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Entendida como el inicio de la serie de viviendas que realizará luego Frank Lloyd Wright denominadas “casas de las praderas”, la casa Winslow generó controversias debido a su diseño diferenciado de la moda “neo-Tudor”, predominante en ese momento en Chicago. La propuesta de Wright suponía una mezcla de clasicismo y pintoresquismo, donde además los materiales eran dejados al natural, algo absolutamente único en una época en la que se revocaba el ladrillo, se pintaba la madera y se ocultaba el hormigón.


Luego de haberse distanciado del estudio de Louis Sullivan, Wright lleva a cabo el diseño de una de sus primeras obras, en la cual ya aparecen reflejados elementos y conceptos fundamentales que caracterizarán la obra residencial del arquitecto.


La casa Winslow cuenta con un concepto dual que se evidencia al comparar el alzado principal con el alzado posterior. Mientras que en su frente la vivienda se presenta hacia el vecindario con confianza y elegancia, mostrando un alzado completamente simétrico y de apariencia formal; en su alzado trasero sus formas se rompen, celebrando una relación activa con la naturaleza del entorno. Con esta acción Wright rompe con el concepto “caja-estuche” que existía en esa época, explorando por primera vez las formas exteriores y los conceptos en el alzado que le permitirían comenzar a dar forma desde fuera a las cualidades dinámicas del espacio interior. Un interior en el que los espacios están bien definidos, pero fluyen suavemente entre si, en lugar de dar la impresión habitual de bloques situados dentro de otro gran bloque.


Fiel a sus principios para estas amplias casas, Wright ubicó los ambientes para la vida diaria y los espacios sociales en la planta baja, dándole prioridad; y los espacios más privados están en la planta superior. Ambas plantas se encuentran enlazadas por el núcleo central de la casa, el hogar. Wright entiende a la chimenea no sólo como el espacio espiritual y de encuentro de la vivienda, sino también como la columna estructural de la misma.


Para conformar la morfología de la obra, Wright vuelve a innovar a la hora de realizar la cubierta de la misma. En lugar del habitual tejado de fuerte pendiente, roto por una chimenea alta y delgada; el tejado se inclina suavemente desde una voluminosa chimenea, creando un gran voladizo sobre las ventanas del piso superior. Dichas ventanas se encuentran a su vez enmarcadas en una franja trabajada en madera oscura que acentúa este voladizo confundiéndose con la sombra que este provoca. El resultado es que el techo parece flotar por encima de la masa de ladrillos que conforma la primera planta, como si tratara de separarse físicamente del resto de la estructura.


Por último, la vivienda fue diseñada para ser disfrutada de distintas maneras según la proximidad con la misma; logrando una edificio de gran escala que parece no tener casi ornamentación a primera vista, pero que en el contacto próximo al mismo se puede apreciar un trabajo en los detalles de los materiales muy característico de Frank Lloyd Wright.


Bruno GALETTO


 

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