Págs. 601-681.“ Arquitectura moderna”.
Uno de los factores que alimentaron este brote de creatividad (hacia el Moimiento Moderno) fue el Evolucionismo. la versión del siglo XIX bien puede ser llamada Evolucionismo Historicista ya que daba gran importancia a la continuidad de las formas en desarrollo. El Evolucionismo Modernista resaltaba en cambio dos aspectos diferentes. El filósofo del cambio fue Henri Bergson, cristalizó una de estas nuevas corrientes de pensamiento en el concepto élan vital y en de el proceso de evolución no como una lucha sino como una Innvación - una gran energía despelgándose en una interminable fecundidad. Otra parte del Evolucionismo Modernista acentuó la importancia de la adaptación - aparecen nuevas formas en activo, hay una respuesta vital al entrono de cambio constante. El punto de vista evolucionista ofrecía un sustento crucial a los arquitectos que necesitaban de la autoridad cretativa para construir una arquitectura revolucionaria (así por ejemplo, la argumentación del arquitecto de Chicago, John Wellborn Root, en 1890, o al efecto de que el nuevo principio de la vida moderna, que estaba desarrollando especies mutantes de arquitectura, había extinguido las antiguas formas arquitectónicas). Muchas fuerzas actuaron a coro alentando la nueva arquitectura, incluyendo el individualismo modernista. Se puso fin a la represión victoriana y apareció el culto a la soberanía individual y la glorificación de la vida libre y creativa, llevados a su forma extrema en la doctrina del superhombre de Nietzsche,. Ibsen, Bergson y Shaw defendieron las fuerzas anárquicas de la vida y facilitaron la propia realización.
pág. 602....La doctrina modernista de principios del siglo XX tuvo un gran éxito propagandístico promoviendo el desarrollo y la difusión del movimiento, al proclamar que la arquitectura trecnologica y mecanomórfica era la salvación moral y social de la humanidad y que podía hacer mejores a los hombres a través de un entorno arquitectónico más puro, "racional" y "funcional". Pero mirando atrás históricamente, es crucial darse cuenta de que hay muchas arquitecturas modernas, no simplemente una. No es sólo la arquitectura al estilo de la máquina, sino un fenómeno mucbo más complicado. La arquitectura moderna tiene muchos aspectos y cambia continuamente porque la vida moderna tiene muchos aspectos y cambia sin cesar. El principio del siglo XX, a pesar de su mecanología, fue un período de gran vitalidad, evocable en nombres como Freud y Einstein, Bergson y Wittgenstein, Joyce y Kafka, Picasso y Duchamp. Fue una época agitada por el fenómeno revolucionario en todas las esferas: el cubismo, la teoría de la relatividad, el complejo de Edipo, la Revolución Rusa, la "Gran Guerra"; una larga lista que incluye la arquitectura anihistoricista, cuya iconoclastia radical es imprescindible en tiempos menos revolucionarios. La nueva arquitectura formaba parte de una escena revolucionaria mayor; y como ella, estaba lejos de cristalizar en una configuración clara y uniforme, pero era fluida y fragmentada. Así, junto al mecanomorfismo dominante, aparecieron fuertes tendencias biomórficas e incluso geomórficas - la imitación a la naturaleza en toda su variedad, impredecibilidad y fantasía de formas. Los modelos arquitectónicos para una arquitectura moderna parecían ilimitados e incluían el mundo del arte - arquitectura como escultura y arquitectura como pintura- e incluso las arquitecturas primitivas y exóticas. Sólo estaba prohibido el resurgir explícito del pasado europeo.
---
Págs. 99 - 111.“La respuesta a la mecanización. El Deutsche Werkbund y el futurismo”
Los manifiestos futuristas de pintura (1910) y escultura (1912) intentaban extender más aún la sensibilidad futurista. El dinamismo era el principal concepto común, y los primeros pintores del movimiento, entre ellos Umberto Boccioni y Gino Severini , intentaban traducir el espíritu futurista no sólo eligiendo temas como trenes saliendo de las estaciones, solares al borde de las ciudades industriales y huelgas, sino también tratando estos asuntos con un juego vitalista de colores complementarios, efectos divisionistas de iluminación y composiciones diagonales inestables . En 1911, los recursos del Cubismo analítico comenzaron a ser asimilados por los pintores futuristas, lo que dio como resultado la incorporación de la fragmentación, las interpenetraciones de espacio y forma, la abstracción y los elementos de la realidad. El recurso cubista de mostrar diferentes puntos de vista de un objeto se adoptó para expresar la duración y los diferentes estados de los objetos al desplegarse en su entorno. Éste era un elemento clave de la doctrina futurista, relacionado sin duda con la adulación que hacían estos artistas de las ideas filosóficas de Henri Bergson sobre el tiempo y el flujo. Bergson resaltaba la primacía del cambio en cualquier realidad y el papel de la intuición al percibirla. Los pintores futuristas trascendieron con mucho cualquier banal 'realismo de apariencias contemporáneas', intentando crear equivalentes simbólicos a su excitado estado de ánimo cuando se enfrentaban a estímulos enteramente nuevos como el movimiento, la velocidad, la luz artificial, el acero y los paseos en coches rápidos. La escultura futurista abrió igualmente un nuevo territorio expresivo en un intento de expresar 'el dinamismo universal': el flujo de la vida moderna. El manifiesto de escultura anunciaba que la base de esta nueva forma sería 'arquitectónica':«[. . .] no sólo como construcción de masas, sino de modo que el bloque escultórico tenga en sí los elementos arquitectónicos del ambiente escultórico en el que vive el tema.»
Págs. 87- 107."Expresionismo y futurismo”
Este movimiento (Futurismo), radicado en Milán, se “fundó” cuando el escritor Filippo Tommaso Marinetti (1877-1944) publicó “la fundación y el manifiesto del futurismo” en la primera plana del periódico parisiense Le Figaro en 1909. Este manifiesto era un himno de alabanza a la mecanización total de la vida. Las ideas de Maniretti estaban profundamente influidas no sólo por Henri Bergson, con su concepto de la realidad como proceso, sino también por Georges Sorel, quien, en su libro Reflexiones sobre la violencia (1908), había propugnado la idea de un activismo espontáneo basado en el mito, argumentando que la violencia era una fuerza necesaria y purificadora en la vida política del proletariado.
---