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Chrysler building

Chrysler Building

  • 1928 - 1931
  •  
  • H. REYNOLDS, William
  • VAN ALEN, Wiliam
  •  
  • Nueva York
  • Estados Unidos
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RACHTENBERG, Marvin, HYMAN, Isabelle., Arquitectura. De la Prehistoria a la Postmodernidad.Akal. Madrid, 1990.


págs. 685-687." En el período de entre guerras algunos arquitectos tradicionalistas respondieron a las nuevas modas estilísticas del siglo XX, pasándose finalmente a un Modernismo "estricto". Al principio, sin embargo, se mantuvieron a distancia del Modernismo, filtrándolo a través de su vision todavía tradicionalista, creando a menudo una combinación cuyas fuentes no eran ni modernas, ni tradicionales. Los resultados eclécticos ofendieron tanto a la línea dura del tradicionalismo como al núcleo de los modernistas, aunque el éxito popular de este estilo amalgamado que se puede llamar Tradicionalismo Moderno, fue enorme. Su medio principal fue una vez más el rascacielos de Nueva York, que prosperó como nunca en el período entre las dos guerras mundiales. Paradójicamente, al tiempo que América estaba hundida en la Gran Depresión, arrastrando con ella a la mayor parte del mundo, se elevaron las más brillantes de sus torres - el espectacular Chrysler Building de 77 pisos hecho en 1930 y el Empire State Building del año siguiente, más tarde incluso (102 pisos) y escultóricamente más enérgico. 


El diseñador del Chrysler Building fue William Van Alen, un arquitecto comparativamente oscuro que se puso a la altura de las circunstancias. parte de su esfuerzo fue debido a la ambición del patrón del edificio, el magnate del automóvil Walter Chrysler, que estaba decidido a tener el edificio más alto del mundo y una variante única y personal de la última moda de rascacielos. El Chrysler Building es el ejemplo quintaesencial del Tradicionalismo Moderno, generalmente llamado Art Déco, por su primera manifestación clara en la Exposición Internationale des Arts Decoratifs et Industriels Modernes en Paris, en 1925. El Art Déco es un estilo que se utilizó en gran parte de las artes decorativas una magama de Modernismo europeo inspirado en el cubismo, con formas de máquinas aerodinámicas y rítmicas imaginería exótica en zigzag precolombina y navaja, y un amor por los colores chillones y los materiales brillantes como el plástico, el aluminio y el acero inoxidable junto con suntuosas maderas y piedras. Aunque derivado en parte del Art Nouveau, era de sentimiento angular, abrupto, audazmente escultórico y sintético. El Chrysler Building utilizó el Art Déco totalmente, desde el marmol africano rojo intenso y la exótica incrustación de madera en su vestíbulo y las gárgolas que copian el ornamento de la capota del Chrysler de 1929, hasta el chapitel triangular de acero inoxidable (añadido al diseño en el último momento durante la construcción para dejar atrás a un edificio rival). El ladrillo blanco, relleno de gris, de su fuste combina las líneas verticales tradicionalistas con la horizontalidad modernista y las ventanas en banda que corren hasta las esquinas, donde se crea un abrupto acento Art Déco por medio de parches a modo de cuña. Combinaciones similares invaden el coronamiento del edificio, donde una serie de arcos cada vez mas estrechos resuelven el fuste convirtiéndolo en la curva ojival gótica del chapitel. El edificio viola las reglas del "buen gusto" y la corrección" defendidas por los tradicionalistas y se burla del puritanismo idealista de los modernistas, aunque sale triunfante. Hay algo conmovedor de su valentía y sus peculiares excentricidades, un espíritu intenso que rara vez se ve en obras monumentales."


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RIVERA, David., "El optimismo del Art Déco" en La otra arquitectura moderna. Expresionistas, metafísicos y clasicistas. 1910-1950. Edit. Reverté. Barcelona, 2017.


