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CRIPPA, María Antonietta., Antoni Gaudí 1852-1926. De la naturaleza a la arquitectura. Edit. Taschen. Colonia, 2007


p.21 "La casa Vicens fue la primera vivienda burguesa que realizó Gaudí. La casa se halla situada en una angosta calle - más tarde ampliada- del Barrio de Gracia, llamada de Les carolines. El propietario de la Casa Vicens, Manuel Vicens i Montaner; era corredor de bolsa. El edificio, que se halla en muy buen estado de conservación, fue ampliado entre 1925 y 1927 por un alumno de Gaudí, el arquitecto Joan Baptista Serra de Martínez, que se mantuvo en continuo contacto con el ya anciano maestro para remodelar el edificio y el jardín.. El propio Gaudí afirmó que muchos de los motivos florales y vegetales usados los halló en el mismo solar donde tenía que construir la casa: "Cuando fuí a tomar medidas el solar estaba totalmente cubierto de esas mismas florecillas amarillas que adopté como tema ornamental en las cerámicas. También había una exuberante palmera, cuyas palmas, fundidas en el hierro, forman la valla y la  puerta de entrada a la casa".


Aquí, como en el resto de sus vividendas burguesas aisladas y con jardín, interpretó la idea de una casa familiar sinónimo de pequeña nación, concebida como un lugar de vida personal y unida a sus miembros. La Casa Vicens debía garantizar a sus habitantes bienestar, higiene, belleza y una relación constante con la naturaleza. El arquitecto inició allí una búsqueda, que prolongó durante toda su vida, para conseguir la mejor ventilación e iluminación posibles del interior a través de filtros ingeniosos, muy a menudo inventados por él. 


Esta gran vivienda es un edificio aislado de un solo volumen y tres plantas con ornamentos dinámicos de gran cromatismo. El semisótano alberga la cocina y las habitaciones de servicio. La planta noble comprende un vestíbulo, un gran comedor ricamente decorado y abierto a un balcón orientado al sur, y un fumadero con un techo con motivos de inspiración musulmana y mocárabes que componen una falsa cúpula. La sala está cerrada con cristales grabados con frondosas palmas. En el piso superior se halla la zona de descanso, con dos habitaciones de paredes decoradas con frescos inspirados en la vegetación de las orillas del cercano torrente de Cassoles.


El edificio tiene una estructura simple de mampostería con vigas y viguetas de entablado de madera. El esqueleto de la construcción se concibió como riguroso soporte de articulación espacial interna y externa, completada con variaciones ornamentales y estilísticas de estilo mudéjar. 


Gaudí diseñó con suma precisión todos los detalles y definió personalmente cualquier complemento decorativo, desde los muebles y las puertas correderas, que se esconden entre el grosor de la pared, a las ingeniosas cerraduras de latón fundido de los armarios. El mobiliario del comedor se concibió para definir arquitectónicamente el espacio, realizando una articulación variada y continua entre muebles de esquinera y paredes. Los tramos situados entre las vigas de madera del techo están decorados con papel de motivos frutales y hojas de madroño, mientras que los frescos de las paredes representan hiedras trepadoras. 


La superficie exterior del edificio muestra un uso reiterado de obra de mampostería vista y de superficies prominentes, basadas en la técnica de construcción islámica. La torrecilla de la esquina que asoma a la calle es muy articulada y prominente. Todos los elementos en relieve, así como los elementos gradualmente sobresalientes, siempre aparecen acompañados de una articulada policromía de ladrillos sillares y  cerámicas con motivos florales colocada en forma de damero.  Las geometrías y las diferencias de nivel acentúan el juego de claroscuros, que alcanzan el climax en la parte más elevada del edificio. Una galería, concebida originalmente con cerramientos de madera de estilo oriental, circunda la parte superior de las fachadas. En el tejado hay un pasillo perimétrico con bancos situados bajo las torretas de esquina. 


La propiedad está rodeada de un muro mixto realizado con piedras en la parte baja y una verja de hierro forjado en la parte superior, compuesta de hojas de palmera enana. El digujo de la hoja se obtuvo a partir de un mode de arcilla de una hoja auténtica.


Gaudí rodeó el edificio con tres jardines; el primero de dimensiones reducidas sirve para separar la casa de la calle; el segundo se halla frente a la zona noble de la casa y se compone de parterres circulares de palmas; y el tercero, situado en un costado, crecen árboles frutales. "


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FRAMPTON Kenneth., Historia crítica de la  Arquitectura Moderna. Gustavo Gili. Barcelona, 1987. 


Págs.64-73 "El racionalismo estructural y la influencia de Viollet-le Duc; Gaudí, Horta, Guimard y Berlage, 1880-1910 “ 


Poco después Gaudí empezó a trabajar para la burguesía, construyendo la exótica casa Vicens con un estilo casi moruno, en el período 1883-1888. Esta casa, como la mayor parte de la obra gaudiana, delataba la influencia de Viollet-le-Duc, en particular la de L´Art russe (1870) de éste,  donde los elementos constituyentes de un estilo nacional eran considerados como supeditados a los principios del racionalismo estructural. En la casa Vicens, Gaudí formuló por primera vez la esencia de su estilo, que si bien era gótico en principio estructural, era mediterráneo, por no decir islámico, en gran parte de su inspiración. Como escribió Ary Leblond en 1910, Gaudí buscaba un “gótico que estuviera saturado de luz solar, relacionado estructuralmente con las grandes catedrales catalanas, en el que se empleara color, tal y como lo hicieron griegos y moros, lógico para España, un gótico medio marítimo y medio continental, realzado con una riqueza panteísta”. El resultado de la casa Vicens fue un pastiche mudéjar planificado alrededor de un invernadero, que en sus franjas de ladrillo, sus azulejos y sus hierros forjados decorativos era más exuberante que cualquier otra casa de la misma época (véase Pierrepoint de Shaw, en Frensham, Surrey, año 1876). Sin embargo , la estructura trascendía su expresión exótica pues ésta era la primera ocasión en la que Gaudí utilizaba la tradicional bóveda catalana o del Rosellón, en la que las formas arqueadas se consiguen mediante la superposición de capas de piezas cerámicas (rasillas). Esta bóveda se convertiría en un rasgo clave de su estilo y aparecería en su forma más delicada en la fina estructura concoidea de su Escuela de la Sagrada Familia en Barcelona en 1909.

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