Págs. 351-369“Las críticas totalitarias al Movimiento Moderno”
A mediados de 1930 el Instituto Financiero Marx-Engels-Lenin-Stalin de Tibilisi fue proyectado por Alexei Schusev con gigantescas columnas corintias en la fachada. Era como si el gran estilo del zar hubiese vuelto, aunque en un tono populista. Los paralelismos entre los ideales democráticos marxistas y griegos relativos al estado quedaban incluidos en el lema “columnas para el pueblo”, pero las alusiones imperialista obvias. En realidad, existía cierta convergencia entre las posiciones nazis y las soviéticas; en ambos casos la vanguardia se observaba con recelo, mientras que la continuidad se buscaba con unos marcos de referencia prerrevolucionarios. El resultado solía ser un tradicionalismo banal. Había también algunos puntos similares en las actitudes respecto a la vivienda y el urbanismo. Al igual que en Alemania, la cubierta inclinada se recomendaba por razones climáticas y porque supuestamente estaban más próxima a las aspiraciones 'populares'. Aquellos urbanistas de vanguardia que habían dejado Alemania por Rusia a finales de los años 1920 para construir la arquitectura de la revolución mundial para la nueva sociedad (como Ernst May) quedaron varados, a mediados de los años 1930, entre dos mareas reaccionarias. Pero el anuncio ya llevaba hecho algún tiempo, como deja claro esta declaración oficial soviética de 1930:
“Es imposible superar de repente obstáculos que tienen siglos, que son fruto del atraso cultural y económico de la sociedad. Pero éste es el sistema implícito en esos planes irrealizables y utópicos para la construcción, a expensas del Estado, de nuevas ciudades basadas en la colectivización total de la vida, incluyendo el abastecimiento colectivo, el cuidado colectivo de los niños y la prohibición de las cocinas privadas. La realización precipitada de tales proyectos, utópicos y doctrinarios, que no tienen en cuenta los recursos materiales de nuestro país ni los límites dentro de los cuales el pueblo, con sus costumbres y preferencias ya establecidas, puede prepararse para ellos, podría dar fácilmente como resultado unas considerables pérdidas y podría también desacreditar los principios básicos de la reconstrucción socialista de la sociedad.”
Era como si el gran estilo del Zar hubiese vuelto, aunque en un tono más populista. Los paralelismos entre los ideales democráticos marxistas y griegos relativos al estado que daban incluidos en el lema 'columnas para el pueblo'.