Págs. 220-365... "Como se ha visto en el capítulo 8, la arquitectura de Nueva York mutó decisivamente tras la aprobación de la ley “de zonificación”. Gracias a la intervención del llamado setback style (estilo retranqueado), el rascacielos pudo concebirse como una unidad orgánica y adoptó una forma piramidal y escalonada. Puesto que el Art Déco basa una parte de su gramática en retranqueos escalonamientos y quiebros en zigzag, en cierto modo parecía predestinado a completar el setback style. Pero la medida en que ambas tendencias permanecen sin solaparse la ofrece, una vez más, un conocido dibujo de Hugh Ferriss.


Desde el átrio en el que tenía instalado su estudio, en el “edificio de los arquitectos” (demolido más tarde), Ferris pudo contemplar día a día el avance de las obras del nuevo edificio Chysler (1928-30), un rascacielos de altura inusitada que se iba levantando velozmente sobre Lexingtong Avenue, frente a la estación Grand Central Terminal... En su retrato más característico del edificio, Ferriss mostraba el preciso momento del montaje de la estructura del capuchón, probablemente el remate arquitectónico más reconocible del siglo XX. El dibujante enfatizó la torre y los escalonamientos, así como el efecto de las sombras producido por el juego de los volúmenes, que venía  parcialmente determinado por la ley de zonificación vigente, pues, para él, el edificio Chrysler era un ejemplo más de “modelado” de la masa edificable.


Pero el dibujo de Ferriss apenas dice nada de la originalidad y la naturaleza estilístia del Chrysler, que dependen en gran medida de los códigos del Art Decó. Este edificio radiante y reluciente fascinó desde el principio a los neoyorquinos de un modo muy particular, y sus formas festivas y estilizadas fueron objeto de continuos homenajes. En el edificio Chrysler en construcción (1931), la obra más famosa del artista Earl Horter, el edificio se descompone en una especie de geometría docecafónica, en la que el juego de triángulos y cuadrados importa más que los escalonamientos; y en la famosa vista ferrissiana tomada por Gordon H. Costeren 1929, el brillo que emana del Chrysler parece de origen celestial. A principios de los años 1930, Margaret Bourke-White tomó toda una serie de fotografías “icónicas” de sus detalles, gárgolas y remate, en las que la forma global del edificio brillaba por su ausencia. Hay muchos rascacielos coetáneos de silueta ingeniosa y escalonada, pero la fama de la que disfruta el Chtysler siempre ha sido un fenómeno aparte.


El llamativo exotismo del edificio Chysler se debe a la insistencia del cliente, Walter Chrysler, que había “heredado” a William van Alen como arquitecto asociado al solar. Los primeros proyectos que Van Alen hizo para el Chrysler parecen relativamente tímidos e incluso incorporan detalles historicistas. Pero el magnate no sólo exigió al arquitecto que proyectase el edificio más alto del mundo, sino que lo quiso ostentoso y extravagante. El resultado es una de las más expresivas declaraciones de fe en el progreso moderno y los transportes.


En la planta 31 del edificio, que marca el paso a la torre central, se puede ver una especie de friso que representa una carrera de coches a la manera muy abstracta de los carteles de Cassandre o de los pintores futuristas italianos, además de cuatro grandes ruedas plateadas que se desgajan de la masa  y parecen a punto de despegar. Esta composición está diseñada para contemplarse desde la calle, y produce la impresión de que las ruedas volantes se despliegan en todas direcciones. Por otro lado, desde el retranqueo superior, que anuncia la coronación del edificio, se asoman ocho grandes gárgolas que remedan las insignias frontales de los modelos Chtysler y cuya colocación adopta una forma de estrella estirada y radiante. El remate o capuchón del edificio, con filas sucesivas de ventanas triangulares que recorren los arcos metalizados, relumbra a lo largo del día, e incluso en pleno siglo XXI sigue siendo el principal icono de la ciudad.


