Págs. .201 -215“Arquitectura y revolución rusa” .
Evidentemente, quienes soñaban con visiones modernas habían sobrepasado las aspiraciones de su potencial clientela y, por el camino, habían revelado graves problemas de comunicación entre las percepciones de una vanguardia sumida en los recursos de la abstracción, y los valores de una cultura de masas tal como la concebía el estado centralizado. De hecho, en 1932, los restantes arquitectos de la vanguardia fueron agrupados bajo control estatal y, o bien abandonaron la arquitectura, o bien se zambulleron en las doctrinas oficiales pero aparentemente poco estimulantes del realismo socialista.
El proyecto de Mélnikov para un Ministerio de la Industria Pesada (1934) - con su grotesca estatuaria y sus torpes ornamentos maquinistas— fue una respuesta extrema e incluso caricaturizada a esa nueva clase de expresión que se estaba exigiendo. Pero además de ser representativa de los problemas de la injerencia del estado, la victoria de Iofán en el concurso del Palacio de los Sóviets tal vez pueda verse también como un epitafio al prematuro intento de la vanguardia de visualizar las formas arquitectónicas de una nueva sociedad sin un respaldo suficiente de la comunidad en general . Pese a sus constantes protestas en sentido contrario, los arquitectos modernos soviéticos —en su ascenso y en su caída— habían reconocido esos cismas, típicos de la cultura industrializada occidental, entre la historia y la modernidad, entre el artista y 'el pueblo' ; demasiado a menudo habían recurrido a una versión secularizada de esa concepción, formulada por Kandinsky , del artista como un profeta de las nuevas formas. “El Volk (‘pueblo’) no está con nosotros” , había escrito Klee en sus diarios; esto mismo iba a ser cierto también en varias áreas de la cultura moderna en el periodo de entreguerras.
---
Págs. 109- 135.“Las vanguardias en Holanda y Rusia”
Dos arquitectos visionarios.
Entre los muchos arquitectos de talento que surgieron en Rusia en la década de 1920 destacan dos figuras: Konstantin Mélnikov (1890-1974) e Iván Leonidov (1902-1959). Melnikov tenía una educación prerrevolucionaria, mientras que Leonidov se había formado dentro de la cultura de la vanguardia posrevolucionaria. Sin embargo, ambos estaban igualmente comprometidos con el socialismo y el movimiento moderno, y trataban de dar forma simbólica a los ideales de la revolución, al tiempo que exploraban las ideas arquitectónicas en sí mismas.
Melnikov era lo bastante mayor como para haberse visto influido por el clasicismo romántico – que estaba de moda cuando él era estudiante-, tras lo cual sucumbió a los encantos del expresionismo y el movimiento Proletkult. En muchos aspectos su enfoque era similar al formalismo de Ladovski, pero creía que las ideas de éste eran demasiado teóricas y esquemáticas y junto a Iliá Gósolov, creó dentro de los Vjutemas un curso aparte – La nueva academia – que ofrecía un enfoque más individual y espontáneo del diseño. En los proyectos de Mélnikov, las formas y los espacios se basaban en un detenido estudio del programa, que él interpretaba como unas geometría¡ enfrentada y distorsionadas, como el pabellón de la URSS en la Exposición de Artes Decorativas de Paris de 1925. Sus edificios provocaban ideas y asociaciones que iban más allá de la arquitectura, y actuaban como signos dentro del contexto urbano existente, como en el caso, por ejemplo, del club obrero Rusakov de 1927. A menudo se ha señalado su similitud en este aspecto, con la architetture parlante de Claude Nicolás Ledoux (1736-1806), que en aquella época era muy popular entre los arquitectos rusos.
Melnikov rechazaba una definición purista de la arquitectura moderna tanto en sentido formal como técnico, y sus edificios exhiben una ecléctica mezcla de expresionismo estructural, abstracción formal y un uso alegórico de la figura humana. En la década de 1930 empezaron a aparecer en su obra, cada vez con más frecuencia, algunos elementos Kitsch, como los de la Comisaría de la Industrial Pesada (1934), que probablemente reflejaban la exigencia oficial de hacer una arquitectura social y realista. Pero dado que Melnikov lo usaba como armas adicionales de su arsenal de tácticas de choque – lo que nos trae a la mente la teoría de “hacer extrañas” las actividades tradicionales, propugnada por el crítico Victor Shklovski - más que buscar una reconciliación con la trdición, en la década d 1930 su obra sufrió el mismo ostracismo oficial que la de los constructivistas y los racionalistas.