Pág.111-117 “La Deutsche Werkbund, 1898 - 1927”
Su tesis general (de Semper) de la influencia sociopolítica en el estilo fue mal interpretada hasta después de la intensa expansión industrial que tuvo lugar en Alemania durante el último cuarto del siglo. En la Exposición del Centenario de Filadelfia, en 1876, los productos de la industria y las artes aplicadas alemanas se consideraban inferiores a los procedentes de Inglaterra y Norteamérica. Franz Reuleaux -un ingeniero mecánico que por entonces llevaba diez años siendo colega de Semper en la Eidgenössische Technische Hochschuke de Zúrich- escribiía desde Filadelfia en 1877 que los productos alemanes eran “baratos y desagradables”. «La industria alemana debe renunciar al principio de competir tan sólo en el precio» y usar en cambio «la fuerza intelectual y la habilidad del trabajador para depurar el producto, y todo ello en mayor medida cuanto más se aproxima al arte.»
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Págs. 341-426.“ La evolución norteamericana”
Europa observa la producción norteamericana
Un cuarto de siglo más tarde, en la Feria Mundial de Filadelfia de 1876, los observadores europeos se dividieron en dos bandos. Los que esperaban hallar las modas europeas en las piezas norteamericanas quedaron decepcionados. Como decía Jakob von Falke no encontraron <>: Ciertos objetos de uso cotidiano que, según Falke, deberían estar ricamente decorados -los relojes de pared, por ejemplo- revelaban <>.
En este caso, un observador europeo condenaba la característica que conferiría al arte industrial norteamericano su individualidad y significación para el futuro: la sencillez
Por otro lado, los observadores que no juzgaron en función de criterios preconcebidos quedaron impresionados por <>. Franz Reuleaux -el conocido científico que encabezaban la delegación alemana enviada a la exposición- lo comentaba en sus ‘Cartas desde Filadelfia’ de 1876: <
El Victoria & Albert Museum en South Kensington, Londres, ha conservado el catálogo de una forma de ferretería de Chicago de la década de 1870.Las formas precisas y sensibles de las herramientas ilustradas en él muestran por qué los europeos estaban asombrados con respecto a ellas. Artículos tales como el ‘martillo de maquinista’ y la cerradura Yale ni siquiera se introdujeron en Europa hasta una fecha relativamente reciente.