Inprimatu

Acueducto de Noain

  • 1782 - 1790
  •  
  • RODRÍGUEZ TIZÓN , Ventura
  • GENCY, Francisco Proyecto previo   1776 - 1782
  • OCHANDATEGUI, Santos Angel de Adaptación   1770 - 1776
    Ejecutor material de la obra
  •  
  • Noain. Pamplona (Navarra/Nafarroa)
  • España
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CENICACELAYA, J. RUIZ DE AEL, M., SALOÑA, I.,


El gusto neoclásico. Arquitectura del País Vasco y Navarra


Edit. Nerea. San Sebastián, 2014.


Págs. 23-29. "El acueducto de Noain  viene a ser la monumentalización “a lo romano”, de una gran infraestructura pública.  El objetivo era resolver el grave problema de la traída de agua potable que tenía por aquel entonces la ciudad de Pamplona. La captación de manantiales en la Sierra del Perdón (Esparza, Arlegui …) al sur de la ciudad, hizo que se preparase el proyecto para una canalización larga y compleja de alrededor de 15.5 Km de recorrido (Subiza, Beriáin, Potasas, Imárcoain, Tajonar, Zolina, Mendillorri, Badostáin y Pamplona), con el consiguiente impacto que suponía sobre el territorio circundante. En la operatividad del proyecto, encontramos intervenciones preindustriales dispersas, que modifican el paisaje; zanjas, exclusas, arcas, estanques receptores, chimeneas de depósito, castillos de agua, cambijas … con una arquitectura sobria y sencilla, ejecutada sobre un medio ondulante. De todas ellas, la parte más significativa y monumental de este traslado de aguas por gravedad, se debe al arquitecto académico Ventura Rodriguez. Su Acueducto de Noain es sin duda el tramo más significativo de dicha canalización, marcando un hito en lo que se refiere a la participación de un arquitecto español, en el campo de las obras públicas. La fecha de ejecución de esta larga arquería de más de un kilómetro, se desarrolla entre 1782 y 1790, enfatizando y dando identidad a la cuenca de este valle próximo a Pamplona.


 El acueducto de Noain, puede considerarse como la primera intervención académica en Navarra y el ejemplo más significativo y monumental de una serie de importantes proyectos como: la mejora de la red de comunicaciones en el Reino de Navarra, la construcción de la Nueva Sangüesa, el proyecto de canal navegable desde el mar Mediterráneo hasta el Océano Atlantico…  muchos de los cuales no se llegaron a realizar. Esta intensa actividad proyectual, nos habla ya de la creciente importancia que va teniendo la ordenación del territorio, con vistas al futuro desarrollo de infraestructuras de carácter público, aumentando lo que hoy llamaríamos calidad de vida.


 Los personajes que nos introducen a esta gran infraestructura, y llevan a cabo el seguimiento  del trabajo, no son ni mucho menos anecdóticos y tienen gran relevancia en la arquitectura de la Ilustración española. Ventura Rodriguez se apoyó en una serie de propuestas anteriores, entre las que destacan las llevadas a cabo por el ingeniero hidráulico francés François Gency. Las modificaciones a las mismas desarrolladas por Juan de Villanueva (1776), y el asesoramiento de Pedro Arnal entre otros, orientaron el proyecto final de Ventura, ejecutado mayormente en su parte técnica por Santos Angel de Ochandátegui.


 La calidad gráfica de los planos que atesora sobre el proyecto el Archivo Municipal de Pamplona, ilustran y dan valor, como veremos, a un debate hasta el momento inédito en nuestras fronteras.


 El proceso de esta obra fue lento y complicado, y su elaboración pone en evidencia las controversias existentes entre los maestros de obras locales,  los arquitectos académicos españoles (con escasa formación en arquitectura hidraúlica) y los ingenieros venidos del extranjero, que levantaban cierto recelo, sobre todo si como era el caso de Gency, ponían de manifiesto el retraso de los profesionales españoles, en este tipo de obras.


