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Museo Británico

British Museum
  • 1823 - 1830
  •  
  • SMIRKE, Sir Robert
  • STIRK HARBOUR, Rogers Ampliación   2011 - 2014
    Ampliación del Museo Británico con la construcción del World Conservation And Exhibitions Centre
  • Reforma interior   1845 - 1845
    Diseño del Weston Hall
  • POPE, John Russel Ampliación   1931 - 1939
    Diseño de la Duveen Gallery
  • ; FOSTER, Norman Reforma interior   1999 - 2000
    Cubrición del atrio Isabel II
  •  
  • Londres
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CAMPBELL James W.P., La biblioteca. Un patrimonio mundial. Edit. Nerea. San Sebastián, 2013.


pág.231 " Antonio Panizzi, director de la Biblioteca del Museo Británico, fue el perfecto exponente de esta nueva tipología. Pnizzi (1797-1879) comenzó a ejercer abogacía en la ciudad italiana de Módena, donde su afición a ls sociedades secretas que mezclaban la politica con el misticismo esotérico le acarreó una condena por delito de traición. Llegó a Londres huyendo de la justicia, sin un céntimo en el bolsillo y sin saber inglés. Allí malvivió durante algún tiempo enseñando su propio idioma mientras aprendía inglés por su cuenta. No tardó en encontrar empleo en la recién fundada Universidad de Londres, donde impartió clases sobre el Renacimiento. Para completar sus exiguos ingresos, aceptó un trabajo de bibliotecario adjunto en el Museo Británico, donde se labró una reputación al realizar un catálogo totalmente nuevo de la colección completa. Seguidamente se hizo carto de la sección de libros impresos (1837-56) y finalmente fue ascendido a la categoría de bibiotecario jefe (1856-1866). El Museo Británico había sido instituido con la doble función de biblioteca y museo. Desde sus comienzos albergó una colección de objetos y cuantiosos fondos bibliográficos, entre ellos los de la Biblioteca Real donada por Jorge II. También Jorge III fue un entusiasma coleccionista de libros que, para custodiar sus adquisiciones, encargó la construcción de una nueva biblioteca en el Palacio de Buckingham con una espectacular sala octogonal. Esta colección fue así mismo transferida al Museo Británico en 1823, una donación que llevó aparejado el derecho de depósito legal, lo que implicaba que, por ley, las editoriales tenían que entregar a la biblioteca un ejemplar de cada libro publicado en el Reino Unido. Para elbergar esta colección se construyó una nueva sala, la Biblioteca del Rey, que adoptó el sistema mural con galería y que actualmente se puede visitar en el interior del museo. En 1855, el centro poseía más de 250.000 ejemplares. La máquina de vapor había incrementado el rendimiento de las imprentas y la cifra de publicaciones de todo tipo no dejaba de crecer. Hasta aquel momento el sistema del depósito legal se había aplicado de forma deficiente, pero Panizzi desempeñó un papel crucial en la reforma de esta situación,  con lo que la biblioteca empezó a recibir un gran número de libros, generándose de este modo un creciente problema de almacenamiento.  Fue el propio Panizzi, y no un arquitecto, quien dió con la solución a este problema al realizar el primer boceto de una biblioteca de planta circular que se ubicaría en el oscuro y hasta entonces inútil patio central del museo. También propuso que los espacios sobrantes se llenaran de estanterías altas, que resolvieran la cuestión del depósito. El arquitecto Sidney Smirke (1789-1877), se encargaría de concertir los bocetos de Panizzi en un edificio. Las obras comenzaron en 1854 y la sala de lectura estuvo terminada y abierta al público el 2 de mayo de 1857.


Mientras que la Biblioteca de Santa Genoveva, diseñada por Labrouste, presentaba mudos de manpostería- sólo el tejado y los suelos incorporaban un forjado de hierro- , el edificio que albergaba la nueva sala de lectura circular del Museo Británico estaba construido íntegramente con aquel material. La cúpula permitía un espacio amplísimo sin pilares de 42,6 m. de diámetro. El proyecto hacía incapié en la rapidez de la construcción y en los problemas de levantar un edificio dentro de otro que ya existía, por lo que el techo de la cúpula se construyó en papel maché.La función de depósito la realizaban grandes estanterías de hierro fundido con una enorma capacidad de carga entre las que se abrían amlios pasillos compuestos por un enrejado, también de hierro, que permitía que la luz del tejado de cristal penetrara hasta los espacios inferiores. El depósito se construyó por etapas - el último segmento se completó en 1887- hasta alcanzar una capacidad de un millón y medio de volúmenes. Sus estanterías modulares, de diseño sobre todo funcional, no estaban pensadas para mostrarse al público, y únicamente los bibliotecarios tenían acceso a ellas. Además, el empleo del hierro le permitió a Smirke introducir grandes ventanas en torno al perímetro de cúpula, garantizando de este modo que la biblioteca permaneciera bien iluminada durante las horas diurnas. No se instaló el gas por miedo a los incendios; tanto la sala e lectura, como las zonas de depósito recurrían únicamente a la iluminación solar. Las mesas de lectura se diseñaron con gran meticulosidad, incorporando atriles giratorios para consultar mñultiples ogras al mismo tiempo, así como espacios para colocar plumas y otros artículos de escritura. Su disposición era radial a partir del centro de la sala, de suerte que los bibliotecarios divisaban con claridad toda la zona de los pasillos. Nos encontramos ante un exponente temprano de biblioteca configurada para facilitar la vigilancia de los usuarios, una idea que posiblemente se derivara del Panóptico, un diseño conceptual ideado por el filósofo Jeremy Bentham y publicado en 1791, que imaginaba un centro penitenciario, en el que un vigilante ocupaba el centro del recinto, mientras que las habitaciones o celdas se disponían a su alrededor conforme a una pauta radial. Como se ha visto en los capítulos precedentes la idea de una sala de lectura de planta circular no resultaba nueva en absoluto. Lo revolucionario en el proyecto de Panizzi era el tamaño: los bibliotecarios ocuparían el centro del espacio y los lectores se situarían anrededor. En el mismo nivel, en las zonas contiguas a la sala de lectura, se ubicarían las enormes estanterías donde se depositarían los volúmenes. La Bibliotecan Nacional adoptó esta última idea y la llevó un paso más lejos; puesto que las estanterías del depósito resultaban visibles desde el salón de lectura, se convertía en espectáculo la propia tarea de localizar y retirar los volúmenes. En el siglo siguiente, la sala de lectura en rotonda sería un tema recurrente y así lo demuestran bibliotecas como Picton de Liverpool (1879) la del Parlamento de Otawa (1880), la Königliche Bibkiothek de Berlín (19149 y la Pública de Estocolmo (1924) y la central de Manchester (1934)."

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