Esta monumentalidad que intenta ser fiel a la nueva tradición moderna seguirá dos mecanismos complementarios para expresarse, como nos lo demostraran los grandes complejos y edificios públicos de los años 50.
Por una parte, la exploración de la mayor expresividad de las cubiertas que las nuevas estructuras de hormigón armado, de acero y de madera laminada y encolada pueden permitir, junto a las nuevas técnicas de impermeabilización. Al negar otras formas de cubierta que no fueran la plana -proponiendo paradigmas como los rascacielos y pabellones prismáticos de Mies- la arquitectura moderna renunciaba a la parte que podía aporta mayor expresividad. La exploración de formas más vivas, enérgicas y escultóricas se manifiesta en obras como el Kresge Auditorium en MIT (1954) y el estadio de Hockey en la Universidad de Yale, New Haven(1956-1959), ambos de Eero Saarinen; la capilla de Ronchamp de Le Corbusier (1950-1955); la ópera de Sidney de Jorn Utzon (1957-1974), o el Auditorio de Hugh Stubbins para la Exposición Internacional de la Feria de Berlín (1957).
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