 Si bien la captación y el traslado de aguas dulces a Pamplona era una vieja aspiración de la ciudad, recordemos las propuestas de Salas y Ezquerra realizadas en 1699,  ésta se llevó a cabo definitivamente en la segunda mitad del siglo XVIII,  de la mano del Ilustrado Conde de Ricla (Virrey de Navarra), coincidiendo con un auge general en la realización de este tipo de trabajos.  El plan formaba parte de un esfuerzo conjunto consistente en la limpieza, saneamiento y embellecimiento de la capital Navarra (renovación del caserío, rotulación de calles, numeración de los edificios, alumbramiento de espacios públicos mediante farolas, limpieza de la vía pública, creación de nuevas fuentes…). Tenemos noticias de este traslado de aguas en 1767, aunque hasta 1773 no se gestionó para el abastecimiento de la ciudad.


 La encomienda inicial del proyecto, se realiza en 1774 al ingeniero hidraúlico francés François Gency, con experiencia contrastada en el país vecino (traída de aguas a la ciudad de Bayona). Parece que antes de llegar a la capital Navarra, llevó a cabo unos trabajos en San Sebastián y su nombre figura como socio extranjero de la primera Sociedad Económica Española (La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País). Su proyecto no prevé en inicio la necesidad de la realización de ningún acueducto, siendo su trabajo eminentemente técnico, basándose en una canalización eficaz y funcional, en la que cuenta con el uso de los nuevos materiales. Proponía un simple sistema de tuberías inclinadas como base de la conducción del agua, líquido a presión y superación de desniveles por vasos comunicantes.  Se tomarían las aguas de Subiza, Esparza y Arlegui, y desde allí irían por conductos subterráneos de barro cocido vidriado interiormente, aprovechando el declive natural, salvo en los valles en los que se sustituirían por otros de hierro fundido o plomo capaces de soportar una mayor presión del agua. Además deberían construirse ya al final del trayecto “castillos de agua” y chimeneas de depósito, que ayudarían a su mejor operatividad y mantenimiento.


 Para su aprobación es presentado el proyecto, como era perceptivo en aquellos momentos, a la Real Academia de Bellas Artes de San  Fernando, que lo califica como escaso desde el punto de vista proyectual y sometido a revisión. Revisión que acabará poco a poco con el protagonismo del francés, desapareciendo totalmente de escena tras el defectuoso reservatorio de aguas que realiza para la ciudad de Pamplona en 1779. 


 El debate en torno a la concepción y desarrollo del proyecto para el traslado de aguas, estaba establecido así entre la presión y la gravedad, siendo sus defensoras dos escuelas diferentes; la Academia Real de Ciencias de Paris y La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El “inducido fracaso” del ingeniero hidraúlico francés Gency a favor del arquitecto y fontanero real español, adopta en Pamplona la técnica más tradicional de los viajes de agua, evolución de los qanat persas, circulando por encañados, minándose donde hubiera cerros y construyendo puentes en los valles.


Una Real Orden de agosto de 1780 nombra a Ventura Rodriguez arquitecto encargado de un proyecto, que fue presentado con todo lujo de detalles dos años más tarde en 1782. A diferencia de Monsieur Gency, Ventura optó por un sistema de conducción a nivel, mediante “arcos clásicos” en vez del encañonado inicialmente ideado, tomando la construcción más tradicional del acueducto que vemos en la actualidad, para continuar luego, mediante túneles y otros acueductos más pequeños, hasta Pamplona.


Dada la abundancia de encargos y trabajos por toda España, su avanzada edad (68 años) y escaso tiempo, se nombra así mismo a Santos Angel de Ochandátegui y Francisco Alejo Miranda, como ejecutores materiales de la obra. Falleciendo éste último al igual que el mismo Ventura en 1785, siendo Ochandátegui el verdadero ejecutor de la obra.


