Págs. 267 – 303.“La arquitectura del nazismo”.
En 1934, Speer recibió el primer encargo importante cuando se le ordenó sustituir la tribuna temporal levantada para las celebraciones del partido en Nurembergpor otra permanente y monumental. Al año siguiente, Speer realizó el plan general del enorme conjunto de edificios y avenidas del Reichparteitagsgelände escenario de la celebración de los congresos nacionales del partido nazi, que incluía la nueva tribuna (Zeppelinfeld, 1934), y que obtuvo el Gran Premio de la Exposición Universal de París de 1937.
De todos los edificios proyectados por Speer el mas interesante fue sin duda el propio Zepperlinfeld, que muestra de manera nítida su asimilación espontánea de los principios de planta libre. El mismo Speer describía el proyecto así:
“Una gran escalinata, realzada y rematada por una larga columnata que se alzaría en la parte superior, y flanqueada por sendos cuerpos de piedra que la cerrarían por ambos lados. No hay duda de que el diseño se hallaba influido por el Altar de Pérgamo. Para que la indispensable tribuna de honor no desentonara en el conjunto, traté de colocar de la manera más discreta posible en el centro de la escalinata. […] La gran obra de piedra tenia una longitud de 390 metros y una altura de 24. Era casi el doble de larga que las termas de Caracalla en Roma, que medían 180 metros menos”.
El Zepperlinfeld puede entenderse como una variación sobre el Altar de Pérgamo (el monumento clásico mas importante conservado en los museos de Berlín) y también como una stoa traducida a lenguaje moderno a partir de la larga columnata del Altes Museum de Schinkel. Sin embargo, hay en este proyecto muchos elementos genuinamente modernos que habitualmente se pasan por alto. El conjunto se presentaba como un gran espacio vacío y abierto de 290 x 312 metros, una superficie plana destinada a la circulación escenográfica de masas y desfiles, circundado por construcciones bajas y horizontales que no la encierran del todo. La tribuna principal se inspira en el racionalismo de Schinkel, pero algunos recursos competitivos pertenecen a la gramática del siglo xx, como la forma en que Speer utiliza largos componentes lisos sin decorar, la larga galería definida como una sucesión regular de rectángulos, los cuerpos ortogonales igualmente lisos que cierran los laterales y el carácter abierto de todos los espacios, interconectados exclusivamente por perspectivas visuales siempre cambiantes.
Los otros tres lados del Zepperlinfeld estaban constituidos por rampas de tierra que parecían surgir del paisaje y que se alternaban regularmente con 34 torres pétreas como paralelepípedos colocados de pie; estás torres de cubierta plana sostenía cada una seis astas para banderas, y estas ultimas constituían en los momentos ceremoniales un gran plano continuo y ondeante que delimitaba las paredes blandas y rojas que encerraban estos tres costados, de una manera sorprendentemente similar al uso de las telas rojas que Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reichhabían desarrollado en proyectos interiores en los años 1920, como el ‘Café de terciopelo y seda’.
La existencia de planos blandos, homogéneos y continuos que indican el carácter abstracto y dúctil del espacio ( o-si se prefiere- su naturaleza psicológica o perceptiva) fue llevada al extremo por Speer en la Lichterdom (‘Catedral de Luz’),una idea desarrollada para el congreso del partido nazi de 1937 y que parece superar la mas audaces fantasías vanguardistas del Novembergruppe. Se trataba de una construcción gigante e inmaterial generada por los haces de luz de 130 fletero antiaéreos que se colocaron a intervalos regulares en el perímetro del Zepperlinfeld:" El conjunto daba la impresión de un espacio gigantesco en el que los distintos haces parecían tremendos pilares de unos muros exteriores infinitamente altos. Una nube surcaba de vez en cuando la corona de luz y añadía un elemento surrealista al grandioso efecto. Creo que aquella ‘Catedral de luz’ constituyó la primera muestra de arquitectura luminosa. Para mí sigue siendo no solamente mi obra mas bella, sino también la única de mis creaciones espaciales que, a su manera, ha logrado sobrevivir al paso del tiempo. "
La ‘Catedral de luz’ no sólo entusiasmó a Hitler, sino también a los diplomáticos y periodistas extranjeros (el embajador brillanico Neville Hendersonquedó sobrecogido por la belleza del espectáculo, que consideró una <>), e incluso a críticos favorables a la arquitectura moderna (como Wolfgang Lotz). La ‘Catedral de la luz’ era une espacio al mismo tiempo real e imaginario, abierto y cerrado, tecnológico y metafórico; cuesta pensar en un ejemplo mas acabado de demostración practica de las ideas modernas acerca del espacio, su sustancia fluida y su manipulación libre y deliberada por parte del artista.
Por lo demás, los elementos clásicos y monumentales, en el sentido tradicional, del Zepperlinfeld (pedestales, fajas, pilastras, etcétera) están tratados con gran conciencia estructural ; nunca pueden verse como simple añadidos al juego de los volúmenes, sino que están diseñados para reforzar la claridad geométrica del conjunto; las molduras y las pilastras son elementos que trabajan. En este aspecto, el Zepperlinfeld se inserta plenamente en el racionalismo clásico de Schinkel, del que ofrece una versión depurada y propia del siglo XX.
Lo que hace totalitario este edificio es la hipóstasis de la herencia clásica con las abstracciones de la modernidad. Son las aportaciones modernas las que separan el Zepperlinfeld de Babilonia o Teotihuacán. La arquitectura de Speer es inconcebible sin la presencia del espectador y el oficiante, pues no se representa a sí misma, ni está dedicada a los dioses, sino que forma parte del engranaje nazi de la movilización continua de las masas. Los efectos infinitos de perspectiva, los paramentos parlantes, la graduación calculada del ritmo para aumentar la escala y el carácter fermentado e indicativo de las formas son, todos ellos, elementos claramente modernos que aparecen fundidos con los ‘antiguos’ en los edificios de Albert Speer.
En su libro Reactionary modernism (1984), Jeffrey Herfexplicaba la naturaleza de esta síntesis genuinamente moderna de vanguardia y tradición: "La modernidad no era sólo un movimiento de la izquierda o la derecha política […] Desde Nietzsche hasta Jünger y luego Goebbels, el credo moderno se basa en el triunfo del espíritu y la voluntad sobre la razón, y la fusión subsecuente de esta voluntad con un modo estético. […] Cuando los modernos se ocupan de la política, buscaban dedicación, compromiso y autenticidad, experiencias que los fascistas y nazis promesan proveer. Cuando los modernos reaccionarios analizaban los trenes como materializaciones de la voluntad de poder o veían el espíritu racial expresado en lasAutobahnen (‘autopistas’) estaban popularizando lo que había sido el como cerrado de una vanguardia cultural".