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Gimnasio del Colegio Maravillas

Gimnasio Maravillas
  • 1960 - 1962
  •  
  • DE LA SOTA, Alejandro
  • LACA PRIMO, Alfedro Ramón Proyecto   1959 - 1959
    Encargado de realizar el proyecto en 1959. Se dió el visto bueno, comenzaron las obras y sin motivo alguno se paralizaron y "re-encargó" el proyecto a Alejandro de la Sota.
  • MELÉNDEZ ANDRADE, Fernando Ampliación   1966 - 1966
  • ROJAS MARCOS, Eusebio Proyecto   1960 - 1962
    Ingeniero Industrial
  •  
  • Madrid
  • España
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CURTIS William. J. La arquitectura moderna desde 1900. Edit. Phaidon. Hong Kong, 2006.


Págs. 471- 489.“Disyunciones y discontinuidades en la Europa de los años 1950”


A diferencia del edificio de Tarragona, el gimnasio del Colegio Maravillas en Madrid (1961-1962) carecía de toda retórica; de hecho, era tan discreto que casi pasaba inadvertido. La fachada de la calle tenía un carácter humilde y utilitario: un muro con la textura del ladrillo rojo tratado como una piel; la insinuación de una estructura de acero; cristaleras industriales lisas; miradores rectangulares ligeramente alientes; y, en lo alto, una valla de tela metálica sostenida por esbeltos postes de acero, que indicaba la presencia de un campo de juegos en la cubierta plana.


   Detrás de esta máscara neutra y esquiva, el interior era más espectacular: un volumen espacial único, cubierto por cerchas de acero curvas e invertidas. Este gesto, por sí solo, conseguía muchos resultados al mismo tiempo, tal como se puede apreciar en el hilachoso croquis que el propio De la Sota hizo de la sección: abría un vano nítido y diáfano para la cancha situada debajo, canalizaba el aire a través del edificio, y dejaba entrar desde el techo convexo una luz difusa que no daba en los ojos de los espectadores; formaba una especie de puente dentro del cual se podían insertar las aulas, encajando ingeniosamente en su contorno curvo los asientos en pendiente.


  Las mismas cerchas de acero en tensión visual evocaban la imagen de una cama elástica o de algún otro aparato para la educación física. Si el perfil de la curva recordaba la sección del plano aerodinámico de un ala, los detalles traían a la memoria un toldo de lona colocado sobre un teatro antiguo. Los rigurosos detalles del gimnasio Maravillas prolongaban el tema de una estructura de esqueleto que se iba separando gradualmente de un muro, de manera que las espalderas, las barras de trepar, las vigas del techo y las barandillas contribuían conjuntamente a expresar una única idea.


  Algunos años después, De la Sota escribía de un modo muy revelador: <>


 El espíritu era “funcionalista” y “objetivo”, si bien el propósito era liberar una tensión poética en la tecnología moderna dejándola surgir como algo virtualmente “natural”.


Juan Navarro Baldeweg –arquitecto español de una generación posterior, que ha seguido los principios (aunque no las formas) de De la Sota– escribía acertadamente del espíritu que había detrás de esa actitud ante la arquitectura:


“Cada proyecto presenta una estrategia propia de depuración […]. En otros casos, es preciso indagar lo esencial en una constitución de apariencia más libre. El gimnasio del Colegio Maravillas sería uno de esos casos en que lo aparentemente empírico esconde una formulación rotunda. El gimnasio es, en lo esencial, un espacio ganado al brusco corte topográfico y adjetivado, en correspondencia con la actividad deportiva que alberga, por la luz y el aire.


Se siente siempre algo que viene de lejos, algo que en su principio es común a todo lo físico, sea o no arquitectura, que ha sido apreciado intensamente, y que se recrea en un objeto que conserva aquella emoción cuajada reflexivamente. En este último andamiaje descansa la seguridad que hace válida y otorga naturalidad a los saltos atrevidos, brutales, que advertimos en las obras [de De la Sota] conviviendo junto al refinamiento y la delicadeza más evidentes. […] Me gusta particularmente una asociación de esta índole para la arquitectura de Alejandro De la Sota, vinculándola así a una armonía o a un ritmo propios […] que acompaña o se oye en cada proyecto.”


Una tradición se hace no sólo a base de secuencias de formas, sino también enlazando ideas arquitectónicas subyacentes. De la Sota recurría a Mies van der Rohe no para imitar su estilo, sino para transformar su principios en busca de nuevas intenciones y de otro “mito”.


  En el gimnasio Maravillas, De la Sota fue capaz de trazas las líneas principales de su idea en la esbelta malla de la propia estructura: revelar la anatomía de sus intenciones en la desnudez del acero. El sereno exterior, con sus capas visuales implícitas y sus salientes y entrantes, daba solución a muchas exigencias internas de iluminación y ventilación, pero era también una abstracción silenciosa puesta de manifiesto con materiales comunes y corrientes. Se apreciaba en el edificio una sensación de austera realidad urbana, muy adecuada a su situación ya su cometido.


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