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Reconocido como uno de los proyectos residenciales más emblemáticos del siglo XX, se convirtió en el prototipo de rascacielos de acero y vidrio en todo el mundo. Su verticalidad, mallas estructural y muros cortina, lo convirtieron en ejemplo de composición minimalista. Dicha imaginería evocaba la eficacia, la pulcritud, la organización y la estandarización de los nuevos modelos establecidos por el racionalismo arquitectónico.


La llegada de Mies van der Rohe a Chicago a finales de los años 1930, y la realización de este encargo, desarrolló un sueño en la vanguardia europea de los años 1920 (propuesta de rascacielos para la Friedrichstrasse. Berlin 1921-22), haciendo que uno de sus proyectos ideales,  se convirtiese de una u otra forma en realidad constructiva.


 Estas  torres gemelas, asentadas sobre un solar triangular con vistas al lago Michigan, tienen 26 pisos de altura, están conectadas en su parte inferior por un pasillo cubierto, mediante marquesinas flotantes de acero, y los vestíbulos transparentes con hermosas vistas al lago tienen acabados de acero y mármol pulidos. No obstante, estaban colocados en emplazamientos adyacentes de modo que las formas rectangulares se enfrentaban de distintas maneras y se percibían en constante tensión. Los ascensores subían por el centro de cada bloque y daban acceso a los apartamentos.


 En el Lake Shore Drive se pondrá de manifiesto la manera en que Mies había empezado a resolver los problemas técnicos y estéticos que traía consigo la construcción de un rascacielos con armazón de acero. Como la normativa de construcción exigía cubrir la estructura de acero con una capa de 5 cm de hormigón a prueba de fuego, Mies envolvió esta a su vez en un metal, dotando con ello al edificio de una fachada que reflejaba la estructura interna. 


 El edificio se nos muestra como una formulación poética de la construcción vernácula americana. Si algo hay que destacar en la expresividad exterior del edificio,  es el ritmo de sus fachadas.  Mies proyectó un entramado estructural de crujías, de manera que cada una de las torres tiene una trama de tres (fachadas lateral estrecha) por cinco crujías (fachada frontal ancha). Esteentramado estructural y su envoltura de vidrio se funden arquitectónicamente, perdiendo cada cual una parte de su identidad particular al establecer la nueva realidad arquitectónica.Los esbeltos perfiles en doble T, adosados a los intervalos regulares, introducían sutilezas visuales adicionales.  Las dimensiones de columnas y montantes determinan la anchura de las ventanas. El montante ha actuado como una especie de catalizador de este cambio.


  Las dos ventanas centrales (en cada paño estructural) son, por tanto, más anchas que las adyacentes a las columnas. Éstas variaciones de expansión y contracción (columna-ventana estrecha-ventana ancha; y luego al revés: ventana ancha - ventaba estrecha- columna, y así sucesivamente) da una riqueza extraordinariamente sutil. Y a esto se añade la alternancia entre la opacidad de la acero y la capacidad de reflexión del vidrio,  causada por la cualidad intermitente de los montantes en conjunto.


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 BENEVOLO, L., Historia de la arquitectura moderna. Edit. Gustavo Gili. Barcelona, 1987.


págs.671-732. "El Movimiento Moderno en América"


4.- Mies van der Rohe en Chicago.


Los primeros proyectos para los Promontory Apartments, a orillas del lago Michigan, son de 1946. Una vez establecidas una distribución rigurosa y una adecuada retícula estructural, Mies estudia dos soluciones constructivas, en hormigón armado con rellenos de ladrillo o en acero y cristal. Recoge una posibilidad que los maestros de Chicago ya habían experimentado, pero que fue abandonada desde Sullivan y, desde entonces, relegada a un segundo término: el concepto del edificio de muchos pisos, no como organismo cerrado y completo en perspectiva —que se intentaba resolver diferenciando las distintas zonas altimétricas y acentuando las conexiones verticales--, sino como organismo rítmico abierto, formado por la repetición de muchos elementos iguales. Esta posibilidad permite resolver, con un corte limpio, el contraste compositivo entre la escala del conjunto y la de los detalles, ya que las consideraciones proporcionales se limitan al elemento particular, mientras que la composición de conjunto depende de criterios totalmente distintos y no se cierra en sí misma, resolviéndose en una relación con el paisaje infinito (y, de hecho, exige amplios espacios circundantes, como aquí ocurre). Aquí reside el punto de encuentro entre este concepto americano de la unidad de habitación y el europeo; en ambos casos la composición de conjunto, basada en la repetición rítmica, permite salvar la escala humana, cualquiera que sea el tamaño del edificio, y levantar una casa de muchos pisos sin hacer perder el carácter de una casa, ni convertirla en un monumento.


