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El parque ahora

Central Park

  • 1857 - 1863
  •  
  • VAUX, Calvert
  • OLMSTED, Frederick Law
  •  
  • Nueva York
  • Estados Unidos
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G.Morris, S. De Witte, J.Rutherford en su plan para N. York comentan:  “Una ciudad se compone de casas, cuando las calles se cruzan en ángulo recto, la construcción de las casas es más barata y la vida de éstos más cómoda. Las plazas no son necesarias, se vive en las casas no en las plazas”.


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Con esta perspectiva, el planteamiento de Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux en la realización del Central Park, resulta de carácter terapéutico. Sobre todo en una  ciudad con rigidez formal, que opta por la explotación intensiva de los lugares habitacionales, con alta densificación y subida de precios. El controvertido plan llevado a cabo, quiere ser una “vigorosa visión de la naturaleza en el corazón de la metrópolis” , una “influencia civilizadora para las masas recién urbanizadas”, una “nueva mansión para los habitantes de la ciudad” que proporcione a los neoyorkinos de clase trabajadora “una alternativa saludable a la taberna” y aproxime la ciudad a otras europeas que ya habían desarrollado este tipo de parques públicos como Londres y Paris.


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MONTANER, Josep María., Sistemas arquitectónicos contemporáneos. Gustavo Gili. Barcelona, 2008.


págs.10-25. “La crisis del objeto” 


 La misma evolución del espacio público había generado la opción por los sistemas como cadena secuencial de espacios libres formando un conjunto unitario, a la manera de sistemas de parques. La idea y puesta en práctica del Park System, o sistema de parques, fue desarrollada por Olmsted en las tres últimas décadas del siglo XIX. Su ejemplo más emblemático es el sistema de parques que proyectó en Boston: el Emerald Necklace (iniciado en 1876), que tiene unos 11 km de longitud. Después de haber realizado con el arquitecto británico Calvert Vaux el Central Park de Nueva York (iniciado en 1850), Frederick Law Olmsted (1822-1903) proyectó diversos espacios públicos en Boston. Tras formar parte de la comisión responsable de los parques a partir de 1875, comenzó por el Black Bay Fens (1879), replanteando unos pantanos existentes, continuó con el Muddy River Valley (1881) como nexo o riverway que enlazaba las reservas de paisaje existentes, y culminó con el gran Franklin Park(1885) proyectado como un parque rural, junto al Arboretum Arnold (1887). Así fue inventando y desarrollando la idea del Park System, basada en la articulación y concatenación de un sistema de parques que unían las preexistencias, aprovechaban pantanos, lagunas y ríos, y creaban dedos verdes o corredores ajardinados y parkways que formaban un parque continuo.Olmsted planteó la idea de un sistema complejo de parques con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las metrópolis, al prever el fenómeno de crecimiento incontrolable de unas ciudades que empezaban a depredar todas las reservas de paisaje. De esta manera, Olmsted proponía que las ciudades se organizasen en torno a esta nueva geografía de sistema de parques. Su estudio de paisajismo fue continuado en diversas ciudades norteamericanas por sus descendientes, empezando por John Charles Olsmted, y por su discípulo Charles Eliot (1859-1897), quien amplió la idea con la propuesta del Metropolitan Park System, según el cual se conservaban entornos naturales dentro de las ciudades.


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 FRAMPTON Kenneth., Historia crítica de la  Arquitectura Moderna. Gustavo Gili. Barcelona, 1987.  


Págs. 20-28.“Transformaciones territoriales: evolución urbana, 1800-1909”


 Propio de la clase terrateniente, este concepto de la casa de campo neoclásica colocada en un paisaje irregular (una imagen derivada de las obras pintoresquistas de Capabitity Brown y Uvedale Price) fue así aplicado por Nash a la creación de residencias en hilera situadas en el perímetro de un parque urbano. Sir Joseph Paxton fue el primero en adaptar sistemáticamente este modelo para su uso general en Birkenhead Park, construido a las afueras de Liverpool en 1844. El Central Park, de Frederick Law Olmsted, en Nueva York, inaugurado en 1857, estaba directamente influido por el ejemplo de Paxton, incluso en cuanto a la separación del tráfico de vehículos y de peatones. La idea alcanzó su concreción final en los parques parisinos creados por Jean-Charles-Adolphe Alphand, en los que el sistema de circulación dictaba de forma absoluta la manera en que debía usarse el parque. Con Alphand el parque se convierte en una influencia civilizadora para las masas recién urbanizadas.


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KOSTOF, Spiro., Historia de la arquitectura. Alianza Editorial. Madrid 1988. Tomo 3


págs.1107-1165.“Ambientes Victorianos” 


pág.1128. La América victoriana.


pág.1137. El panorama desde el Este.


 La realidad era mucho más áspera. El propio campo estaba siendo invadido por la industria. Sus instalaciones habían estado engendrando fábricas y ciudades industriales que impedían el crecimiento de los poblados coloniales de la vecindad. Aquella primera actitud paternalista de los industriales hacia la mano de obra, que había producido comunidades modélicas como Lowell con sus zonas de vivienda hogareñas y decentes, se estaba convirtiendo en un lujo. Con la llegada en oleadas de mano de obra inmigrante desde el extranjero, se levantaron mezquinas chabolas para albergar a esta mano de obra barata y denigrada. En las ciudades, la población inmigrante se iba metiendo apretadamente en casas de vecindad de constructores especuladores. Estas eran una institución urbana nueva y perdurable, esas altas torres de pisos, de cinco o seis plantas de altura, que por lo general carecían de instalaciones sanitarias y de calefacción. Sus habitaciones estaban a lo largo de oscuros pasillos, dando a oscuros respiraderos. El único punto medio verosímil entre estos desdichados barrios y las casas adosadas y casas de veraneo del Estilo de Ripias de prósperos hombres de negocios y profesionales estaba representado por los cottages de estructura exenta para los asalariados en los suburbios obreros, que estaban comunicados con los distritos de negocios por tranvías.


