Inprimatu
Perspectiva principal

Universidad Nacional Autónoma de México

UNAM. Ciudad Universitaria
  • 1950 - 1956
  •  
  • O'GORMAN, Juan
  • MARTINEZ DE VELASCO, Juan
  • PANI, Mario
  •  
  • Ciudad de México
  • México
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MONTANER, Josep María., Sistemas arquitectónicos contemporáneos. Gustavo Gili. Barcelona, 2008.


págs.10-25. “La crisis del objeto” 


La pequeña escultura de madera de Alberto Giacometti Proyecto para una plaza (1930-1931) nos da la clave para entender el espacio público de la arquitectura moderna: diversos objetos abstractos colocados sobre una plataforma. Una plataforma urbana que ya había intuido Karl Friedrich Schinkelen algunos de sus proyectos para Berlín. De la escultura de Giacometti pasamos a las cubiertas expresivas sobre plataformas de Jorn Utzon o Kenzo Tange, a los centros de gobierno, como el capitolio de Chandigarh de Le Corbusier, a la plaza de los tres poderes de Oscar Niemeyer en Brasilia, o a experiencias de campus universitarios modernos como el de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)en Ciudad de México (Plan General coordinado por Mario Pani y Enrique del Moral, 1947-1952) y el de la Universidad Central de Venezuela en Caracas (1944-1957) de Carlos Raúl Villanueva.


De hecho, algunas de las mejores lecciones de la arquitectura contemporánea consisten en los espacios creados entre los edificios y combinando edificios: desde las obras de los británicos Denis Lasdun, Alison y Peter Smithson y James Stirling, miembros de la llamada ‘’tercera generación’’, hasta los museos de Hans Hollein, los centros de participación ciudadana en Córdoba, Argentina, de Miguel Ángel Roca, o los espacios urbanos de Paulo Mendes da Rocha en Sao Paulo, Brasil.


Págs.26-63.  “Sistemas racionales” 


Los maestros modernos generaron una forma urbana compleja que superaba la intersección de formas racionalistas y que estaba inspirada en el ágora griega y en la tradición de los campus universitarios.5 Ensayado en ejemplos como el capitolio de Chandigarho la Universidad Nacional Autónoma de México(UNAM), el sistema de campus se basa en unos nuevos principios compositivos: la proporcionalidad y el equilibrio entre los distintos volúmenes aislados y la caracterización y la diversificación que otorgue identidad a cada pieza autónoma, pudiendo ser algunas más singulares. Superando las formas articuladas, los nexos físicos desaparecen totalmente en el campus. De la misma manera que en la arquitectura moderna pasan a predominar los espa­cios de circulación como corredores, pasillos escaleras y rampas, en el campus las plataformas, parques, estanques y pasarelas organizan el espacio abierto existente entre los volúmenes.


El sistema compositivo urbano en forma de campus es muy distinto al de la ciudad tradicional densa, construida con calles y manzanas, definida de manera determinante por los recorridos y continuidades, y que crece mediante repeticiones. La forma de campus es abierta e integra la naturaleza; en ella dominan las formas aisladas y convexas, relacionadas entre sí por la distancia y el vacío. Y en su composición deben seguirse unas reglas internas y propias que exigen una nueva disciplina que no ha sido definida por ninguna tradición o academia.


La estructura de campus puede funcionar muy bien en conjuntos de edifi­cios que tengan un programa de usos y una intensidad de flujos de circulación similares: universidades, núcleos de gobierno, complejos culturales, centros comerciales o áreas hospitalarias. El campus tiene dificultades para convertirse en ciudad completa, aunque puede significar, completar o aportar el centro o los centros de una ciudad o barrio existente, integrando fácilmente la tempo­ralidad y las transformaciones.


En el campus moderno predomina la diversidad de tipologías de edificios que no compiten, sino que se complementan entre sí. Dentro de la diversidad de tipos, existen algunas piezas primordiales: la torre, dedicada a los edificios más representativos como centros de gobierno, ayuntamientos o biblioteca; el edificio pantalla, que delimita el espacio abierto, que cierra la composición en una dirección dada y la dirige en sentido paralelo; el volumen horizontal con cubiertas expresivas que denotan contenidos singulares como asamblea; auditorios o palacios de deportes. Los itinerarios peatonales son libres y se entrecruzan; el tráfico rodado se segrega y es tangencial a las áreas principales...


...Con el paso del tiempo, la misma arquitectura racionalista fue evolucionando y los autores modernos de las siguientes generaciones (como Max Cetto y Luis Barragán en México o Lucio Costa y Oscar Niemeyer en Brasil) realizaron sistemas de objetos en los que el rigor de los métodos de la abstracción y el racionalismo se fundió con la cultura del lugar, los materiales, topografías, usos y costumbres, con una más ajustada escala humana. Podremos hablar, entonces, de un racionalismo contextualizado.


