Págs. 137-157.“Retorno al orden: Le Corbusier y la arquitectura moderna en Francia, 1920-1935”
El sindicalismo regional. A finales de la década de 1920, Le Corbusier se hizo miembro militante del grupo neosindicalista dirigido por Hubert Lagardelle (1874-1958) y Philippe Lamour (1903-1992). Este grupo era antiliberal y antimarxista, y se alineaba ideológicamente con los movimientos fascistas coetáneos de Francia e Italia. Le Corbusier llegó a ser director y principal colaborador de la publicación del grupo, Plans, y de su sucesora, Prélude. Influido por Pierre-Joseph Proudhon y Georges Sorel, el grupo reclamaba la abolición de la democracia parlamentaria y la creación de un gobierno de las élites técnicas, según el principio de Saint-Simon («la administración de las cosas, no el gobierno de las personas»), aplicado a una economía planificada; creía que la alienación de la vida social moderna podía paliarse pero no a través del socialismo, con su concepto del hombre abstracto, sino gracias a un retorno al «hombre real» y al espíritu comunitario que era característico de las sociedades preindustriales. Esta postura, contraria a la Ilustración y al materialismo, era el equivalente del movimiento volkisch (popular, patriótico) en Alemania y mostraba su misma tolerancia hacia la modernidad tecnológica, a condición de que no estuviese dominada por el capital financiero.