Más en América que en Europa, los dos corolarios fundamentales de la era capital industrial —la superpoblación y la separación del lugar de vivienda respecto del lugar de trabajo— traumatizaron la vida urbana y disiparon la configuración de la ciudad que era su matriz. Desde 1860 en adelante, la población urbana aumentó con una tasa del 50 por ciento respecto a cada década anterior. En la época de la Guerra Civil sólo un 20 por ciento de la población americana vivía en las ciudades. Este número se dobló en 1900.


En menos de treinta años Nueva York alcanzó una población de 3 millones de habitantes, más del doble de lo que tenía cuando comenzó la Guerra Civil. La opresiva retícula se extendió y se llenó implacablemente. Central Park constituía el único esfuerzo por enmendarla, y no resultó fácil. Incluso cuando las largas batallas políticas habían acabado y se había aprobado la idea de estos grandes espacios públicos, no había acuerdo respecto a cómo debían emplearse. Las clases superiores imaginaban un ambiente cultural que albergaría museos y otras instituciones educativas en un marco silvestre. Las clases inferiores las utilizarían más bien para esparcimiento general y deportes. Debemos atribuir a un hombre, Frederick Law Olmsted (1822-1903), el hecho de que ningún bando se impusiera al principio, y el parque, de 800 acres de roca y arbusto, permaneciera fundamentalmente como un escenario natural. Caminos transversales, hundidos bajo la superficie en trincheras de profundas paredes, permitían que el tráfico comercial lo atravesara sin obstruirlo. Los paseos de peatones fueron cuidadosamente separados de los paseos de a caballo y de los caminos para los vehículos recreativos, y éstos continuaban sobre viaductos en las calles de la ciudad.


El trazado de Central Park estaba dentro de la tradición pintoresca inglesa. Pero para Olmsted, un parque era un paisaje rural idealizado en el centro de una ciudad que actuaba «de una forma directamente terapéutica para capacitar a los hombres para resistir las nocivas influencias de la vida urbana ordinaria y recuperar lo que pierden de ellos mismos». No había falsas ruinas, ni follies o monumentos; sólo una imagen pastoril para contemplarla y relajarse. Y las infatigables exhortaciones de Olmsted convencieron. El ejemplo de un parque urbano y de caminos ajardinados tomó fuerza, y se reconoció el derecho de la población urbana a insistir en ello. Mientras tanto, las líneas sinuosas de Olmsted se extendieron a la planificación de campus universitarios, de lugares de veraneo y de barrios residenciales de todo el país.


La casa suburbana exenta y el parque urbano eran dos temas arquitectónicos que constituían una contribución especialmente americana a la historia de la arquitectura de la segunda mitad del siglo XIX. Un tercer tema era el alto edificio de oficinas.


La génesis de este tercer tipo está también vinculada, como las otras dos, a la dinámica de la ciudad cambiante. Cuando el transporte rápido legitimó el viaje diario hacia el trabajo, las clases acomodadas se trasladaron de los congestionados centros de las ciudades a comunidades satélite autónomas de la periferia en las que todavía podían disfrutarse espacios abiertos y zonas verdes. La gente de la clase trabajadora, empujados por la subida de los valores del inmobiliario de un centro urbano que se estaba haciendo exclusivamente comercial, también salió hacia los márgenes de la ciudad siguiendo las líneas de tranvías. Cada uno de estos suburbios era una entidad residencial de unidades similares, sin un foco institucional o social. Cada uno tenía una identidad distinta: étnica, religiosa o económica. El mermado centro urbano fue rápidamente ocupado por fábricas, almacenes y edificios de oficinas. Por la noche, la vida se escapaba de él a medida que los ferrocarriles elevados, los trenes subterráneos y los tranvías se llevaban a la población trabajadora, para regresar por la mañana temprano.


Por supuesto, el proceso fue gradual, y afectó más acusadamente a las ciudades grandes. El mismo síndrome de la gran ciudad era hijo del transporte moderno. Los costes del transporte, cada vez menores gracias a los ferrocarriles y a los canales, promovieron el crecimiento de mercados mayores. Las compras por correo ejemplifican este mercado sin límites. Ahora las empresas de negocios y de manufacturas podían instalar sus cuarteles generales en unos pocos centros comerciales bien comunicados como Nueva York y Chicago. Puesto que en estos centros sólo había una cantidad de terreno fija y la demanda era extraordinaria, los valores del terreno subieron precipitadamente.


Y lo mismo hizo la altura de los edificios. Al final de la Guerra Civil, las nuevas construcciones del centro de Nueva York solían tener cuatro pisos; hacia 1885, siete y ocho pisos eran algo común; al final del siglo, de doce a quince pisos. Esta concentración de construcción de alta densidad en una pequeña área estableció severas demandas de servicios municipales y transportes, como alcantarillas, agua y sistemas ligeros de ferrocarril y metro. Por el contrario, los núcleos de las ciudades europeas mantenían su costumbre de un uso mixto; en sus nuevos edificios el negocio se mezclaba con las residencias, y antes se habían establecido límites oficiales de altura.

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