Págs. 351-369“Las críticas totalitarias al Movimiento Moderno”
Así pues, puede que no fuese simple diplomacia que el 'Gruppo 7' (un colectivo con inclinaciones modernas que se presentó en 1926) afirmase que ellos no abogaban por una ruptura con la tradición: Entre nosotros existe ese sustrato clásico; y el espíritu de la tradición -no las formas, que son cosas bien distintas- es tan profundo en Italia que de manera evidente y casi mecánica, la nueva arquitectura no podrá dejar de conservar una típica huella nacional. Y esto es ya una gran fuerza, pues la tradición-como hemos dicho- no desaparece, sino que cambia de apariencia. Los componentes de este grupo eran Luigi Figini, Guido Frette, Sebastiano Larco, Gino Pollini, Carlo Enrico Rava, Giuseppe Terragni y Ubaldo Castagnoli (éste último sustituido más tarde por Adalberto Libera); y así declaraban su intención de fundar una architettura nazionale: “La nueva arquitectura debe ser el resultado de una estrecha adecuación a la lógica, a la racionalidad. No pretendemos, en absoluto, crear un Run estile, pero a través del empleo constante de la racionalidad, de la perfecta coherencia del edificio son los fines propuestos, estamos seguros de lograr, precisamente por selección, el estilo”. No obstante, en una exposición celebrada en 1928, el grupo mostró la variedad de su interés por la reciente arquitectura moderna internacional. El proyecto de Figini y Pollini para una Casa di dopolavoro' (un club de obreros) tenía notables afinidades constructivistas, mientras que la Oficina para la producción del gas', de Terragni, era una ecléctica mezcla de influencias rusas, alemanas y francesas. Con algunas reminiscencias de Sant'Elia y un manifiesto interés por la expresión de las formas industriales. Aunque los dibujos de la Città Nuova' de Sant'Elia (1912-1914), algunas inventivas propuestas de Mario Chiattone y edificios industriales tan destacados como la fábrica Fiat de Giacomo Matte Trucco (1923, con su pista de pruebas en la cubierta), eran anteriores a la exposición de 1928, hasta esta fecha no se pudo hablar de nada parecido a un movimiento moderno consolidado en Italia. No es de extrañar que fuese en las ciudades del norte (Milán y Turín en particular) donde la arquitectura moderna echase raíces, pues allí una clientela tecno critica apreciaba en las nuevas formas cierto reflejo de sus propias aspiraciones, La 'Casa de la electricidad' en Monza (1930), de Figini y Pollini, es un excelente ejemplo del buen gusto y la casi excesiva elegancia de la arquitectura moderna de este periodo; por su parte, la propia casa de Figini (1934) era una rigurosa adaptación del vocabulario de Le Corbusier. En Roma había una presión mayor en favor de las referencias clásicas, pero la Academia de Esgrima (1934-1936), de Luigi Moretti, con sus muros planos chapados en piedra y los travesaños y planos horizontales, mostraba que era posible crear una arquitectura honorifica sin referencias obvias a la tradición, sino simplemente mediante los materiales y las relaciones abstractas. El proyecto de Giovanni Michelucci para la estación ferroviaria de Florencia (1934-1936) era una prueba de la presencia de la arquitectura moderna en el campo de los encargos públicos importantes, mientras que entre 1934 y 1937 el patronazgo ilustrado de Adriano Olivetti (director de la empresa de máquinas de oficina) permitió la creación en lvrea de todo un centro (proyectado por Figini y Pollini) en el que los edificios industriales, los productos y las viviendas estaban concebidos como una forma integral.