págs. 205-211.Entre tanto, del estudio de Terragni siguió mandando un conjunto de diseños estrechamente relacionados, incluyendo sus propuestas de concurso para la casa Littoria en 1937 y para el Palacio de Congresos de la EUR en 1938, diseñadas ambas en colaboración con Cattaneo y Lingeri. En torno a la misma fecha, Terragni produjo la obra más metafísica de toda su carrera: el Danteum, proyectado en 1938 como un adorno monumental para la vía del Imperio, trazada por Mussolini a través de la ciudad antigua. Este proyecto -que comprende bloques cada vez menos densos de espacio rectangular colocados como un laberinto, que simbolizan las etapas del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso- eran en muchos aspectos una abstracción del esquema usado para el edificio de la EUR.
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Págs. 351-369“Las críticas totalitarias al Movimiento Moderno”
A finales de los años 1930, los esfuerzos creativos de Terragni se nutrían cada vez más de cavilaciones intelectuales sobre la historia y sobre los comienzos de la arquitectura en las instituciones arquetípicas. Los niveles gradualmente más complejos de su imaginería encontraron salida finalmente en un curioso proyecto, nunca construido, para un monumento a Dante, que debía situarse en el Foro Romano y constituir un emblema de la continuidad de la cultura italiana, la unidad del nuevo imperio y sus paralelismos con los anteriores. El Danteum' (como iba a llamarse) debía incluir un centro de estudios sobre Dante, y se situaría en un lugar próximo a la basílica de Majencio. El proyecto se lo encargó en 1938 Rino Valdameri, director de la pinacoteca Brera de Milán, y una primera versión fue aprobada por Mussolini; pero tanto el cliente como el arquitecto resultaron muertos en la guerra.
En esencia, el proyecto de Terragni era una especie de analogía de la Divina comedia de Dante y estaba compuesto alrededor de un recorrido procesional ascendente que unía compartimentos rectangulares de distinto ambiente y articulación que representaban el Infierno, el Purgatorio y el Paraiso siendo este último un espacio a cielo abierto con una retícula de columnas de vidrio dentro. Los elementos formales básicos eran muros y columnas cilíndricas, todo ello ordenado en relaciones proporcionales basadas en la sección aurea en las dimensiones de la cercana basílica de Majencio, y en un abstruso simbolismo numerológico propio de Terragni, que lo consideraba en consonancia con el pensamiento de Dante. Pero las mallas y las salas hipóstilas de columnas estaban a su vez ligadas a las ideas del arquitecto sobre los comienzos de la arquitectura, e incluían lo que entendía como formas arquetípicas (por ejemplo, cilindros y rectángulos), tipos básicos (por ejemplo, columnas exentas, pórticos y salas hipóstilas) y tipos institucionales fundamentales (por ejemplo, el templo y el palacio). Ciertamente, el edificio combinaba, con sutileza y hermosura, referencias derivadas del diseño de los templos egipcios con el vocabulario de la arquitectura moderna, con la abstracción de la pintura moderna, y con los elementos básicos de los edificios romanos próximos. El Danteum pretendía ser una especie de microcosmos del imperio del Duce, su ambición pan mediterránea, su triunfo, sus logros culturales y su sanción divina, todo lo cual supuestamente enlazaba la era del fascismo con otras grandes épocas de la historia de Italia. Se trataba claramente de un caso en el que los recursos modernos de la abstracción se empleaban no para escapar del pasado, sino para penetrar de lleno en él a varios niveles simultáneamente. Pese al hecho de que nunca se construyó, el proyecto del Danteum debe figurar como una de las ideas más sutiles y complejas que se concibieron dentro de la tradición del movimiento moderno; mostraba una posible manera de combinar lo antiguo con lo moderno sin acabar traicionando ambas cosas. Después de examinar en conjunto la obra de Terragni, y apreciando la profundidad con la que investigó las raíces de la arquitectura y con la que afrontó el problema de fundir la estructura y el espacio modernos con los esquemas clásicos de la representación, uno se queda pensando si este arquitecto, de haber sido alemán, habría superado las estrecheces de los prejuicios ideológicos, y si habría creado una mezcla semejante, tan rica en significados, bajo el patronazgo nazi. En comparación, la arquitectura de Speer era banal y obvia; ¿pero esto se debía a su contenido fraudulento o al menor talento del artista?. Los prejuicios de la primera historiografía moderna solían exigir que se viese la nueva arquitectura como una expresión de las ideologías liberales, pero el caso de Terragni desafía esta cómoda teoría al presentar una arquitectura de alto nivel, indiscutiblemente moderna, pero profundamente vinculada al pasado y al servicio del fascismo.
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