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CRIPPA, María Antonietta., Antoni Gaudí 1852-1926. De la naturaleza a la arquitectura.


Edit. Taschen. Colonia, 2007


p.79-81. Gaudí construyó este edificio de forma provisional, tras serle encargado en 1909 por la Asociación de los Devotos de San José, patrocinadores de la construcción de la Sagrada Familia. Se emplazó en una zona temporalmente libreque posteriormente debía ser ocupada por la fachada de la Gloria, que no ha empezado a erigirse hasta el 2002. Recientemente ha sido trasladado al exterior, en la esquina de la calle Sardenya y la calle MallorcaEste pequeño edificio se hallaba en muy mal estado por los daños sufridos durante la Guerra Civil, por lo que fue desmontado en bloques y poSteriormente reconstruido y restarurado. En los primeros años de la década de 1940, Doménech Sugrayes i Gras lo reedificó con los escasos fondos de que disponía y reHizo el tejado. pero debido a los sucesivos desmoronamientos, el arquitecto Francesc Quintana realizó otra intervención en 1943 variando el proyecto inicial en determinadas zonas. En particular, introdujo barras de acero para sustituir las originales de madera y consolidó la construcción con paredes dobles y una articulación más reducida de los locales que la prevista por Gaudi.


Las escuelas están enteramente construidas con ladrillos macizos, usado en tres capas superpuestas, según la técnica catalanaTanto las paredes como el tejado tienen formas onduladas y se caracterizan por su ligereza, estabilidad y resistencia. Con el proyecto de estas escuelas provisionales, Gaudí defendió con total coherencia la solución de una estructura estática que los especialistas tildan de estructura resistente gracias a la forma del propio envoltorio. De hacho, es como una cáscara de autoportante muy compacta, una piel rígida gracias a su forma ondulada, muy resistente aunque sutil.


En 1909 el arquitecto tenía 57 años y estaba trabajando en la Casa Milà y en el Park Güell, además seguía con sus investigaciones sobre las maquetas polifuncionales, con hilos y contrapesos, para la iglesia de Santa Coloma de Cervelló. Se hallaba, por tanto, en plena madurez profesional, intensamente ocupado en inventar nuevas soluciones constructivas.


Las únicas decoraciones se hallan sobre las ventanas, decoradas con motivos de ladrillo de forma triangular en relieve, que a la vez actúan como protectores contra la lluvia. En el espacio exterior, Gaudí delimitó tres áreas aún visibles destinadas a aulas al aire libre cubiertas con pérgolas de hierro protegidas con esteras de paja.


El pequeño edificio es de planta rectangular de 10 x 20 metros, originalmente dividido entres aulas autónomas, que cortan transversalmente el interior. También existía un vestíbulo y una capilla. Los lavabos se hallaban en un cuerpo añadido a las escuelas.


Su simplicidad constructiva y la originalidad del volumen atrajeron la atención de muchos arquitectos contemporáneos de Gaudí, sorprendidos por su pureza geométrica y sus rigurosa funcionalidad. De hecho, en las obras de Le Corbusier, Eduardo Torroja, Pier Luigi Nervi, Félix Candela o Santiago Calatrava se puede intuir el influjo de este tejado sorprendente, plásticamente ondulado. Se conserva un esbozo autógrafo, muy famoso, de Le Corbusier en una visita que realizó a Barcelona a finales de los años treinta, en el que, con mucha probabilidad, reproduce el tejado del taller-laboratorio de Gaudi, hoy desaparecido, pero que en aquel entonces se hallaba en la misma esquina entre la calle Sardenya y la calle Provença.


Gaudí inició este segundo edificio de superficie ondulada, construido con la técnica catalana, al igual que la escuela, en 1887, y lo completó con sucesivas ampliaciones en 1906. Ahí el arquitecto de la Sagrada Familia desempeñó la función de jefe de obras, diseñó muchas de sus obras maestras a partir de 1887, almacenó todos los proyectos, modelos y maquetas de yeso de sus construcciones. Por desgracia, el edificio fue completamente destruido por un incendio en 1936El patrimonio documental recopilado en este lugar se quemó por completo, mientras que las maquetas de yeso resultaron gravemente deñadas. Lo que sobrevivió a esa devastación fue objeto de minuciosas restauraciones, pero las últimas ruinas del edificio fueron desmanteladas recientemente.


En la actualidad, se considera que las escuelas provisionales, a pesar de sus modestas dimensiones, merecen una mayor atención para ser conservadas, ya que son un testimonio ejemplar del genio gaudiano para aplicar técnicas constructivas tradicionales y obtener soluciones geométricos-estructurales de gran eficacia plástica. La posibilidad de inventar nuevos espacios, orgánicos y esenciales al mismo tiempo, derivada del uso de las superficies onduladas, se convirtió en realidad.


Este síntesis de tradición e innovación que puede considerarse una expresión típica de la obra completa de Gaudí, expresada en formas muy complejas en la cripta de la iglesia de la Colonia Güell y en la Sagrada Familia, es aquí más evidente que en otras obras. Por lo tanto, las escuelas pueden considerarse el paradigma constructivo de la capacidad inventiva del arquitecto catalán, además de un prototipo insuperado de espacialidad orgánica de modulación curvilínea.


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CURTIS William. J.  La arquitectura moderna desde 1900. Edit. Phaidon. Hong Kong, 2006.


Págs. 131 - 147.“Mitos nacionales y transformaciones clásicas” 


Además del tradicional juego de piezas de la construcción de fábrica, también estaba la característica bóveda tabicada catalana, hecha de capas superpuestas de rasillas. Combinada con el hormigón armado, la bóveda a la catalana resultaba muy adecuada para fábricas y almacenes en los que era necesaria la protección contra el fuego, y así surgió una especie de estilo vernáculo industrial en el área de Barcelona, basado en una nave abovedada e iluminada cenitalmente, con crujías paralelas y techos bajos y curvos sobre pilares. La bóveda tabicada podía también usarse con geometrías sinuosas, de modo que unas superficies delgadísimas podían salvar considerables distancias sin necesidad de nervaduras ni vigas. Gaudí experimentó esta tecnología en la cubuerta de la escuela cercana a la Sagrada Familia (una bóveda ondulada que combinaba curvaturas cóncavas y convexas), pero hubo otros que hicieron de los remates de cubierta sinuosos o quebrados prácticamente un rasgo distintivo de Barcelona. La fábrica  Aymerich I Amat en Tarrasa, proyectada por Lluis Muncunill en 1907, combinaba una cubierta ondulada con un armazón de esqueleto; otros almacenes de la época tenían lucernarios recortados en los huecos dejados entre las filas paralelas de cubiertas salientes. Estamos ante el caso de una característica tecnología local que combinaba la artesanía con el industrialismo, y que abría paso a unos efectos especiales extraordinarios.


 


 

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