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CURTIS W.,  La arquitectura moderna desde 1900.Phaidon. Hong Kong, 2006. 


Págs. 491-511.“Proceso de asimilación. Ame. Latina, Australia, Japón”.


Para Los Clubes (1963-1964) y la residencia y las cuadras Egerstrom(1968), Barragán recurrió a los espacios deslizantes encauzados por muros divisorios de colores cálidos y anchas aberturas horizontales de proscenio acompañadas, en ocasiones, de gigantescos abrevaderos que corrían por encima y desaguaban en unos extensos pilones. El agua se usaba para despertar la memoria y liberar la imaginación, en forma de una superficie lisa, un borde agitado o una cascada ruidosa. En la obra de Barragán, la abstracción se empleaba para concentrar significados, pero también para ocultarlos, dejando las alusiones justo debajo de la superficie. El muro plano, un elemento constituyente de la primera arquitectura moderna, quedaba embebido en un nuevo conjunto de coordenadas metafísicas: un mito privado que era personal en sus referencias y mexicano en sus resonancias, pero universal en su tono subyacente. Hablar simplemente de la fusión de regionalismo y Estilo Internacional, o de lo vernáculo y Le Corbusier, es trivializar a Barragán: su estilo expresaba un talante genuinamente arquetípico en contacto con la vena trágica de la historia cultural mexicana.

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