El autor que mejor ha teorizado y consolidado la cultura del fragmento (con influencias de Peter Eisemnan, ingredientes de la crítica radical y referencias de la cultura por y de Robert Venturi) ha sido Rem Koolhaas(1944). El grupo OMA(Office for Metropolitan Architecture) fundado por Koolhaaas junto aMadelón Vriesendorp, Elia y Zoe Zengheis, planteó unos primeros proyectos como Exodus o los prisioneros voluntarios de la arquitectura (1971), manifiesto en el que la participación esquizofrénica del Berlín dividido por el muro se traslada a un Londres contemporáneo, segmentado en diez áreas distintas, entre las que se encuentran las dedicadas a los placeres y fantasías eróticas de los baños, la universidad, con hospital y escuela; las arenas de los gladiadores y de las agresiones; el parque de los cuatro elementos; la plaza de las musas, que muestra nuestra evolución de las creaciones artísticas; y el complejo, de investigación científica. Un proyecto manifiesto, en definitiva, que señala el inicio de una cultura de la fragmentación y la dispersión que iba a volverse seductora y prolífica.
Toda la actividad creativa de Koolhaas ha ido en paralelo a su gran capacidad de conceptualización, empezando por la teoría del “manhattanismo”, la defensa de la verticalidad y congestión que aparece en su libro Delirio de Nueva York, que recopila una serie de imágenes y una colección de textos breves y fragmentarios. En sus posteriores escritos, que siguen argumentando a favor del collage de todo tipo de fragmentos, las ideas de Koolhaas han evolucionado paulatinamente del modelo de Nueva York, pasando por ciudades norteamericanas como Dallas o Houston, hasta la ciudad genérica asiática o la ciudad caótica como Lagos. Según Koolhaas, la “ciudad genérica” que él ha detectado y que defiende, no tiene historia, surge de la tábula rasa y debe renovarse continuamente; es multirracial y multicultural; está formada esencialmente por rascacielos y por una “corteza de casuchas improvidadas”; en ella domina el estilo posmoderno, ya que es de “estilo libre”; depende de regímenes más o menos autoritarios y en ella “la presencia de la historia tan sólo debilita su rendimiento”.
En sus ideas, Koolhaas mantiene una visión inspirada en Robert Venturiy Denise Scott Brown de tomar como referencia la realidad, aunque esta no responda a cánones preestablecidos y aceptados de belleza, y por tanto, parezca negativa y vulgar; su influencia viene también de Peter Eisenman, quien cuestiona sistemáticamente cualquier certeza del lugar.
Esta condición fragmentaria y dispersa de la ciudad contemporánea se expresa en diversas teorías urbanas, con en el fenómeno de las edges cities (ciudades límite), identificado por Joel Garreau. Ha sido el cine sin embargo, el que mejor ha expresado, en películas como Un día de furia(1992) de Joel Schumacher, o como El show de Truman(1998) de Peter Weir. Esta esencia fragmentaria de nuestra ciudad contemporánea fue recreada en Blade runner(1982) de Ridley Scott, que plantea un escenario metropolitano de ficción. Los Angeles en el 2019, construido por la superposición de diversas ciudades; la trama densa de la ciudad europea, la corona luminosa de ciudades de signos como Tokio y Osaka, y la emergencia de la ciudad de los rascacielos, como Los Ángeles y Nueva Yok. Y también el Cielo sobre Berlín(1987) de Wim Wenders, que plantea la fragilidad de la memoria colectiva en la ciudad contemporánea, en este caso Berlín, que irremediablemente se va fragmentando en periferias.