Págs.287-303.La continuidad de las antiguas tradiciones”
Los rascacielos de Nueva York en la década de 1920 son una prueba de que los esquemas de la composición beaux-arts se prolongaron hasta bien entrados los años de entreguerras en los Estados Unidos, incluso prescindiendo de toda la vestimenta del clasicismo. Al igual que el edificio Chrysler representaba un intento de crear una imaginería popular para la arquitectura comercial moderna, el Capitolio del estado de Nebraska en Lincoln (1921–1932), proyectado por Bertram Goodhue, suponía un esfuerzo por forjar un lenguaje populista y democrático de la monumentalidad estatal en el contexto provincial norteamericano. La torre central, con su cúpula dorada y sus abstractos fustes verticales, podía verse desde kilómetros a la redonda por encima del paisaje llano, y, en cuanto al estilo, era un híbrido entre una especie de verticalidad cristalina sugerida por Sullivan y (más tarde) Saarinen, y algo del aparato genérico para la representación del estado. El conjunto se trazó con una planta beaux-arts simétrica y jerárquica, mientras que la iconografia de los detalles pretendía evocar temas locales relacionados con la agricultura de las praderas.