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Banco de las legiones Checoslovacas

Banco de las legiones checoslovacas

  • 1921 - 1923
  •  
  • GOCÁR, Josef
  •  
  • Praga
  • República Checa

RIVERA, David.,  La otra arquitectura moderna. Expresionistas, metafísicos y clasicistas 1910-1950.


Edit. Reverté. Barcelona, 2017.


Págs.19-38.“Los alquimistas del Cubismo Checo”


En la década de 1920, los cubistas se dispersaron y se pasaron a las filas de la Nueva Objetividad o buscaron un ‘estilo nacional’ apropiado para la recién creada república de Checoslovaquia. Este último estilo -que dio en llamarse Rondocubismo y que muchas guías y libros sobre la arquitectura checa califican muy discutiblemente como Art Déco- incorpora formas y detalles históricos y folclóricos de un modo que se podría denominar manierista y a diferencia del cubismo anterior, agrega fuertes contrastes de color y una plasticidad menos estructural, decididamente decorativa, pero no menos intrigante. Las dos obras paradigmáticas de este nuevo estilo son el Banco de las Legiones Checoslovacas(o Legio- bank, 1921-1923), de Josef Gocár; y la sede de la compañía Riunione Adriatica di Sicurta (palacio Adria, 1922 1925), dePavel Janák, ambas en Praga. Como se ve, los dos principales creadores del cubismo checo inventaron también el Rondocubismo. Este estilo, denostado y ridiculizado a menudo, es tan interesante como el propio cubismo y mucho más monumental. De nuevo se aprecia aquí una síntesis insólitamente natural de expresividad lingüística moderna y referencias inconfundibles a la tradición. Pero en este caso no son las bóvedas diamantinas góticas y los flameos y molduras barrocas los motivos privilegiados, sino que la atención se concentra al mismo tiempo en las interpretaciones eslavas del clasicismo occidental y en los elementos decorativos y tectónicos de la construcción tradicional en madera, sobre todo la de las áreas rurales. 


El Banco de las Legiones Checoslovacas -cuyo éxito fue fulminante y motivó que se diera a la nueva tendencia el nombre de ‘estilo Legiobank’ - es un edificio de oficinas palacial. Cuya fachada cuenta con planta y entreplanta diferenciadas y separadas del resto por un friso en relieve continuo que recorre toda la fachada; por encima del friso hay cuatro pisos y luego un ático claramente diferenciado por su color y su lenguaje. Pero el lenguaje empleado es desconcertante y convierte esta fachada en un verdadero rompecabezas. Las ventanas (poligonales, como en la Casa de la Virgen Negra) se ven subsumidas en un conjunto de placas. Arcos flotantes y fustes monstruosos que parecen ofrecer un catálogo enormemente abstracto de elementos constructivos independientes: los fustes, anchos y cortos, se apilan sin continuidad, pues entre ellos encontramos placas cuadradas con una doble figura circular inscrita en el centro, que parece figurar la planta de una columna con su plinto correspondiente, visto de manera cubista. Entre estas placas, en sentido horizontal, hay arcos rebajados rehundidos que coronan de algún modo las ventanas, aunque no guardan relación con ellas. Este lenguaje arquitectónico primitivo tendente a lo rechoncho, tosco y desarticulado, forma un juego de entrantes y salientes curvos, cilíndricos, rehundidos y moldurados que resulta complicado por la forma poligonal de las ventanas y culmina de manera altamente atrevida en una cornisa muy saliente de la que cuelgan, a modo de canes, elementos semicilíndricos apoyados en medios cubos: es decir, la extrusión efectiva de las plantas de columnas que encontramos entre los arcos, y que aquí, al llegar a un punto en que el plano de fachada se interseca con otro transversal (el de la cornisa) adquieren, en efecto, volumen. La estupefacción del espectador se incrementa al observar que, entre estos fragmentos de columna, cortados en seco en el punto en que termina la cornisa, se han colocado dos discos concéntricos, macizos, que cuelgan de la cara inferior de la cornisa como bases de columnas que han desaparecido, y que, de haber existido alguna vez, habrían estado apoyadas en el techo (la cornisa) en lugar de reposar en el suelo. 


Los interiores del Legiobank están igualmente cuidados y, como en la fachada, el rojo (color rondocubista por excelencia) predomina de manera obsesiva. La sala de operaciones del banco posee una gran vidriera lobulada que cubre todo el espacio -acaso una versión expresiva y mejor delineada de la de Otto Wagner en la Caja Postal de Viena- y el diseño de ascensores y escaleras proporciona un aire onírico a la atmósfera. La planta baja está acristalada en la mejor tradición wagneriana, pero las  carpinterías son complicadas, con el fin de no restar solidez y efecto de claroscuro al conjunto de la fachada. 

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