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Clérigo y erudito británico de gran trascendencia en la economía política y demografía, es célebre por su libro  Ensayo sobre el principio de la población de 1798, en el que mantiene la idea de que la población crece más rápidamente que los recursos, conduciendola  a una progresiva pobreza. Malthus afirmaba que la población se duplicaba cada 25 años, es decir, crecía en progresión geométrica, presentando un crecimiento exponencial. Por otra parte Malthus supuso que los medios de subsistencia, en el mejor de los casos, aumentan en progresión aritmética, es decir, presentan un crecimiento lineal.


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FUSCO Renato de ., Historia de la arquitectura Contemporánea. Ed. Celeste. Madrid,1992. 


Págs.11-64... "“El Eclecticismo Historicista”.


Introducción del nacimiento del capitalismo y su repercusión en las ciudades, que tiene como resultado la revolución industrial y desarrollo de las nuevas ciudades. Y que por tanto da a lugar a una nueva manera de construir y ordenar el territorio."


Pasando de estas notas generales e informativas al examen más directo de las condiciones que presidieron el nacimiento de la arquitectura y de la urbanística modernas, es necesario hacer alusión a la situación de Inglaterra, es decir, de la nación que primero vivió la experiencia de la civilización industrial. La primera manifestación de este cambio cultural y antropológico se verifica paralelamente a la acción conjunta y relacionada de la revolución demográfica y de la revolución industrial. Desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta 1830, período que se considera que corresponde precisamente a la revolución industrial, debido a las innovaciones tecnológicas y al nuevo orden económico, se calcula que la población inglesa pasó de seis millones y medio a catorce millones de habitantes. Las causas de este incremento fueron de orden alimenticio, higiénico y edificatorio; están ligadas a los progresos de la medicina y de la asistencia sanitaria, a las instalaciones para el tratamiento y saneamiento de las aguas, a los aspectos positivos (entre los muchos negativos) del proceso de industrialización. Al incremento. demográfico se asocia una distribución diferente de los habitantes sobre el territorio, vinculada a la utilización en el campo productivo de algunas innovaciones tecnológicas.


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BENEVOLO, L., Historia de la arquitectura moderna. Edit. Gustavo Gili. Barcelona, 1987.


Págs.14-60. 1ªPARTE. LA FORMACIÓN DE LA CIUDAD INDUSTRIAL. “La Revolución Industrial y la arquitectura (1760-1830)”


...Los liberales, seguidores de Smith, y los radicales, inspirados en Malthus, comprenden que están viviendo en una época de transformaciones y postulan la reforma de la sociedad existente, aunque concibiendo esta reforma como reconocimiento de las leyes inscritas en la evolución de la sociedad y remoción de los obstáculos tradicionales que se oponen a ella.


En 1776, Adam Smith publica su Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Da forma científica e incuestionable a la teoría liberal, y persuade a sus coetáneos de que el mundo de la economía está regido por leyes objetivas e impersonales, tal y como el mundo de la naturaleza; la libre actividad de los individuos movidos por el propio afán, y no las exigencias del Estado, constituye el fundamento principal de tales leyes.


 Importancia casi similar para determinar la actitud práctica de los protagonistas de la revolución industrial tiene el Essay on the Principle of Population, de Thomas Malthus, aparecido en 1798. Malthus, por primera vez, establece una relación entre el problema del desarrollo económico y el de la población, y demuestra que tan sólo la pobreza de un cierto número de individuos mantiene en equilibrio ambos factores, pues el aumento natural de la población es más rápido que el incremento de los medios de subsistencia, y sólo encuentra límite en el hambre, que impide su ulterior multiplicación.


Tanto Smith como Malthus, y particularmente el primero, reconocen dudas y admiten múltiples excepciones a sus teorías. Pero el público las interpreta con bastante mayor rigidez; muchos liberales piensan que el Estado no debe participar de ningún modo en las relaciones económicas y que es suficiente con dejar que cada uno se ocupe libremente de sus intereses, para velar también por el interés público del modo mejor, muchos consideran que Malthus había demostrado la imposibilidad de abolir la miseria, y la inutilidad de todo intento filantrópico en favor de las clases menos favorecidas.


Estas ideas concuerdan con los intereses de las clases ricas, que detentan el poder político y son, por ello, tan convincentes para los gobernantes, pero la explicación política no es suficiente para dar razón de su influencia. Es creencia común, admitida sin excepciones, que el todo no supone un problema distinto al de la suma de sus partes y que basta con ocuparse de un elemento único. -la iniciativa particular, la invención particular, la ganancia particular, etc. -  para que el conjunto resulte automáticamente equilibrado. Se piensa que el camino lleva hacia un equilibrio «natural» de la economía y de la sociedad, identificable a priori por el análisis de sus elementos, a imagen del universo físico newtoniano. Las estructuras de la sociedad tradicional - los privilegios políticos de origen feudal, la organización cooperativa de la economía, las limitaciones políticas a la libertad en los negocios - aparecen como simples obstáculos artificiales y, una vez superados, se piensa poder alcanzar el imaginado equilibrio natural.


Pero ha sido señalado cómo la teoría del idealismo inglés refleja, más bien, el estado de la economía antes de 1760, cuando la industria daba los primeros pasos y cada uno de sus elementos -hombres, capitales, herramientas, etc.-, poseía una elevada fluidez, en tanto que las exigencias de organización eran relativamente tenues. Es decir, la teoría liberal infravalora los aspectos organizativos del mundo que está naciendo de la revolución industrial, y se orienta, más bien, a desmantelar antiguas formas de convivencia, de manera violenta y de un solo golpe en Francia, por evolución insensible en Inglaterra; sólo más tarde aparece clara la necesidad de sustituirlas por nuevas y apropiadas formas de organización.


El tono de las teorías sociales y económicas se mantiene en Francia de forma todavía más abstracta, debido a la abolición de toda vida política espontánea, y del malestar social que hará inevitable, al cabo de poco tiempo, la Gran Revolución.





 


 

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