Pero esos emblemas nazis tenían en sí cierta cualidad de gesto vacío pese a toda su enormidad; eran un caso clásico de lo que Giedion llamaba «la devaluación de los símbolos».En paralelo con los monumentos cívicos, los nazis también patrocinaron proyectos domésticos y rurales en la década de 1930. Los temas recurrentes de la destreza atlética y la pureza rústica se cultivaban en edificios deliberadamente 'regionalistas'. La vieja sospecha de que los centros urbanos eran infames caldos de cultivo del 'desarraigo', el 'cosmopolitismo' y otros pecados antinacionalistas pudo encontrar aquí su válvula de escape. Ya se ha señalado anteriormente que la cubierta plana en particular provocaba la hostilidad de ciertos críticos de derechas como prueba de la influencia foránea; en consecuencia, el tipo, la figura y los materiales de las cubiertas inclinadas se consideraban signos primordiales de la fidelidad de un edificio a las tradiciones vernáculas de una región determinada. El proyecto de Karl Vesser para un albergue juvenil nazi en Urfeld (1935) empleaba los aleros y balcones volados de las casas rurales bávaras del lugar y se levantaba sobre un basamento de piedra de un carácter vagamente marcial; el pabellón de caza de Goering era una evocación teatral de recuerdos teutónicos completamente opuestos al 'mundo feliz' y a la imaginería maquinista de la nueva arquitectura. El regionalismo nazi no era un genuino estilo vernáculo, sino una sofisticada e intencionada rusticidad arts and crafts pensada para inundar las ciudades y las periferias suburbanas. Se suponía que su imagen sugeriría la conservación de la patria y la comunidad local, en contraposición a los 'disturbios' de la metrópolis moderna y los enconados sinsabores provocados por la rápida industrialización y (por supuesto) por las peligrosas' ideas foráneas. El Heimatstil ("estilo patrio') iba a fomentar las relaciones sociales abiertas y saludables, y la conformidad con las doctrinas estatales prevalecientes. Incluso los edificios de telefonía, las centrales generadoras de electricidad y otras construcciones utilitarias podían equiparse con un apropiado alero de paja para conservar el sentido de la continuidad regional. Si bien el poderío nazi se basaba en gran medida en la mecanización rápida y en la creación de eficaces fábricas, autopistas e industrias de municiones y en un moderno aparato militar y estatal, la 'estética fabril' no tenía cabida en la esfera doméstica. Su intromisión en la vivienda se veía no solamente como una quiebra del decoro, sino también como una siniestra dislocación de la integridad familiar por parte de fuerzas hostiles y materialistas. A este respecto, es significativo que Hitler insistiese mucho en el hecho de que en la construcción de una de sus residencias sólo se emplearon técnicas artesanales. Esto resulta aún más irónico dado el hincapié que la mayoría de los arquitectos del movimiento moderno habían hecho en la supuesta 'espiritualidad' de sus sencillas formas abstractas. También ellos habían tratado de trascender el materialismo.