Aunque podía haber analogías entre las construcciones tradicionales de madera y las modernas de entramado, no resultaba obvio en absoluto cómo debía combinarse lo viejo y lo nuevo, especialmente en tipos edificatorios sin precedentes y de gran escala. Entre ellos estaban las viviendas en altura, un tipo algo extraño del que el edificio Harumi en Tokio(1958), obra de Mayekawa, era un destacado ejemplo. El proyecto seguía vagamente el modelo de la Unité d'Habitation de Le Corbusier, aunque el bloque llegaba justo hasta el suelo en vez de permitir el libre paso entre pilotis. Cada una de las viviendas se manifestaba como una bandeja extendida que se insertaba dentro del entramado más grande del conjunto, una robusta articulación de un montaje a base de partes que era típica del trabajo japonés más avanzado. En las viviendas japonesas de los años 1950 no era insólito tener habitaciones al estilo occidental en la parte delantera y una habitación tradicional en la trasera: prueba suficiente de una mentalidad escindida en cuestiones cotidianas. Los arquitectos japoneses más creativos esperaban superar esta escisión' y establecer un diálogo, por no decir un maridaje entre los conceptos espaciales tradicionales y los modernos.