Estas ideas coinciden plenamente con las expresadas por Janák y otros arquitectos cubistas, y en realidad constituyeron todo un leitmotiv para las vanguardias arquitectónicas de los años 1910, que se oponían al historicismo académico automático, y entendían la modernización como una reinterpretación de las formas y los tipos tradicionales.
Las tres obras construidas por Josef Chochol en Vysehrad, al sur de Praga,constituyen las muestras más prístinas del cubismo arquitectónico, liberadas como están de la necesidad de camuflarse en un contexto urbano más denso. El bloque de viviendas de la calle Neklanova (o bloque Hodek, 1913) es una moderna casa de vecinos de hormigón armado sin decoración aplicada sobre los paramentos; los muros están ‘inflexionados’ en diversos pliegues y las fachadas aparecen dramatizadas por un potente juego de luces y sombras. Como ha señalado Ákos Moravánszky, la masa de este edificio se difumina al llegar a la esquina, donde una delgada columna angular recorre el espacio desde el suelo hasta la cornisa rodeada de abiertas balconadas.
Los lugares donde el haz prismático de la columna y las pilastras situadas entre las ventanas tocan la cornisa son puntos de cristalización, en los que los soportes transmiten su energía a las formas dinámicas de la cornisa. Los capiteles se convierten en pliegues, con lo que se elimina la rigurosa separación de cubierta y pared exigida por [Gottfried] Semper […]. Este extraordinario grado de isomorfismo […] demuestra que en tales casos el cubismo fue mucho más que un nuevo tipo de ornamento de fachada.
El propio Chochol explicó en un artículo de 1913 (“Sobre la función del detalle arquitectónico”) que la estructura analítica compuesta por partes era característica de los pueblos del Sur, mientras el carácter nórdico de los checos les conducía hacia formas orgánicas y dramáticas, capaces de reflejar la vitalidad de la forma. Siguiendo las líneas de las teorías de Theodor Lipps sobre la Einfiblung (‘empatía’), Chochol consideraba que la arquitectura debe dirigirse “a individuos de temperamentos afines y sensibilidades similares”, lo que entendido en el contexto de sus reflexiones implicaba una adaptación a las características del genius loci.Por otra parte, según él, la imagen de la nueva arquitectura checa debía ser rotunda, plásticamente nítida (sin ornamento), para adaptarse al ritmo acelerado de la vida en la ciudad moderna.
En las viviendas de la calle Neklanova, el plano de la escala humana (planta baja) y la cornisa oblicua saliente indican con sus pliegues pronunciados las líneas continuas y quebradas que confluyen en la potente esquina, donde las terrazas disuelven este efecto en el aire y permiten así que la mirada pase a través del edificio. Pocas obras de la época expresan mejor que ésta la naturaleza del material y el sistema constructivo, o presentan una imagen más puramente moderna. Y a pesar de todo, el edificio de Chochol se ha proyectado en un estilo praguense con elementos góticos y barrocos claramente identificables para quien conoce la arquitectura del lugar. El portal -enmarcado por pliegues que modulan monumentalmente la luz sin abandonar la más pura abstracción- presenta un juego sutil entre llenos y vacíos (pues el espacio abierto que atraviesa la esquina forma parte de él tanto como la puerta de entrada) y el efecto aparece animado por las líneas oblicuas de antepechos, carpinterías parapetos, lo que se complica con los distintos tamaños de las ventanas poligonales que se adaptan al desnivel de la calle.