Págs. 629. Las plazas ajardinadas de Bloomsbury
Esa armoniosa interrelación de squares, places y crescents —sobre la que recae exclusivamente la afirmación de que Londres tiene un alto nivel urbanístico— se hizo durante los años transcurridos entre 1775 y 1850. En emplazamientos como Bloomsbury, espacios bien ordenados de todas las formas (rectangulares, circulares, cuadradas y elípticas) se agruparon para formar un organismo nuevo y compuesto. En ellos, la herencia barroca tardía se aplicó de una manera completamente autóctona, perfectamente adaptada a las condiciones particulares de Londres.
La escala humana de Bloomsbury. La urbanización de Bloomsbury duró más de siglo y medio, aproximadamente desde el momento en que Luis XIV empezó a planear el traslado de su corte a Versalles, hasta el surgimiento de las grandes ciudades industriales como Manchester. Se trata del único caso conocido, durante un periodo de tiempo tan largo, de desarrollo urbano con una perfección en constante aumento. Como composición arquitectónica, Bloomsbury es, a su manera, el equivalente exacto de organizaciones tan diferentes como las plazas monumentales barrocas de San Pedro en Roma y, más tarde, de la Concordia en París. Aunque no cabe duda de que estas dos, al tocar con toda una orquesta de voces monumentales, resultan mucho más impresionantes, el distrito de Bloomsbury puede tener un sitio a su lado; pues si bien emplea formas de un carácter anónimo y humilde, tales formas tienen una validez intemporal, y el modo en que se fueron añadiendo sucesivamente para formar unidades cada vez mayores (places, squares, terraces) creó un barrio que por su tratamiento humano no ha sido superado hasta la fecha.
Todo Bloomsbury está cortado por el mismo patrón: un tejido sencillo y democrático en el que cualquier toque monumental supone una violación. Las mansiones relativamente pequeñas de los Bedford y Montague, en torno a las cuales creció el barrio, no constituían una intrusión en esta unidad, pero el edificio del British Museum, de comienzos del siglo XIX, introdujo un elemento marcadamente fuera de escala. Actualmente, los enormes edificios de la universidad de Londres y otras oficinas han destruido en gran medida la escala del viejo Bloomsbury. La torre dominante, de 300 pies [unos 90 metros] de altura, salta hacia arriba como una explosión, destrozando para siempre la serenidad y la cohesión del barrio que yace a sus pies.
Sin embargo, la torre sí logra un buen objetivo: proporciona un punto de vista excepcional desde el que contemplar Bloomsbury y examinar la disposición de sus plazas. Colocadas de modo que no hay vistas extensas, sus relaciones mutuas no son apreciables desde ninguna de ellas. Sólo desde arriba se puede ver la proporción equilibrada entre la edificación y el espacio abierto, un equilibrio tan bien mantenido que ofrece a todos los residentes una sensación equivalente de privacidad y libertad.
Los límites de Bloomsbury. Las grandes avenidas que delimitan Bloomsbury también se distinguen fácilmente desde la torre: Holborn y New Oxford al sur, y Tottenham Court al oeste; el propio Bloomsbury se extiende hacia el este, hacia los jardines de Gray's Inn y las plazas situadas más allá, hasta que se pierde de vista a lo lejos. Los límites originales del distrito, como se ve en un plano de 1795 eran Tottenham Court Road, New Road, Southampton Row y Holborn Street. Este plano describe Bloomsbury justo antes del periodo de su mayor desarrollo, cuando estaba compuesto básicamente por las propiedades del duque de Bedford, con Bedford Square como entidad arquitectónica más llamativa.
Bloomsbury square (1667). Los comienzos del distrito de Bloomsbury se remontan a los tiempos de la Restauración de la monarquía británica. Southampton Square, más tarde llamada Bloomsbury Square, fue trazada en 1667 por el conde de Southampton siguiendo el eje de Bedford House, su mansión urbana en Bloomsbury. Con su patio de honor y sus extensos parques y jardines, Bedford House dominaba la plaza. Y así las casas y las zonas verdes, pero sin árboles de Bloomsbury Square estaban en una situación de dependencia, como cualquier place francesa o piazza italiana, con respecto a una residencia de la nobleza. Bedford House aún estaba en pie cuando comenzó una nueva e intensa actividad edificatoria a finales del siglo XVIII.
