Págs. 159-180. Otra obra de Chillida, el Elogio del horizonte, en un punto límite donde Gijón mira hacia el mar, manifiesta la recreación de valores esenciales de la existencia humana y toma como puntos de referencia modelos como Stonehenge o los templos dóricos. Una especie de pórtico circular, que se refiere a la forma de la cabeza humana como foco de percepciones, sirve de mirador hacia el horizonte. De esta manera el cuerpo del espectador experimenta la idea de totalidad de la naturaleza, la concepción del horizonte como coordenada del conocimiento. El horizonte se vive como una experiencia vital, como anticipación de vivencias, como marco colectivo. Tal como sucedía en la sociedad griega o en la Ilustración, se vuelve a confiar en el poder renovador y rememorado del arte y belleza, en su capacidad para crear civilidad y urbanidad.
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págs.25-58 “Espacio y antiespacio. Lugar y no lugar en la arquitectura moderna”
La casa de Curzio Malaparte desvela una relación ideal con el universo que décadas más tarde recrearán obras escultóricas de Eduardo Chillida como el Peine del viento en San Sebastián o el Elogio del horizonte en Gijón. Parafraseando a Martin Heidegger podemos establecer que intervenciones como la de Malaparte en las rocas de Punta Massullo o la de Chillida en la costa de San Sebastián convierten un "sitio" indeterminado en un "lugar" irrepetible y singular. Se han convertido en paisajes que deben su imagen característica a la arquitectura y a la escultura.