 El acueducto de Noain destaca en su longitud de 1.245 m, definiendo con su horizontalidad la topografía del lugar. Su fábrica, dentro del neoclasicismo imperante, es majestuosa, sencilla y se asemeja a los acueductos de la época romana. Usa como materiales, sillería en los machones de arranque, ladrillos en los arcos y mampuestos en la plementería, todo ello con gran economía de medios. Poseía inicialmente 97 arcos de ladrillo de 8.35 m. de diámetro, peraltados sobre pilares de sección rectangular, de los que actualmente se conservan 94, llegando hasta 18 m. de altura máxima, sobre la que discurre un canal de agua. En ambos extremos posee gruesos muros de mampuesto que suben hasta alcanzar el nivel de altura de la canalización y dos garitas de cierre construidas con piedra labrada. Los tramos más deteriorados nos muestran paramentos que recuerdan al opus cimenticium romano. No es de extrañar por tanto, que los viajeros extranjeros del XIX lo confundiesen inicialmente con una ruina romana, de la que en Navarra existen importantes manifestaciones


 En junio de 1790 se hicieron evidentes en la ciudad de Pamplona, los primeros frutos de dicha infraestructura, llevándose a cabo ya en 1801 la instalación de varias fuentes diseñadas por Luis Paret, de cuyos caños salió el agua de la nueva conducción.


 El Acueducto de Noain estuvo funcionando con buen rendimiento desde 1790 hasta fines del siglo XIX. El uso activo de esta canalización fue aproximadamente de 100 años, ya que ante el aumento de demanda y crecimiento de la ciudad, se buscó una nueva traída de aguas desde el manantial de Arteta en 1895, concluyéndose en 1973 las obras del embalse de Eugui, que completan el actual abastecimiento de la ciudad. 


 No obstante, pronto aparecieron las dudas sobre la inadecuación del sistema de desnivel propuesto por la Academia, dada la composición química del agua a trasvasar. La riqueza calcárea del agua, hace que el traslado no se realice con el caudal esperado, cegando la conducción y provocando una sedimentación progresiva. A esto hay que añadir, las mayores dificultades de ejecución del proyecto propuesto por Ventura Rodriguez, que incrementa el tiempo inicial de realización  a casi el doble de lo previsto,  y aumenta los costes en un 11%, a pesar de los esfuerzos ahorradores de Ochadátegui. Por otra parte, dada la naturaleza calcárea del agua, el proyecto debía haber contado desde el inicio con varios depósitos decantadores, aspecto éste que no se tuvo en cuenta.


 Así no es de extrañar, que las patologías, incidencias y los esfuerzos por el mantenimiento de la conducción hayan estado presentes prácticamente desde los inicios. Se llevaron a cabo durante este siglo de funcionamiento, trabajos de mantenimiento y limpieza, del que destaca el realizado entre otros por Pedro Manuel de Ugartemendía en 1826. Este canal quedó afectado tras la Guerra de la Independencia, por lo que se efectuó una revisión del trayecto, tras el cual se propone entre otras medidas: desobstruir las cañerías cegadas por el barro y la realización  de importantes obras de mejora en el trayecto de las aguas (modificación de cañerías y acequias, inclusión de nuevos registros de purificación, aumento de la capacidad de los canales…), introduciendo novedades técnicas que potenciasen el rendimiento de la infraestructura creada. La competencia de Ugartemendía en este trabajo parece clara, a pesar de la escasez de medios económicos para llevar a cabo todas las reformas pertinentes. Con el paso del tiempo, la leve pendiente de transporte y el encañado incompatible con la excesiva cal del agua, ha hecho que el acueducto de Noain haya perdido su función original. Los informes y actuaciones a lo largo del tiempo de arquitectos como Maximiliano Hijón, Pedro de Ansoleaga o Gil Cornet han permitido que esta infraestructura haya llegado hasta nosotros.


 A pesar de diversas agresiones y mutilaciones que ha sufrido el acueducto a lo largo del tiempo, como el derribo en 1858 de uno de sus pilares para permitir el paso del tren, o la mutilación sufrida con motivo del paso de la autopista A-15 que se comió dos arcos laterales…. se conserva básicamente en buen estado, gracias a las actuaciones de protección llevadas a cabo por el Gobierno de Navarra.


 En la actualidad su imagen se ha revalorizado como símbolo del espíritu ilustrado, convirtiéndose en emblema de identidad. Identidad que ha sido reconocida como bien de interés cultural desde el año 1990, siendo su presencia un auténtico lujo para la ciudad de Pamplona y el valle de Elorz. En torno a él discurre un gran movimiento con el desarrollo de múltiples vías de comunicación: carretera, autopista, ferrocarril y aeropuerto, sirviendo de telón de fondo de todas ellas."

Igo