Págs. 27-78.“Historias”
PROPUESTAS DE VIVIENDAS CONTEMPORÁNEAS QUE COMPARTEN LAS RESPONSABILIDADES PRODUCTIVAS
Dentro de este contexto de ensayos de nuevos modos de vida comunitaria a finales del siglo XIX y principios del XX se encuentran las experiencias iniciales de la Unión Soviética, con los proyectos de El Lissitzky, Kosntantin Melnikov, los hermanos Vesnin o Mosei Ginzburg: nuevos equipamientos y casas comuna donde se daba prioridad urgente a la emancipación de las mujeres proletarias mediante la instalación de cocinas comunales, guarderías, baños públicos y cooperativas de todo tipo.
Podemos situar todos estos proyectos dentro de la genealogía de viviendas comunitarias contemporáneas, como los grupos vieneses Margarete Schutte – Lihotzky Hof y Sargfabrik....
... Págs. 197- 246.“Alternativas”
Otro ejemplo es el Sargfabrik, también en Viena, que responde a la iniciativa cooperativa de un grupo de habitantes que compraron una antigua fábrica de ataúdes y la convirtieron en un edificio de viviendas con equipamientos compartidos. En este caso, el proceso participativo fue determinante y contó con asesores en dicha área y con un contrato especial con los arquitectos autores del proyecto: BKK-3. Se trata de un modelo de innovación desde la gestión, el proyecto y el uso. Cada vivienda tiene cocina y su tamaño varía en función de las necesidades temporales de cada familia. Cada grupo familiar puede añadir otro espacio o tener la casa desdoblada; es decir, tener en una parte el espacio para vivir con baños, y disponer de un espacio para trabajar en otro lugar. El sótano alberga una sauna, baños de vapor, un gimnasio y espacios de juego, y en la azotea hay un huerto que cuidan aquellos habitantes que así lo quieran. El conjunto cuenta también con un comedor comunitario.
Esta vivienda colectiva no es un modelo repetible, sino un ejemplo de un grupo de personas que se reúnen para vivir, y para conformar las viviendas según sus necesidades y prioridades. Se trata de un edificio que siempre está abierto, donde los niños juegan en el espacio intermedio compartido.
A partir de esta experiencia se derivó otra de menor tamaño, Miss Sargfabrik, pero que contó con el mismo modelo de gestión y participación, aunque con un programa diferente derivado de las necesidades de sus habitantes.
En definitiva, si el modelo único de familia no existe, y menos aún en nuestra sociedad contemporánea global, la vivienda debe repensarse de manera desprejuiciada, sin olvidar que las tareas del hogar llevan trabajo, tiempo y necesitan espacios pensados desde su reconocimiento y conocimiento. Estamos en camino de crear espacios para vivir que no perturben la desigualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, que hagan a las personas más libres y sociales. Y para ello no debemos olvidar que ya existe una larga tradición de viviendas comunitarias y que en la actualidad existen magníficos ejemplos contemporáneos.
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