Págs.617-633. La importancia de la nueva orientación hacia el pasado consistía en algo más profundo que esas disposiciones consagradas a base de manzanas cerradas y entradas simétricas; consistía en penetrar en las ‘subestructuras’ de las tradiciones regionales y universales; en desenterrar la memoria histórica en lugares concretos; en consolidar el territorio frente a la arremetida de la expansión urbana; en concentrarse en la geometría y el tipo; y en explorar ideas constructivas. Algunos de los edificios evocadores concebidos en la primera mitad de los años 1980 surgieron de preocupaciones de esta índole: podrían citarse la casa Rotonda en el Ticino (1980-1981), de Mario Botta, el Museo Nacional de Arte Romano en Mérida (1980-1986), de Rafael Moneo, el Palacio de Congresos de Salamanca (1985-1992), de Juan Navarro Baldeweg, y el Gran Arco de La Défenseen París (1981-1987), de Johan Otto von Spreckelsen. Se trataba de edificios que aplicaban algo de las ideas e imágenes neorracionalistas, al tiempo que buscaban resonancias dentro de sus culturas respectivas; todos cristalizaban una serie de aspiraciones sociales contemporáneas, pero también rememoraban formulaciones antiguas y tipos básicos de la historia de la arquitectura como la sala hipóstila y el acueducto (Mérida), la cúpula flotante con un óculo atravesado por la luz (Salamanca) o la puerta monumental como una especie de refugio o arco de triunfo (La Défense).
... Convertía la casa de un próspera familia con dos coches, construida con ladrillos de hormigón, en un monumento compacto que desafiaba la dispersión suburbana circundante y que reafirmaba un conjunto más antiguo de coordenadas ligadas a los viejos establos y castelli. El cilindro principal del edificio estaba cortado en dos por una endidura que dejaba entrar la luz hasta lo más profundo de la construcción. El lucernario era de forma triangular, como recordando un frontón o una cubierta. La planta circular estaba alineada con los puntos cardinales y sugería un calendario solar diseñado para captar los rayos de sol en momentos concretos del día o del año. Las vistas estaban controladas para recortar el entorno inmediato y para centrar la atención en las partes intactas del paisaje. La casa Rotonda evocaba un observatorio o tal vez una torre para el retiro espiritual. En el lado de la calle los muros se escalonaban hacia abajo y hacia afuera para hacer sitio a los coches a ambos lados, pero también para revelar el extremo curvo de las escaleras. Vienen a la cabeza las macizas torres de circulación de Kahn o las escaleras con forma de silo de Le Corbusier, aunque en este caso el elemento estaba impregnado de una nueva expresión con sus propias reglas internas. La unión con el cilindro mayor de la casa se resolvía hábilmente haciendo volar los ladrillos de modo que la forma evocaba inevitablemente una columna, pero generaba desde dentro, funcionalmente y en función de ciertas ideas, no simplemente como una cita o un signo adosados. Esta forma curva tenía resonancias tanto románicas como romanas, aludía a la idea de la columna en general, pero también poseía la objetividad directa de la modernidad.