 La solución en hormigón armado, elegida para la ejecución, deja entrever un tenue motivo de perspectiva, debido al perfil de los pilares que sobresalen, diferenciando de manera casi imperceptible las cuatro zonas ascendentes del edificio (figs. 834 y 835). Este expediente es necesario para resolver visualmente, desde abajo, la malla estructural bastante gruesa, pero es lo bastante discreto como para no turbar la continuidad rítmica de la pared; sin embargo resulta superfluo en las siguientes casas de pisos -860 Lake Shore Drive Apartments, año 1951 (figs. 836-838), Commonwealth Promenade Apartments, 1957— con estructura de acero, cubierta por uniformes paredes de cristal; toda la arquitectura depende, como en un antiguo templo griego, de las pensadísimas proporciones de un solo elemento, el panel rítmicamente repetido.


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GIEDION S., Espacio, tiempo y arquitectura. Edit. Edit. Reverté. Barcelona, 2009.


 Pág. 569. LUDWIG MIES VAN DER ROHE Y LA INTEGRIDAD DE LA FORMA


Pág.283 Viviendas en altura. 


Las viviendas Promontory, 1949. En 1949, treinta años después de sus primeros estudios de rascacielos, Mies van der Rohe estaba construyendo bloques de viviendas en altura junto al lago Michigan. Uno de ellos, las viviendas Promontory, se encuentra al sur de Chicago. La vista del lago ilimitado desde las grandes ventanas es imponente. Veintidós alturas. Esqueleto de hormigón armado. Planta en forma de U, como en el edificio Marquette de Holabird y Roche, también en Chicago. Las viviendas Promontory se componen en realidad de dos piezas unidas, cada una de las cuales contiene sus propios ascensores y escaleras. Los detalles son monásticos en su austeridad.


La mano de Mies van der Rohe puede apreciarse en la planta de cada una de las viviendas y particularmente en el tratamiento de la fachada. Esas vertiginosas verticales de hormigón armado, retranqueadas cuatro veces al irse elevando, se manejan con una extraordinaria sensibilidad y dotan de una articulación musical a toda la fachada. Una comparación de esta fachada con los inmensos soportes que sostienen la Unidad de Vivienda de Le Corbusier en Marsella, de 1947-1952, pone de manifiesto las maneras tan diferentes en que se estaba usando por entonces el hormigón armado.


Las viviendas de Lake Shote, 1951. Ningún otro edificio de Mies va der Rohe tuvo una influencia tan inmediata en sus coetáneos norteamericanos como los dos bloques de viviendas, más grandes y más radicales, del número 860 de Lake Shore Drive, en Chicago, de 1951. Las viviendas de Lake Shore consisten en dos volúmenes -dos edificios en altura- colocados en una relación reciproca como la que Mies repetiría con frecuencia más adelante, por ejemplo, en las viviendas Commonwealth, de 1956. Desde entonces, esos 'edificios gemelos' se pusieron de moda en los Estados Unidos, hasta llegar al punto de la distorsión (por ejemplo, en el World Trade Center, de Minoru Yamasaki, en Nueva York). En las viviendas de Lake Shore-como en la casa Farnsworth, en Plano, Illinois (1950)-, la integridad de la forma se convirtió en la ley suprema a la que está subordinado todo lo demás. Con una fuerza sin concesiones, el arquitecto no permitió ni la más mínima desviación de las nítidas superficies planas de los paralelepípedos de vidrio. Cada detalle parece recordar al espectador que la arquitectura es disciplina, que la arquitectura es un artefacto. 


El arte y la plena mecanización. Los rascacielos de viviendas de Mies van der Rohe restablecieron – tras un funesto intervalo – la tradición de la Escuela de Chicago de los años 1880. En ellos se había producido una extraña simbiosis: el entendimiento entre las dotes creativas de un artista y la gigantesca organización industrial de la construcción moderna.


 En torno a 1880, Adler y Sullivan podían asumir ellos mismos la responsabilidad completa de levantar sus edificios, como podía hacerlo, naturalmente, William Le Baron Jenney, ingeniero y contratista. Hoy en día eso ya no es posible. La lista de responsables de la construcción de un edificio importante es incluso mayor que la de quienes colaboran en una película importante. Pero al igual que el hecho de que la película sea buena o mala depende de la intensidad de su director principal, la calidad de un edificio depende de la capacidad del arquitecto que le da forma. Éste tiene que conferirle una calidad imponderable que puede denominarse su “expresión arquitectónica”. Que la industria norteamericana de la construcción en pocos casos haya puesto su confianza en un artista y no en un arquitecto estereotipado constituye un signo de que es posible la síntesis del arte y la plena mecanización. Una vez que el arquitecto sepa cómo tocar el formidable teclado de la mecanización, no tendremos que preocuparnos por el futuro de la arquitectura.


 


 


 


 

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