubierta del atrio se quiebra sistemáticamente para dejar entrar la luz, y los soportes estructurales también se agrupan para reforzar el eje central del edificio, pero se trata de un eje que se orienta de nuevo hacia fuera, a través de las puertas retráctiles de vidrio que dan a la plaza. De este modo el “eje del estado” y el “eje del pueblo”, llegan a ser una sóla cosa - la Casa del Fascio pertenece a todos- y este sentimiento de reconexión con el espacio urbano situado más allá del edificio, queda reforzado por el sofito de piedra pulida que cubre el vestíbulo, que se lee casi como un espejo y que, por tanto contribuye a disolver la fachada principal cuando se mira desde dentro hacia fuera.


Modernidad y tradición se entremezclan en forma de pacto sin agresión.


 

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