En 1903, cuando tenia 22 años y aún era un aprendiz, Scott resultó vencedor en el concurso para la construcción de la catedral anglicana de Liverpool, con un proyecto neogótico que había desarrollado dibujando en sus ratos libres. En la cuenta quedaron algunos de los arquitectos más conocidos del momento, y el hecho de que Scott fuera católico no hizo sino intensificar la polémica subsiguiente.
Wallis cultivaba un estilo coherente; por el contrario, Scott solía adaptar el lenguaje de sus edificios al carácter determinado del encargo y en 1933 afirmaba: “ evitemos llegar a los extremos, aunque en estos días vulgares compense causar sensación”. Así, por ejemplo, Scott utilizaba un neogótico modernizado en sus iglesias, aplicaba un maquinismo colosal a sus fábricas y era clásico en sus edificios universitarios
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