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FRAMPTON. K., Historia crítica de la arquitectura moderna. Edit. Gustavo Gili. Barcelona, 1993. 


págs. 205-211. A pesar de esta declaración de fe en la tradición, las primeras obras de los racionalistas, en particular las proyectadas por Guiseppe Terragni, mostraban su preferencia por composiciones basadas en temas industrialesLos proyectos de Terragni para una central de producción de gas y para una fábrica de tubos de acero, expuestos en la III Bienal de Monza en 1927, parecen tener que ver más con la “estética del ingeniero" que con la “arquitectura”, por usar las oposiciones de Le Corbusier en Vers une architecture, un libro que ejerció una considerable influencia en los racionalistas tras su publicación en 1923. Una respuesta inicial e ingenua a esta influencia fue indudablemente el depósito de barcas construido por Pietro Lingeri en Como en 1926, que, sus alusiones a la ingeniería naval, rendía un homenaje simplista a la obra de Le Corbusier....


... La obsesión de Terragni por la arquitectura ´transparente´ -una sublimación del programa futurista de proyectar la calle en la casa- se presentó por primera vez en la Casa del Fascio. Después apareció como un impulso constante en todas sus obras de carácter público: desde el monumento a Sarfatti, construido en el Col d’Echele en 1934, hasta el diseño final para el Palacio de Congresos de la EUR. Aparte del estado supremo de ´lucidez´ alcanzado en el volumen del Paraíso del Danteum, con sus 33 columnas de vidrio y su techo acristalado, Terragni logró crear una sensación de transparencia conceptual mediante dos recursos básicos que estaban ingeniosamente fundidos en su edificio de viviendas de siete alturas conocido como la casa Rustici, en Milán, de 1936-1937. Estos recursos eran: 1, el uso de la dualidad que, siguiendo la forma de su Monumento a los Caídos de Como, comprendía generalmente dos masas rectilíneas paralelas con una hendidura de espacio entre ellas: y 2, masas o vanos rectilíneos paralelos y frontales, que retrocedían como sucesivos planos del cuadro desde un punto de vista dado, como en el caso de las balconadas y pasarelas, etcétera, de la casa Rustici o como los bloques de oficinas acristalados de la casa Littoria, cuyas capas especiales retranqueadas establecían el ámbito de las dependencias auxiliares de planta baja, los auditorios, etcétera.


La fórmula frontal de volúmenes paralelos alternativamente construidos y no construidos llegó a rotarse asimétricamente en la propuesta para la EUR y, en forma condensada, en el último edificio de Terragni: las viviendas Giulia Frigerio, de cuatro alturas, terminadas en Como en 1940. Al igual que en la Casa del Fascio, la intención era, según parece, inflexionar la orientación del prisma disponiendo una fachada primaria y otra secundaria colocadas en ángulo recto. Una composición ´cubista´ y rotatoria similar había aparecido ya en las primeras villa de Terragni, y el mismo ´formato´ fue adoptado por Cattaneo en el edificio de viviendas que construyó en Cernobbio en 1938.


La última obra de la serie, en la que Terragni no participó, es la Unión Fascista de Trabajadores de la Industria, que se construyó en un solar contiguo a la Casa del Fascio entre 1938 y 1943 según el diseño del principal discípulo de Terragni, Cattaneo, en colaboración con Lingeri, A Magnaghi, L. Origoni y M. Terzaghi. Esta construcción ortogonal y adintelada, organizada según una retícula palladiana ABABABABA en una dirección y en una malla modular regular pero parcialmente sincopada en la otra, es en muchos aspectos la resolución más sublime de los temas compositivos y tipológicos iniciados por los racionalistas de Como, hasta el punto de que se puede afirmar que este edificio es una de las principales inspiraciones de la llamada arquitectura autónoma producida por la Tendenza italiana en los años setenta (compárese con el diseño de Giorgio Grassi para una residencia de estudiantes en Chieti, de 1974, con Monestiroli, Conti y Guazzoni). Este edificio para los sindicatos consiste en dos ortoedros de cinco alturas separados por un patio en el que está suspendido un bloque auxiliar de dos alturas con un podio de entrada, una secretaría y un auditorio de 500 plazas.


La terminación de este edificio en 1943 coincidió con las muertes prematuras y aún misteriosas de Terragni y Cattaneo. Aunque este hecho puso fin al movimiento de un modo repentino, sus obras todavía son testimonios de sus esfuerzos por hacer realidad un escenario ideal para una sociedad culturalmente sin clases que al mismo tiempo estaría organizada racionalmente. El hecho de que este ideal consiguiera cumplirse en la lógica transparente de su arquitectura antes que en la sociedad en general fue mencionado por Silvia Danesi cuando escribió sobre estos dos personajes en 1977: "En ambos hay una completa confianza en el papel de guía de la clase burguesa, en su capacidad ordenadora, en su función administrativa, como sostén del contrato social; no advierten la crisis que está a punto de afectar a su generación y sostienen que la clase a la que también ellos pertenecen sabrá resolver bien el encargo recibido del resto del país. No advierten que la burguesía media local y empresarial va cediendo gradualmente el paso a la nueva burguesía estatal que se forma con ayuda de las crisis del año 1929 (nacionalización de la banca, nacimiento del IRI, etcétera) y que aún se lleva bien con la gran capital y que se encuentra a sus anchas en el régimen totalitario".


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CURTIS, W.,La arquitectura moderna desde 1900. Edit. Phaidon. Hong Kong, 2006.


págs.685-689."Conclusión: modernidad, tradición y autenticidad"


sta feliz coincidencia de circunstancias históricas e intenciones estéticas duró poco, pero no obstante cambió muchos de los fundamentos formales, espaciales, estructurales y simbólicos de la arquitectura. Desde los primeros días del siglo XX, las condiciones y las intenciones han seguido cambiando, y las convenciones de la arquitectura moderna se han extendido y agitado en nuevas combinaciones, pero no han sido revisadas en lo fundamental. Los arquitectos que por vez primera heredaron la tradición moderna en los años 1930 (Aalto, Terragni, Martienssen, Niemeyer, Barragán, Lubetkin y los demás) asimilaron los principios de los edificios paradigmáticos y ampliaron sus enseñanzas. Ni siquiera las reformulaciones exigidas por el cataclismo de la II Guerra Mundial desplazaron la mayoría de las premisas establecidas en el periodo ‘heroico’.


 

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