Págs. 27-78. “Historias”
Las ideas de Bataille fueron premonitorias e iniciaron una corriente crítica visceral a los excesos de la arquitectura y el urbanismo como instrumentos de dominio y control; todo poder se ejerce arquitectónicamente. Esta tradición crítica contra la obsesión racionalista de controlarlo todo, ha sido desarrollado de maneras muy diversas por autores como Michel de Certeau, Michel Foucault, Richard Sennet y Manuel Delgado; en pocos años el aviso de Bataille se cumplió, como una horrible pesadilla, en las arquitecturas totalitarias de Hitler y de la Unión Soviética de Joseph Stalin.
En definitiva, las aportaciones críticas desde áreas de conocimiento no arquitectónicas – como la soiología, la filosofía, la antropología o el arte – permiten desvelar el papel que la arquitectura ha cumplido como instrumento del poder. Para el correcto ejercicio de la arquitectura, esta conciencia del poder del espacio como elemento de dominio y control debe servir para replantear los significados y las relaciones que se producen sin por ello renunciar como técnicos a pensar espacios donde puedan darse los conflictos y sean posibles otras relaciones...
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LIBERACIÓN DE LAS ESTRUCTURAS ESPACIALES
Michel Foucault fue uno de los autores que situó el espacio arquitectónico dentro de las estrategias de dominio y control por parte del poder. Según Foucault, en el proceso de evolución del período clásico al período moderno, se produjo una total transformación que abarcaba desde la geopolítica, pasando por el urbanismo y la arquitectura, hasta el espacio de la casa. Este proceso de transformación y especialización se tradujo también en una compartimentación mayor del espacio doméstico, y así en el siglo XIX se introdujo el pasillo como elemento de segregación y de acceso a cada una de las piezas de la casa, siempre justificado por la higiene física y moral de los habitantes. El control iba llegando a cada uno de los rincones de lo público y lo privado.
Sin embargo, fue durante la eclosión de las vanguardias artísticas y arquitectónicas de principios del siglo XX, cuando se produjo una nueva transformación, que podríamos denominar de liberación. Sus experimentos recorrieron todas las escalas; desde los paisajes metropolitanos y las infraestructuras de circulación rápida, pasando por la liberación de la calle de su dependencia de los muros de las fachadas y de los parques de su encerramiento en las rejas, hasta el momento de disolución del orden patriarcal y burgués en el interior de las viviendas.
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MONTANER Josep Maria., La modernidad superada. Arquitectura, arte y pensamiento del siglo XX . Gustavo Gili. Barcelona, 2002 (1997)
págs.141-158.“Modernidad, vanguardias y neovanguardias”
CRISIS DE LAS VANGUARDIAS Y PARADOJAS DE LA MODERNIDAD
Este mecanismodebúsqueda constante de la originalidad y la novedad sufrió una crisis entre los años cuarenta y setenta. Esta crisis era expresión de una situación general de descredito del racionalismo en el proyecto moderno. En el campo del pensamiento -véase, por ejemplo, Maurice Merleau-Ponty, Teodor W.Adorno, María Zambrano- proliferan las interpretaciones críticas hacia las servidumbres del racionalismo y de la modernidad introducidos a cualquier precio por el capitalismo tardío. Al entrar en crisis una interpretación lineal y hegeliana de la evolución histórica y predominar la conciencia de la discontinuidad entre epistemes, tal como se expresa en los trabajos de Michel Foucault, pierde sentido el mecanismo recurrente de las vanguardias.
En los años cincuenta se construyen dos edificios emblemáticos y totalmente opuestos en su concepción de modernidad. Por una parte, el Seagram Building en Nueva York (1954-1958) de Mies van der Rohe, en el que se lleva a la perfección una idea de modernidad como lenguaje, estilo y espacio internacional, utilizando la más avanzada tecnología de las estructuras y perfiles de acero. Por otra parte, la torre Velasca en Milán (1950-1958) del equipo BBPR, como respuesta al reto de Ernesto Nathan Rogers había expresado en la responsabilidad de "otorgar un nuevo grado de modernidad a la arquitectura moderna". Este nuevo grado de modernidad consistía precisamente, en la mirada hacia la tradición, en la integración a las preexistencias ambientales y en la recuperación de la idea de monumentalidad. A partir de aquí, la pregunta podría plantearse en estosterminos: ¿Quién es más moderno, el que continúa acríticamente los patrones que la modernidad establecida o el que pone énfasisenlacrisisdeestamodernidad,yparaafrontarla introduce referencias a latradición?
Estas mismas paradojas se han expresado en otras disciplinas como la medicina, cuando las medicinas alternativas, marginadas por la modernidad, han pasado a tener unpapelrepresentativoenlaactualidad;oa laecología, cuandoelrespetoporlanaturalezaylaintegraciónenel medio ambiente, que habían sido consustanciales a las culturasindígenasy al“pensamientosalvaje”’yquehan sido sistemáticamente despreciados por la sociedad industrial,sehanconvertidoactualmenteenel paradigma necesario para conservar la vida en elplaneta.
En este sentido, la interpretación que algunos autores han hecho de Aldo Rossi y Robert Venturi dentro de las neovanguardias arquitectónicas es errónea, ya que lo queenellospredominaeslavoluntadderecuperaciónde la tradición, la insistencia en la permanencia de las formas, la recreación de las convenciones, en definitiva, el enfrentamiento abierto con el ansia insaciable de novedadyoriginalidadporpartedelasvanguardias.
Como complemento a la búsqueda dela originalidadynovedad,eldogmageneraotrofenómeno:lahostilidad con el público. Esta voluntad de ruptura lleva a despreciar los códigos y convenciones establecidas en el mundo del arte y la arquitectura, y esto se ha convertido en el principal obstáculo para el enraizamiento de las vanguardias de la sociedad. Con el fáustico culto a la originalidad y con el uso de una metáfora militar al avance y conquista, hoy en día poco simpática, las vanguardias comportan generalmente una actitud de hostigamiento al espectador, que se traduce en un elitismo social que convierte la obra en exclusiva y difícil. Y al romper con los códigos establecidos se elimina su posibilidad de comunicación. Precisamente los planteamientos de Aldo Rossi y Robert Venturi arrancan de la voluntad antivanguardista de reconstruir este puente comunicativo entre la arquitectura y la colectividad a partir de la memoria (Rossi) y de los lenguajes convencionales (Venturi).