Inprimatu

MONTANER J.M. MUXI Z., Arquitectura y política.Gustavo Gili. Barcelona, 2011.


Págs. 27-78. “Historias”


Las ideas de Bataille fueron premonitorias e iniciaron una corriente crítica visceral a los excesos de la arquitectura y el urbanismo como instrumentos de dominio y control; todo poder se ejerce arquitectónicamente. Esta tradición crítica contra la obsesión racionalista de controlarlo todo, ha sido desarrollado de maneras muy diversas  por autores como Michel de Certeau, Michel Foucault, Richard Sennet y Manuel Delgado; en pocos años el aviso de Bataille se cumplió, como una horrible pesadilla, en las arquitecturas totalitarias de Hitler y de la Unión Soviética de Joseph Stalin.


En definitiva, las aportaciones críticas desde áreas de conocimiento no arquitectónicas – como la soiología, la filosofía, la antropología o el arte – permiten desvelar el papel que la arquitectura ha cumplido como instrumento del poder. Para el correcto ejercicio de la arquitectura, esta conciencia del poder del espacio como elemento de dominio y control debe servir para replantear los significados y las relaciones que se producen sin por ello renunciar como técnicos a pensar espacios donde puedan darse los conflictos y sean posibles otras relaciones.


 


Págs. 197- 246.“Alternativas”


En relación con todo ello, el antropólogo Manuel Delgado ha planteado la alternativa de una acción crítica, del artista y del intelectual, como doble agente, que para sobrevivir tiene que colaborar, de alguna manera, con las instituciones, pero que es consciente, a la vez, de la intención que el poder tiene, mediante el uso de los medios de comunicación y de las manifestaciones culturales, de seguir enmascarando, manipulando y camuflando.


Por tanto, la construcción de dicha cultura crítica es un objetivo prioritario. ¿Cuál puede ser el papel crítico de todas aquellas personas -escritores, profesores, técnicos, artistas, artesanos etc.- que tienen acceso a la esfera del poder democrático y representativo, y perciben la desconexión de estas instituciones en relación con la experiencia de la sociedad real; el activismo de los barrios, los distintos tipos de asosiacionismo, los grupos auto-organizados para atender a los marginados, los grupos alternativos de artistas, y todo tipo de propuestas críticas en el trabajo, la enseñanza y la sanidad? ¿Es posible que este papel lo desarrollen quienes disfrutan de cierta confianza de algunas instituciones o tienen posibilidades de intervención en la opinión pública y, al mismo tiempo, son capaces de defender honestamente las aspiraciones de la ciudadanía, de adoptar una actitud ética y justa frente a los conflictos, defendiendo al débil y reclamando justicia? ¿Qué márgenes tiene para hacer una tarea pedagógica a la ciudadanía a partir de sus conocimientos técnicos y proyectuales? ¿Cómo abrir espacios más allá de la marginalidad, del voluntarismo y del testimonialismo? Todas estas preguntas resultan claves para una arquitectura con voluntad ética, pues la esencia de la arquitectura es la mediación, el proyecto del futuro que concilie los objetivos y las posibilidades de las Administraciones con las necesidades y aspiraciones de la sociedad.


Para poder defender y enriquecer unas culturas de la experiencia frente a la imposición de la cultura del espectáculo es necesario organizar y coordinar las muy diversas críticas y reivindicaciones, dispersas ahora en multitud de acciones y de textos, de iniciativas y alternativas, de resistencias y disidencias, de webs y blogs, llevada adelante por personas de muy distintas generaciones y experiencias.


Es por ello que este libro plantea este estado de la cuestión: ¿cómo analizar la realidad y proponer mundos alternativos? Tal y como se ha enfatizado, la cultura de los conocimientos ligados al proyecto y al diseño es muy importante por su capacidad de proyectar alternativas y por la posibilidad de mediación, de actuar como agentes que favorecen la comunicabilidad entre distintas partes de la sociedad. Además de la capacidad de proyectar, la arquitectura y el urbanismo tienen un papel específico para contribuir a la formación de un espacio comunicativo y compartible de cultura y crítica, unos entornos que favorezcan la interrelación y la capacitación, que hagan posible la comunicación y las relaciones intersubjetivas. Todo ello es imprescindible para acercar la sociedad a las instituciones democráticas, y la arquitectura, que imagina, proyecta y realiza espacios, tiene muchas posibilidades y responsabilidades.


---


 


 

Igo