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BENEVOLO, L., Historia de la arquitectura contemporánea. Edit. Gustavo Gili. Barcelona, 1987


p.228. El plan de Washington, trazado en 1791, por Pierre Charles L´Enfant (1754-1825), constituye por el contrario, un intento de introducir en la tradicional malla uniforme los conceptos de perspectiva barroca, subordinando la composición a dos ejes monumentales que se cortan en ángulo recto en las riberas del Potomac, mientras que a los lados del capitolio y la Casa Blanca convergen numerosas arterias radiales que cortan en diagonal la retícula. La intención de L´Enfant se expresa de la siguiente forma en una carta al presidente de Washington: “Después de terminar algunos puntos principales a los que deben subordinarse los demás, he establecido una distinción regular, con calles que se cortan en ángulo recto, orientadas de Norte a Sur y de Este a Oeste: he abierto algunas otras direcciones, en forma de avenues que vienen y van hacia cada plaza principal, con objeto, no sólo de romper la uniformidad general…. Sino sobre todo, de comunicar cada parte de la ciudad, valga esta forma de expresarme, disminuyendo la instancia real de plaza a plaza, haciendo posible la vista de unas a otras, y dando la apariencia de estar reunidas”.


Es una intención culta, que deriva de tradiciones culturales europeas, como la “simetría” y el “gusto que Jefferson trataba de introducir en la arquitectura. Las dimensiones colosales – el eje de la explanada principal, entre el Capitolio y el río, tiene más de cuatro kilómetros de largo, mayor que el del parque de Versalles – hace que muchos de los efectos de perspectiva no pasen del papel, perdiéndose en ambientes inconmensurables, pero, sin embargo, proporcionan al plano de L´Enfant un notable margen de duración: de hecho la red viaria trazada en 1791 satisfaría las exigencias de la capital federal durante más de un siglo. Análogos resultados obtendría, en el siglo siguiente, el barón Haussmann en Paris; es interesante observar como , en América, ciertas virtudes contenidas en las aportaciones culturales europeas, cuando actúan en un contexto más sencillo y con menos dificultades que vencer, salen a la luz antes que en la propia Europa.


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COLQUHOUN Alan.,  La arquitectura moderna. Una historia desapasionada. Gustavo Gili.Barcelona. 2005. 


Págs. 35-55“Organicismo frente a clasicismo: Chicago, 1890-1910”.


El movimiento city beautiful


La Exposición Universal origina una oleada de arquitectura clásica en Estados Unidos. En 1928, el historiador Fiske Kimball escribía lo siguiente: «La cuestión de si la función deberá determinar la forma, o si una forma ideal podía imponerse desde fuera, había quedado resuelta durante una generación por una aplastante victoria de la postura formal». Una de las consecuencias de la exposición fue que, tras el cambio de siglo, los edificios comerciales en altura construidos en Estados Unidos empezaron mostrar una creciente influencia beaux arts. Esto puede apreciarse en la evolución de la obra Burnham. En el edificio Conway de Chicago (1912) y en muchos otros ejemplos, Burnham aplico la clara división tripartita de Sullivan, pero la adorno con una sintaxis clásica, tratando a menudo el ático como una columnata clásica, reduciendo el tamaño de las ventanas en la parte media de la fachada y restando importancia a la expresión de la estructura.


La Exposición Universal tuvo un importante efecto en el movimiento city beautiful. Este movimiento se desencadeno a raíz del plan para Washington (el Plan Macmillan), que fue preparado por la comisión de parques del Senado norteamericano y que se expuso en 1902. Tanto Burnham como Charles McKim (1847-1909) estaban en dicha comisión, fueron responsables del proyecto, que preveía la terminación y la ampliación del plan trazado por Pierre-Charles L'Enfant en la década de 1790. Después de esto, se pidió a Burnham que preparase muchos planes urbanísticos, de los cuales sólo se llevaron a cabo unos cuantos, entre ellos el plan para el centro de Cleveland. El mas espectacular de estos planes fue el de Chicago, preparado en colaboración con Edward H. Bennett (1874-1945). El plan fue financiado y gestionado por un grupo de ciudadanos particulares, y fue objeto de una elaborada campaña de relaciones públicas; su rasgo mas característico era una red de amplias diagonales que se superponían a la retícula de calles existente a la manera de Washington y del Paris de Haussmann. En el centro de esta red debía haber un nuevo ayuntamiento de proporciones gigantescas. Aunque nunca se llevo a la practica, este plan se utilizo en cierta medida como guía para el desarrollo futuro de la ciudad. Un critico entusiasta, Charles Eliot, lo describió como una representación del colectivismo democrático e ilustrado que interviene para reparar los daños causados por un exagerado individualismo democrático. Otros criticaron el plan porque se despreocupaba del problema de la vivienda colectiva, dejando la mayor parte de la ciudad en manos de los especuladores.


Pero a pesar de este aparente conflicto entre dos concepciones incompatibles del urbanismo -una estética y simbólica, y la otra social y práctica- muchos reformadores sociales, incluido el sociólogo Charles Zueblin, apoyaban el movimiento city beautiful, afirmando que la Exposición Universal había instituido la «planificación científica», había fomentado un gobierno municipal eficaz y había puesto freno al poder de los dirigentes. Está claro que el «colectivismo ilustrado», con su rechazo del liberalismo económico y su énfasis en los principios normativos, era capaz de asumir connotaciones tanto conservadoras como progresistas. En Europa donde se estaba produciendo o en esos momentos un estallido de la actividad urbanística se intentó conscientemente conciliar lo estético con lo social. En el congreso de urbanismo celebrado en Londres en 1910, el alemán Joseph Stubben afirmó que los urbanistas de su país habían logrado combinar la tradición nacional francesa con la tradición «medieval» británica. Justificada o no, esta afirmación sólo era factible en el contexto de la ciudad tradicional europea. En Norteamérica, la separación conceptual y física entre la residencia y el trabajo, entre la periferia suburbana y la ciudad, hacia imposible tal conciliación.

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