Van Alen diseñó el revestimiento del edificio Chrysler como un verdadero tour de force, en el que los aplacados de color blanco, gris y negro generan tratados divergentes (horizontales, verticales y también en forma de cuña). La impresión de altura se enfatiza mediante la agrupación de las seis ventanas centrales, mientras que las de las esquinas aparecen unidas con recercados horizontales, y proyectan dinámicamente el volumen “hacia fuera”. La silueta escalonada del edificio va remontando suavemente en altura, con retranqueos sutiles y sincopados, como una especie de géiser que manase a borbotones hasta rebosar en las ondas del capuchón. Pero este efecto cambia de intensidad según desde dónde se observe, impresión de elevarse en un movimiento espiral, generado por los retranqueos vistos en perspectiva, y subrayado por las gárgolas y las ruedas volantes.


Las entradas en forma de arco poligonal conducen al visitante a un vestíbulo no menos notable. La planta en forma de tridente concentra y distribuye al mismo tiempo tres flujos distintos de visitantes. Sus paredes están revestidas con mármoles de diversos tipos, ónice, acero, aluminio y maderas nobles. Y su penumbra aparece animada por poderosas diagonales creadas por la pendiente del techo ( que parece desplomarse sobre el visitante), por las ranuras a modo de órgano que esconden la iluminación ( y que quedan suspendidas por encima de los pasadizos de entrada), y por las vetas y marcas diversas que encontramos en el mármol y en los suelos. Un gran mural heroico, de colores oscuros, ocupa todo el techo y exalta la ingeniería y los oficios que han hecho posible el edificio, cuya propia imagen levita hacia el acceso central sobre las cabezas de los visitantes.


La satisfacción de Van Alen con su obra, así como el reconocimiento inmediato de la singularidad del edificio, quedaron bien patentes en el extravagante baile de disfraces beaux-arts de enero de 1933, en el que todos los arquitectos llevaban un traje serback style idéntico (aunque con diferentes tocados), excepto el autor del Chrysler: Van Alen había mandado confeccionar su disfraz de Chrysler con materiales muy caros y refinados, que remedaban el rayado “de cebra” de las fachadas de su edificio.


Sin embargo, las críticas a la estética del Chrysler fueron notorias y abundantes desde el momento mismo de su inauguración. George Chappellen The New Yorker y Douglas Haskellen The Nation consideration el Chrysler una suerte de fuego fatuo; Kenneth Franzheim describió a Van Alen como “el Ziegfield de su profesión”, refiriéndose a la teatralidad que exhalaba el edificio, mientras que “los modernos” (Alfred, Barr, Henry-Russell Hitchcock y Phillip Johnson, por ejemplo) lo consideraron sencillamente “irracional” y “antifuncional”. Por su parte- como era de prever-, Lewis Mumford consideraba el edificio Chrysler, “una desvergonzada exhibición del ego del cliente”. A estas polémicas habría que añadir la sonada disputa legal que entablarón Van Alen con Chrysler por la cuestión de los honorarios: una batalla que el arquitecto aparentemente ganaría, pero tras la cual quedaría virtualmente expulsado de las filas e la profesión.


El edificio Chrysler es la única obra de importancia que llegaría a levantar Van Alen, pero sin duda es una de las construcciones más populares de todo el siglo XX“El Chrysler va más allá del Art Déco para convertirse verdaderamente en un nuevo tipo de rascacielos”, afirma Paul Goldberger, que continúa; “Su romanticismo es una declaración de lo que Nueva York quería ser en el paso de la década de 1920 a la de 1930, una declaración mucho más apropiada que ningún rascacielos historicista o que ninguna caja de Estilo Internacional”. En 2005, el Museo del Rascacielos de Nueva York realizó una encuesta a 100 arquitectos, críticos e historiadores de la arquitectura, en las que les preguntaban cuáles eran sus diez rascacielos favoritos; y no sorprende comprobar que novena de ellos incluyeron el Chrysler en su visita...."

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