Págs. 79-114. “Mundos”. La catástrofe mayor, social y medioambientalmente, fue la de Bhopal en la India, la madrugada del 3 de diciembre de 1984, cuando se produjo una fuga de 42 toneladas de gas MIC (isocianato de metilo), uno de los químicos más tóxicos jamás inventado, de la fábrica de pesticidas estadounidense Union Carbide. Esa noche murieron rociados por los gases 3.598 personas y en las semanas siguientes los muertos, según las cifras oficiales, fueron 15.000, aunque pudieron llegar hasta 45.000. Se mantiene hoy una estela siniestra de contaminación en los suelos y en los acuíferos de la zona, con unas 100.000 personas afectadas y discapacitadas, con secuelas permanentes durante generaciones: cáncer; enfermedades de estómago, hígado y pulmones, trastornos hormonales y mentales, deformaciones, parálisis y minusvalías en los niños. Los responsables, Union Carbide y su presidente Warren Anderson, que escaparon de la India abandonando todos los contaminantes y tóxicos, han conseguido eludir la causa criminal abierta en su contra y han cubierto unas raquíticas indemnizaciones. A pesar de todas las luchas de las asociaciones de víctimas, como Chigari Trust, en las que se unen la perspectiva de género y la medioambiental, que han seguido reclamando al Gobierno indio y a Dow Chemicals, la empresa que en el 2001 compró Union Carbide, el larguísimo proceso judicial de más de 25 años se saldó vergonzosamente, a mediados del 2010, con solo ocho condenas leves: aunque que a finales del mismo año el Tribunal supremo de la India reabrió el caso. En 1989 se establecieron unas indemnizaciones de unos 890 euros, muchas de las víctimas no cobraron. Y Dow Chemicals, que nunca aceptó ninguna responsabilidad de Union Carbide, se dedica a producir y vender el insecticida Dursban que, por su toxicidad, está prohibido para uso comercial en Estados Unidos.