Pág.111-117 “La Deutsche Werkbund, 1898 - 1927”
“Gran Bretaña, la pionera, consideró más rentable invertir sus excedentes en el extranjero que modernizar el ambiente y la producción nacionales. Esto provocó que el ímpetu de la industrialización del siglo XX no surgiera en Gran Bretaña. Surgió en una nación industrializada más tardíamente como Alemania, la cual, deseando introducirse en nuevos mercados exteriores tradicionalmente dominados por las antiguas potencias marítimas, estudió sistemáticamente los productos de sus competidores y, mediante la selección tipológica y el rediseño, contribuyó a forjar la estética maquinista del siglo XX.”
“Lutyens and Imperialism” Riba Journal, 1969
Con la represión por parte de Prusia de la revuelta sajona de 1849 -una revuelta en la que tanto Mijail Bakunin como Richard Wagner tuvieron su papel-, Gottfried Semper, arquitecto y revolucionario liberal, huyó de Dresde, primero a París y luego, dos años después, con motivo de un encargo especial, a Londres. Allí, con ocasión de la Exposición de 1851, escribió su famoso ensayo Wissenschaft, Industrie und Kunst (“Ciencia, industria y arte”), publicado en alemán en 1852, en el que examinaba el impacto de la industrialización y el consumo masivo sobre el conjunto de las artes aplicadas y la arquitectura. Una década antes de que William Morris y sus socios produjeran sus primeros objetos domésticos, Semper enunció su crítica de la civilización industrial: «Tenemos artistas, pero no un verdadero arte.» En dura oposición al sueño prerrafaelista de volver a una época preindustrial, Semper era de la opinión de que incansablemente la ciencia se enriquece a sí misma y enriquece la vida con materiales útiles recién descubiertos y energías naturales que obran milagros, con nuevos métodos y técnicas, con nuevas herramientas y máquinas. Resulta evidente que los inventos ya no son -como habían sido en épocas pasadas- medios para protegerse de la necesidad y fomentar el consumo; por el contrario, la necesidad y el consumo son los medios de comercializar inventos. El orden de las cosas se ha invertido.
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Los periodos colonial y republicano fueron de gran importancia para la evolución norteamericana; esas épocas proporcionaron unos sólidos cimientos para el avance futuro. Pero el periodo 1850-1890 es más importante por la influencia norteamericana en el resto del mundo. Los preparativos que hicieron posible esa influencia se complementaron durante esas décadas. Los años comprendidos entre 1850 y 1890 presenciaron no sólo las grandes oleadas de gente hacia las tierras no colonizadas del oeste, sino también poderosas manifestaciones de un espíritu nuevo y específicamente norteamericano. Este periodo tiene una significación particular para los observadores extranjeros. Las nuevas formas que surgieron en él tenían sus raíces en una organización del trabajo completamente distinta a la que prevalecía en Europa.
El material gráfico que se publica en este libro se ha sacado a la luz con dificultades. Los documentos de este periodo no son fáciles de obtener, precisamente porque hay poco interés en él y se comprende poco su importancia. El material que muestra la evolución de la vida en este periodo y los hábitos cotidianos que se reflejan en ella resulta muy difícil de encontrar. Y lo que es todavía más importante: hay un peligro constante de que se pierda para siempre.
Los fabricantes sencillamente se ríen cuando se les piden muestras de sus primeras producciones y de sus catálogos antiguos. No hay tiempo para estudiar los orígenes de la tradición que rige la vida del hombre en nuestros días; y sobre todo, no hay interés en hacerlo. En el futuro, los historiadores que examinen este periodo estarán sin duda más interesados en desvelar las raíces de las grandes producciones anónimas de la industria, que en la arquitectura monumental u oficial de la época. Pero ¿qué institución intenta -con un interés más humano que técnico- recopilar los documentos que tratan sobre los comienzos anónimos de nuestra época? Estamos demasiado poco acostumbrados a considerar las interrelaciones entre los distintos ámbitos de la actividad humana como para ver claramente las cuestiones con las que están vinculados. El peligro es que el material para reconstruir esas relaciones puede haberse perdido para cuando su importancia se haya reconciliado.
El público europeo tuvo su contacto inicial con las herramientas y los enseres domésticos norteamericanos en la primera exposición internacional: la de Londres de 1851...
...De modo similar, en conde León de Laborde, un observador francés, veía en los norteamericanos <>. *Y añadía: <>
Gottfried Semper expresó una opinión similar. Este arquitecto alemán, al igual que Richard Wagner, había sido desterrado de su país debido a sus actividades revolucionarias en Dresde. Semper fue uno de los fundadores de la primera escuela inglesa de artes aplicadas, organizada en Londres ese mismo año, 1851; y escribió: << aunque todavía hay muy pocas muestras de artesanía en los Estados Unidos, lo primero que surgirá allí sera un verdadero arte nacional.>>