Belford Square (1775). La primera de las nuevas plazas fue Bedford Square; se situó a cierta distancia de los jardines de Bedford House y sobre un eje en ángulo recto con Bloomsbury Square; en el plano de 1795 aparece aislada y sin árboles, y completamente independiente de sus alrededores. Realizada en torno a 1775, esta majestuosa plaza, con su recinto ovalado, es una de las pocas que van asociadas al nombre de un arquitecto: en este caso, Thomas Leverton. Montague House, la mansión urbana de una familia relacionada con los Bedford, también se muestra en el plano de 1795, se parecía a Bedford House y, al igual que ésta, tenía un patio de honor. En 1753 se instaló en ella el British Museum.
Así pues, al final del siglo XVIII Bloomsbury tenía tres puntos de interés: las plazas Bloomsbury y Bedford, y el British Museum con sus jardines.
Belford Place (1800). La tercera fase, y la decisiva, en la evolución de Bloomsbury ocupa el primer cuarto del siglo XIX. El quinto duque de Bedford demolió su mansión de Bloomsbury Square en 1800; sus arboledas y avenidas desaparecieron con ella. En su emplazamiento surgió Bedford Place, con sus casas magníficamente coordinadas. Lo que quedó de los jardines se destinó también a la urbanización residencial; la plaza más grande y señorial, Russell Square, era realmente el verdadero corazón de aquellos jardines recortados y conservados intactos en medio de las nuevas edificaciones.
El Duque no acometió personalmente estos proyectos. sino que arrendó sus tierras a James Burton, especulador y constructor, que fue quien planificó, proyectó y realizó Russell Square (1800-1814) y al mismo tiempo llevó a cabo obras en varias calles que partían de esa plaza: Keppel Street, Montague Place y Southampton Row. Burton fue avanzando constantemente hacia el este, esforzándose siempre por trazar disposiciones adecuadas de grandes espacios abiertos. Burton plantó césped y arbustos detrás de las casas de Bedford Place, que se extiende entre las plazas Bloomsbury y Bedford. El resultado fue particularmente agradable, pues las caballerizas o los establos de poca altura situados detrás de las casas no obstruían las vistas, y las aberturas practicadas en los extremos de las hileras de casas enlazaban las zonas paralelas de vegetación de manera que no se formaban manzanas cerradas.
Thomas Cubitt. Después de 1820, el trabajo de Burton en este distrito fue retomado por Thomas Cubitt (1788-1855). «Tenía 32 años y ya era famoso en el mundo de la construcción por sus grandes obras en marcha en Gray's Inn Road, donde estaba haciendo algo que nadie había hecho hasta entonces: contratar todos los oficios de manera colectiva y permanente. Para mantener activa esta organización, aceptaba terrenos y construía dondequiera que surgiese una buena oportunidad.» Cubitt completó Torrington Square en 1827, usando un trazado cuadrangular muy alargado que, aunque mantenía suficiente distancia para garantizar la intimidad entre las hileras de casas opuestas, no desperdiciaba terreno. Las intenciones de su desconocido arquitecto se muestran en un plano de 1828, tan sólo un año después de su terminación, en el que ya se indica una fila de árboles plantados a lo largo del eje central del recinto. Este jardín central ha quedado hasta hoy como uno de los más atractivos del barrio.
La casa unifamiliar, unidad básica. En todos los aspectos, Bloomsbury está empapado de la tradición arquitectónica del siglo XVIII. La delicadeza y la imaginación que caracterizaron el urbanismo de ese periodo se prolongan y se unen elegantemente aquí con el jardín paisajista y naturalista de principios del siglo XIX. La unidad básica es la casa unifamiliar. Las viviendas estaban pensadas para la clase profesional media alta, para los abogados y jueces de la cercana Gray's Inn, y para escritores y otras gentes de similares actividades intelectuales. Las hileras de casas se tratan igual que las plazas ajardinadas: como unidades homogéneas. Se aprecia aquí de nuevo un ejercicio de sabia distinción entre lo que debe ser privado y lo que es mejor tener en común.
La arquitectura tiene esa intemporalidad, esa independencia de la moda que tan a menudo se encuentra en las casas de labranza. Pero todos y cada uno de los detalles de estos edificios muestran su refinamiento: desde la pizarra aparentemente delgada o los balcones de fundición, hasta el grácil movimiento de sus escaleras interiores. A veces los balcones están rematados por una pequeña marquesina que apoya en un liviano enrejado de fundición, tan delicado que más parecen las nervaduras de una hoja que un diseño en metal.
La planta de las casas sigue las costumbres de finales del siglo XVIII. En el núcleo de la vivienda hay una escalera que se eleva con peldaños generosamente curvados a través de toda la altura del edificio, hasta llegar a un lucernario. Esta disposición empleada por primera vez por los hermanos Adam en su Adelphii Terrace (comenzada en 1768), deja los muros exteriores sin obstáculos. De ese modo, todas las habitaciones reciben luz directa del exterior. Las propias habitaciones están perfectamente proporcionadas: no son ni muy grandes ni muy pequeñas. Hay que afirmar que sus dimensiones son humanas.
