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 La idea de crear un Museo de Arquitectura en Alemania que albergase los modelos más significativos de la arquitectura nacional, ya estaba presente en los años anteriores a la I Guerra Mundial, pero ésta no se pudo convertir en realidad, con una idea diferente hasta 1979. El Museo Alemán de Arquitectura se encuentra en una villa de finales del siglo XIX, que se reahabilitó para su nuevo uso en la década de 1980 por el arquitecto Oswald Mathias Ungers. Él se encargó de transformar dicho edificio en el museo actual. Este edificio que cuenta con una fachada adornada por columnas jónicas que miran hacia el río Main, fue totalmente modificadopero sin perder el estilo neoclásico que tenía, ya que se restauró y vació por dentro para colocar “un edificio dentro de un edificio”.


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En su interior, el nuevo núcleo del edificio de 5x5 metros se extiende hacia la parte superior por medio de 4 pilares, estando  encerrado en sí mismo, es decir, la fachada existente del 1912 queda intacta y guarda en su interior un núcleo, siendo este el centro del museo. Los 4 pilares sostienen en la parte superior un techo protector, aludiendo a la sencilla idea de que, bajo un techo, quien sea encontrará la seguridad necesaria. Alrededor de dicho núcleo, se disponen los accesos, corredores y zonas de servicio que crean un espacio entre la fachada original y los 4 pilares. Al sur, quedan los patios, una zona también modulada como todo su interior utilizada como zona de descanso y expansión. “El edificio dentro del edificio” queda protegido del exterior, los accesos, corredores y patios que lo conforman crean una ciudad en miniatura alejada del ruido del tráfico de las calles. 


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TRACHTENBERG & HYMANN. Arquitectura. De la Prehistoria a la Postmodernidad.


págs.705-706. Ningún encargo podría ser más apropiado para el Segundo Modernismo que el nuevo Museo de Arquitectura, fundado por el historiador del arte alemán Heinrich Klotz en Frankfurt-am-main, ni se podría haber encontrado una solución más adecuada para el proyecto que el edificio erigido en 1981-84 por O.M. Ungers. En él, el prototipo estratificado de la "casa en una casa" de Moore está fundido con las "ruinas envueltas" de Kahn. Para crear el Museo, Ungers destruyó el interior de una villa urbana de arenisca del siglo XIX, cuyos muros se convirtieron en las "ruinas" conservadas, dentro de las que se construyó en el cento una "casa" nueva, mucho más estrecha debajo de un techo con tragaluz, con un tercer "caparazón" nuevo intermedio que estaba cerca de los antiguos muros. Los tres caparazones encierran una variedad de plantas, balcones y tabiques para crear una configuración de espacios de exposición y servicio, estando fragmentariamente visible la "casa" nueva en casi todas partes. Esta vívida interacción del presente y pasado arquitectónico se completa con el "envoltorio" de las mismas "ruinas" decimonónicas en el nivel de la calle por medio de corredores con techo de cristal y un elaborado patio ajardinado en la parte trasera. Detrás de este patio una hilera de cubículos discretos encierran una línea de árboles antiguos, de manera que el concepto "arquitectura" logrado por el museo se ensancha para incluir su entorno natural.


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CURTIS William. J. La arquitectura moderna desde 1900. Edit. Phaidon. Hong Kong, 2006.  


Págs.617-633 El neorracionalismo quería evitar tanto la vaciedad del funcionalismo como el ‘remedio’ superficial del tradicionalismo instantáneo, volviendo a poner en contacto la arquitectura moderna con la memoria histórica mediante un tipo de abstracción evocadora. Cuando el proyectista tenía suficiente intensidad y control, los resultados podían ser poderosos, pero la simplicidad también podía acabar siendo diagramática y vacía de significación. En AlemaniaOswald Mathias Ungersproyectó el Museo de Arquitectura de Frankfurt (1983) con la bendición general del neorracionalismo, trabajando con el tema de unos edificios dentro de otros, módulos rectangulares a varias escalas y alusiones a elementos ‘básicos’ como el templo, el círculo y la cabaña. Sin embargo, las viviendas IBA de Berlín (a la que Rossi, Ungers, los Krier y Kleihues hicieron sus aportaciones) no siempre cumplió la promesa de un nuevo urbanismo basado en tipologías tradicionales como la calle, la fachada, la entrada destacada, el muro y la ventana. La ciudad desgarrada quedó suturada, pero muchos de los edificios individuales eran banales y formularios.


 

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