 Tras la convocatoria de un concurso nacional en 1946, el plan general del campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)fue proyec­tado por Mario Pani y Enrique del Moral en 1947, inspirándose en la propuesta presentada al concurso por un grupo de estudiantes de arquitectura de la UNAM. El proyecto de cada uno de los edificios se encargó a diferentes arqui­tectos mexicanos contemporáneos. La UNAM, inaugurada en 1952, constituye un magnífico ejemplo de campus moderno, caracterizado por la gran escala de los espacios abiertos que rememoran las plataformas y escalinatas de monu­mentos precolombinos como Teotihuacan o Monte Albán. El repertorio de edificios es amplísimo —torres, bloques, edificios pantalla, pabellones, esta­dios—, compuestos todos ellos según criterios de equilibrio y separación entre sí, con un fuerte predominio del cielo abierto y de la naturaleza, que en la inmensa plataforma central sigue el diseño original de Luis Barragán para la jardi­nería y que se extiende entre todos los edificios del campus, por donde aflora la vegetación y la topografía volcánica del lugar. Como campus que es, ha podido ir creciendo y transformándose, atesorando piezas arquitectónicas de gran valor como el rectorado de Salvador Ortega, Mario Pañi y Enrique del Moral, la biblioteca central de Juan O'Gorman, el pabellón de rayos cósmicos de Félix Candela, la escuela de arquitectura de José Villagrán García y Javier García Lascurain, y los frontones y el área deportiva del arquitecto y teórico Alberto T. Arai.


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CURTIS W.,  La arquitectura moderna desde 1900.Phaidon. Hong Kong, 2006. 


Págs. 491-511.“Proceso de asimilación. Ame. Latina, Australia, Japón”.


La significación atribuida a la ‘modernidad' misma dependía de las historias nacionales y las mitologías nacionalistas particulares. En México, por ejemplo, la arquitectura moderna ya había tenido su papel en la reforma posrevolucionaria de los años 1920 y 1930, cuando el idealismo estético y social se había combinado en algunas ocasiones. El movimiento moderno había ayudado a desalojar la persistente influencia beaux-arts y a emancipar la cultura visual de los modelos ostensiblemente europeos asociados al control político extranjero; podía haberse percibido simplemente como una'capa' colonizadora más procedente de Europa, pero en cambio quedó asimilado en el 'imaginario' mexicano como una fuerza vagamente universalizadora pertinente para las causas de la superación de las viejas divisiones sociales, raciales y religiosas, y de la consecución de un rápido progreso' tecnológico. De este modo, contribuyó a crear un estilo de autodefinición nacional que requería la integración de todas las culturas del pasado dentro de un único ideal unificador nacional. En América Latina, la construcción de 'historias' nacionales retrospectivas funcionaba de un modo distinto en países con una herencia antigua visible (como México, con sus capas de recuerdos hispánicos y precolombinos) que en países que carecían de tales pruebas tangibles del pasado lejano (Brasil, por ejemplo). Las ruinas de las diversas civilizaciones del pasado en México desempeñaban un papel crucial en la transmisión de ciertas supuestas constantes' de la identidad nacional.


Seguir el desarrollo arquitectónico mexicano desde sus comienzos modernos en la década de 1920 hasta el pasado reciente es apreciar cómo los tipos internacionales podían quedar asimilados en esos modelos locales, y cómo los rasgos mexicanos podían, a su vez, ser interpretados de maneras modernas. La Ciudad Universitariasituada al sur de México capital (1946 en adelante) proyectada por varios arquitectos, entre ellos Enrique del Moral Mario Pani, Carlos Lazo, José Villagrán, Juan O'Gormarn y el joven Teodoro González de León- era una versión competente de la Ville Radieuse de Le Corbusier, adaptada a las instituciones y la tecnología de México. El plan general combinaba bloques aislados, estadios, espacios verdes abiertos y patios de transición; bandas de acristalamiento pilotis, entradas curvas, terrazas de cubierta, horizontales flotantes y murales públicos completaban la imaginería de un ideal educativo progresista'. Había algo amplio y extenso en el tratamiento del plano del suelo, que indicaba la existencia de ecos subliminales de los generosos patios y las formas paisajistas de los asentamientos precolombinos. Los muros exteriores de la Biblioteca Universitaria (1950-1953), de Juan O'Gorman, estaban completamente cubiertos con mosaicos ricamente coloreados que combinaban imágenes reconocibles y configuraciones abstractas parcialmente basadas en motivos antiguos. Estas superficies exteriores expresaban intensos sentimientos nacionalistas, pero la anatomía de la arquitectura misma se veía muy poco afectada por las formas tradicionales o por las adaptaciones al clima. Al igual que en otras partes de América Latina, la Ciudad Universitaria pretendía simbolizar la intervención liberadora y secularizadora del estado: “integrar el pensamiento, la esperanza y el trabajo de todo el mundomediante la cultura.» Estas 'microciudades' de vegetación torres cristalinas y arte moderno oficial, con su mensaje de emancipación social, eran como utopías en miniatura modelos urbanos hipotéticos que se enfrentaban a los problemas cada día más acuciantes de la ciudad real que sufría la crisis de la inmigración en masa procedente del campo; recordaban una antigua tradición del desarrollo colonial latinoamericano según la cual las visiones urbanas idealizadas, basadas en una geometría audaz, se usaban para promover proyectos de modernización 'universalizadores’ 


 

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