La colocación de los cuartos de los criados en el sótano —donde quedan expuestos al polvo de la calle— con frecuencia se ha considerado algo indigno. Sin duda se trata de un defecto del proyecto. Aun así, es más humano que el uso de áticos abarrotados, habitual en la Europa continental.
Las caballerizas. En estas casas se evita felizmente el patio de luces, usado más tarde con desastrosos efectos por los especuladores de la Europa continental. Amplios espacios situados tanto delante como detrás proporcionan a todas las habitaciones, ya den al patio trasero o a la calle, gran cantidad de luz. Y la colocación de los establos y los cuartos de los cocheros en construcciones de una sola planta (mews, 'caballerizas'), situadas a cierta distancia de la parte posterior de las casas, elimina cualquier posible obstrucción a la amplitud de las vistas. Esta combinación de casas altas y caballerizas bajas detrás de los jardines había aparecido ya a finales del siglo XVI. Hasta la década de 1860, con frecuencia dos de estas disposiciones se emparejaban, creando así el doble de la cantidad habitual de espacio entre las traseras de dos hileras de casas. Esta amplia distancia entre las casas se ocupaba con una doble fila de cocheras que formaban las mews, calles de servicio destinadas exclusivamente a coches y carruajes privados.
Una urbanización controlada. Estos barrios de Londres condensan y continúan una experiencia arquitectónica que se remonta a los tiempos renacentistas. No obstante, eran fruto de la especulación inmobiliaria, al igual que esas manzanas residenciales posteriores de la Europa continental que trajeron el caos a la estructura de la ciudad. La diferencia estaba en el control. Los contratistas que actuaban durante la reconstrucción de París tenían que construir fachadas conforme a las exigencias de Haussmann, pero eso era todo. Lo que había detrás no estaba sujeto a un control real, y los contratistas aplicaban los medios más rápidos para obtener los mayores beneficios. En sus manos, los edificios se convirtieron en una parte de fachada otra parte de patio de luces. En Londres se ejercía un control mucho más cuidadoso por parte de los grandes terratenientes en cuyas propiedades se levantaban los edificios. Estos propietarios estaban acostumbrados a calcular en centenares de años. El terreno y todo lo situado encima solía revertir a ellos en un máximo de noventa y nueve años. Sabiendo muy bien que las fincas podían explotarse de manera destructiva, estos propietarios mantenían en sus arrendamientos el control sobre la utilización del suelo, y sus fiduciarios tenían el poder de acometer trabajos de mantenimiento en casos de negligencia.
Otras plazas. Deambulando por Londres, con frecuencia nos encontramos con plazas construidas entre 1830 y 1860 en las partes más diversas e inesperadas de la ciudad. Algunos de estos lugares casi desconocidos (por ejemplo, Lloyd Square, de 1840 aproximadamente) estaban pensados para gentes de escasos recursos económicos; aunque son más sencillas en su ejecución que las de Bloomsbury, estas plazas también están tratadas de modo que se adapten a la vida humana. Otras, como las de South Kensington, también son comparativamente modestas en superficie, pero muestran una espléndida libertad de trazado y unas nuevas formas orgánicas muy conseguidas. Todas ellas, sea cual sea su situación y sus proporciones, son fruto de un urbanismo que se esfuerza en lograr un modelado plástico del espacio. Estas plazas continúan esa tradición del siglo XVIII plasmada en ciudades como Bath y Edimburgo; consiguen una unidad a la vez atractiva y tranquilizadora, y ponen de manifiesto la vitalidad que puede introducirse en la estructura de una ciudad mediante el trazado de conjuntos formados de manera completamente libre.
La decadencia a partir de 1860. A partir de 1860 se produjo una evidente degeneración en el tratamiento de las casas, en particular en sus características arquitectónicas. La fachada, hasta entonces discreta, se vuelve llamativa; las ventanas se recargan de detalles; toda la casa se desintegra en partes separadas y contradictorias. Pero además había otras influencias en acción. Las plazas tratadas de modo uniforme estaban siendo suplantadas por casas suburbanas pareadas con jardines en miniatura. Y también a lo largo de las vías principales estaban creciendo asentamientos compuestos por interminables hileras de casas diminutas, a modo de cajas, que se fundían sin solución de continuidad en otros asentamientos. Devastadores en sí mismos, estos conjuntos son la ruina de todos los planes urbanísticos globales.